13/05/2026
Nos han enseñado a hablar del estrés como si fuera únicamente un problema “del cuerpo” o del sistema nervioso.
Pero el estrés no ocurre en el vacío.
También se construye en las exigencias cotidianas, en los vínculos, en la precariedad, en la sobrecarga emocional, en los mandatos de género, en las violencias normalizadas y en la dificultad de encontrar espacios seguros para descansar, sentir o pedir ayuda.
Por eso no basta con decirle a alguien que “respire”, “medite” o “aprenda a calmarse”.
Muchas veces el cuerpo está reaccionando a contextos que han exigido demasiado durante demasiado tiempo.
El estrés es un fenómeno complejo: atraviesa la manera en que pensamos, sentimos, nos relacionamos y habitamos el mundo.
Y especialmente en muchas mujeres, aparece ligado a la presión de sostenerlo todo sin detenerse nunca.
Hablar de regulación emocional no es responsabilizar individualmente a las personas de adaptarse a contextos agotadores.
Es abrir espacios para comprender lo que vivimos, recuperar agencia, construir recursos internos y crear formas más humanas de relacionarnos con nosotras mismas y con nuestro entorno.
Próximamente abriré un taller de regulación emocional y manejo del estrés dirigido a mujeres, desde una mirada crítica, colectiva y profundamente humana. 🤍
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