26/07/2026
El caso del profesor Alberto Israel Jasso Cruz me ha dejado consternada.
Antes que cualquier otra cosa, lamento profundamente su muerte. El suicidio, independientemente de las circunstancias que lo rodeen, deja un fuerte dolor en las familias, amistades y comunidades. Ojalá algún día podamos construir una sociedad donde las personas encuentren ayuda antes de llegar a una decisión tan definitiva.
También quiero expresar algo que considero muy importante: por ningún motivo una adolescente puede ser responsabilizada por la decisión que tomó un adulto. Las personas que denuncian una posible agresión no son responsables de las decisiones posteriores de la persona denunciada. Esa idea no sólo es injusta, sino que puede generar una enorme revictimización y desalentar que otras víctimas se atrevan a hablar.
Si hay responsabilidades que analizar, pienso que debemos mirar también hacia el Estado y la sociedad. Necesitamos investigaciones más prontas, instituciones más eficaces y procesos más transparentes. La lentitud de la justicia afecta a todas las personas involucradas: a quien denuncia, a quien es denunciado y a sus familias.
Como terapeuta familiar he aprendido que muchas personas que viven violencia sexual casi nunca denuncian. Algunas no logran contarlo ni siquiera a su propia familia; hacerlo ante una institución o una autoridad suele ser todavía más difícil. Por eso, cuando existe una denuncia de esta naturaleza, en cualquier ámbito, considero adecuado separar temporalmente de sus funciones a la persona señalada mientras se investiga. No se trata de declarar culpable a nadie, sino de proteger a las posibles víctimas y garantizar una investigación imparcial.
También creo en el derecho humano al debido proceso. Investigar con seriedad significa no condenar anticipadamente, pero tampoco descalificar o minimizar una denuncia.
Existen denuncias falsas, y tampoco deben ignorarse. Sin embargo, la evidencia disponible indica que representan una proporción mucho menor que los casos de violencia sexual que nunca llegan a denunciarse y en los casos que se denuncian, no hay una sentencia favorable para las víctimas en esta sociedad machista y patriarcal.
Por ello, cada caso merece ser investigado con rigor, sin prejuicios y con pleno respeto a los derechos humanos.
Hay otro aspecto que me parece necesario poner sobre la mesa: la manera en que hemos educado socialmente a los hombres para enfrentar el dolor, la vergüenza, el fracaso o el miedo. Seguimos teniendo enormes dificultades para enseñar que pedir ayuda también es un acto de fortaleza. La salud mental y las nuevas formas de construir la masculinidad son conversaciones urgentes.
También quiero ser muy cuidadosa con algo. En mi experiencia profesional he conocido casos en los que personas que ejercieron violencia, al sentirse confrontadas, recurrieron a distintas formas de manipulación emocional para evitar asumir responsabilidades. En algunos casos, incluso, hubo conductas autolesivas o suicidas que tuvieron un impacto profundo en las víctimas y en sus familias. Pero esa experiencia no me permite concluir que eso haya ocurrido en este caso. Sería irresponsable afirmarlo sin evidencia.
Lo que sí me preocupa es la rapidez con la que en redes sociales se construyen certezas. Observo información contradictoria, videos editados, versiones que se mezclan y demasiados vacíos. No tengo elementos para afirmar qué ocurrió realmente y creo que nadie debería hacerlo sin una investigación seria.
No tengo la verdad absoluta.
Solo deseo invitar a la reflexión.
¿Cómo protegemos a niñas, niños y adolescentes? ¿Cómo garantizamos el debido proceso? ¿Cómo construimos instituciones que actúen con rapidez? ¿Cómo dejamos de revictimizar a quienes denuncian? ¿Y cómo aprendemos, como sociedad, a cuidar la salud mental sin convertir el suicidio en un argumento para señalar culpables o inocentes sin fundamento?
Ojalá esta tragedia no nos divida aún más, sino que nos impulse a construir una sociedad más justa, más humana y más comprometida con la protección de los derechos humanos de todas las personas.
Atentamente:
Luciluz