Laboratorio de Neurobiología del Dolor, Cinvestav, Unidad Coapa

Laboratorio de Neurobiología del Dolor, Cinvestav, Unidad Coapa Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Laboratorio de Neurobiología del Dolor, Cinvestav, Unidad Coapa, Médico, Calzada de los Tenorios 235, Granjas-Coapa, Mexico City.

Nuestro grupo examina la neurobiología de los sistemas periféricos y centrales que regulan la transmisión de información sensorial nociceptiva (dolor) en modelos animales de dolor inflamatorio, neuropático y funcional.

𝗦𝗲𝗽𝘁𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗲, 𝗠𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗖𝗼𝗻𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗗𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗖𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼Dra. Nadia L. Caram...
09/09/2026

𝗦𝗲𝗽𝘁𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗲, 𝗠𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗖𝗼𝗻𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗗𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗖𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼

𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼

Dra. Nadia L. Caram Salas

Hace poco me sometí a una resección parcial de ganglios del lado izquierdo del cuello por cáncer papilar de tiroides metastásico. La cirugía salió bien y, en principio, todo parecía estar marchando como se esperaba. Mi oncólogo me indicó ketorolaco para controlar el dolor, ya que soy alérgica al paracetamol. Sin embargo, al tercer día comenzó algo que nunca imaginé que pudiera llegar a experimentar. El dolor fue aumentando hasta convertirse en algo verdaderamente incapacitante. Lo sentía en el hombro izquierdo, en la parte delantera y trasera del cuello, en parte de la espalda, en la cara y hasta en la cabeza. Era un dolor punzante, profundo y cambiante. Por momentos eran piquetes; después, descargas eléctricas, hormigueo, ardor, quemazón o una sensación de adormecimiento que también dolía. Llegó un momento en que apenas podía moverme. No soportaba la ropa sobre mi cuerpo ni siquiera el roce de las sábanas. Y algo que emocionalmente fue todavía más difícil: no podía tolerar los abrazos ni los besos de las personas que amo, especialmente de mis hijos. Eso me partía el corazón. Ellos querían acercarse a mí, abrazarme, besarme y hacerme sentir acompañada, pero mi cuerpo simplemente no podía soportarlo. Me sentía triste y hasta culpable, por que parecía que estaba rechazando su cariño cuando, en realidad, lo único que quería era recibir esos abrazos sin que me dolieran. No era rechazo. No era falta de amor. Era dolor. Le hablé a mi oncólogo y le expliqué lo que estaba viviendo. Le dije que el dolor era insoportable, que no podía moverme y que estaba completamente desesperada. Para mi sorpresa, me respondió que no tenía por qué sentir ese dolor, que estaba estresada, ansiosa y que debía tranquilizarme. Esas palabras me enojaron profundamente. Me hizo sentir que estaba exagerando mi dolor e invalidando mi reporte de éste. Yo sabía lo que estaba sintiendo. Entendía la fisiopatología del dolor y sabía que, después de una cirugía de este tipo, podía existir afectación de estructuras nerviosas y musculares. Durante el procedimiento se había tenido que manipular estructuras del cuello y, posiblemente, algunos nervios y músculos podían haber quedado afectados. Por eso me resultaba todavía más frustrante que todo aquello se redujera al estrés o la ansiedad. Yo podía distinguir perfectamente lo que estaba ocurriendo físicamente en mi cuerpo. Estaba viviendo un dolor intenso, complejo y completamente diferente a cualquier otro que hubiera experimentado. Y en ese momento, lo que necesitaba no era que me dijeran que me tranquilizara. Necesitaba una valoración adecuada de lo que estaba pasando y una solución para aliviar un dolor que ya había sobrepasado por completo mi capacidad de manejarlo.
Una persona con cáncer ya carga con mucho para todavía agregarle la invalidación de su dolor. Hay miedo, incertidumbre, cansancio, cambios en el cuerpo y una enorme carga emocional. Yo ya había pasado por una tiroidectomía aproximadamente un año antes para retirar el cáncer papilar de tiroides y ahora estaba enfrentando una segunda cirugía debido a la presencia de metástasis en los ganglios. No era simplemente “estrés” o “ansiedad”. Era mi cuerpo pidiendo ayuda. Afortunadamente, buscamos la ayuda de una algóloga (médico especializado en el manejo del dolor). Esa decisión cambió completamente mi experiencia. Con el apoyo de esta especialista, recibí un tratamiento para controlar el dolor que incluyó varios medicamentos, entre ellos opioides por vía oral y parches transdérmicos y gabapentinoides y parches de lidocaína. Poco a poco pude volver a levantarme, moverme y hacer algunas de las actividades más sencillas del día a día. El dolor no desapareció por completo, pero la diferencia fue enorme. Aquella sensación de quemazón, las descargas eléctricas, el hormigueo y ese dolor tan intenso dejaron de ser comparables con lo que había vivido al principio. Ahora estoy en otra etapa: disminuyendo los opioides de manera supervisada. Y tampoco está siendo fácil. Han aparecido náuseas, mareos, sudoración, inquietud, malestar y dificultades para dormir. Es otro proceso que estoy atravesando paso a paso y con acompañamiento médico. Comparto esto porque creo que necesitamos hablar más de algo que muchas veces se minimiza: el dolor necesita ser escuchado y creído. Cuando una persona dice que tiene un dolor insoportable, merece que se tome en serio y que se busquen alternativas para aliviarlo. Si los cirujanos no tienen el conocimiento, es imperativo que deriven al paciente con un especialista en dolor. Esta experiencia me enseñó que, cuando el dolor es complejo y el tratamiento inicial no es suficiente, la intervención de un especialista en manejo del dolor puede marcar una diferencia enorme. A quienes atraviesan una experiencia similar, les diría que no normalicen un dolor que sienten que está fuera de control y que busquen ayuda médica cuando el tratamiento indicado no sea suficiente. Y a los profesionales de la salud, especialmente a quienes acompañan a pacientes oncológicos, les pediría algo que parece sencillo, pero puede cambiar la experiencia de una persona en uno de sus momentos más vulnerables: no asumir que el dolor es por estrés. Hay que escuchar al paciente, valorar su dolor y tratarlo. Yo sigo avanzando. Un día a la vez. Con dolor todavía, sí, pero también con más herramientas, más apoyo y con la esperanza de que lo más difícil ya haya quedado atrás.

𝗦𝗲𝗽𝘁𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗲, 𝗠𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗖𝗼𝗻𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗗𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗖𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼𝗘𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗻̃𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘁𝗲́M. en C. María José Escoto ...
07/09/2026

𝗦𝗲𝗽𝘁𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗲, 𝗠𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗖𝗼𝗻𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗗𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗖𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼

𝗘𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗻̃𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗶𝘁𝗲́

M. en C. María José Escoto Rosales

El dolor crónico es como un huésped que no nos agrada. No lo elegimos, pero puede ser parte de nuestra vida, y tenemos que aguantarlo. Imagina que ese personaje está siempre contigo. No importa a dónde vayas, ni si lo quieres ahí o no. Te acompaña desde que despiertas hasta que te vas a dormir. A veces incluso te despierta a media noche. Así visualizo yo a mi dolor crónico. Todo dolor crónico es debilitante, y no sólo para quien lo padece. También para quienes nos cuidan y nos rodean. Hay algo que me duele tanto como el dolor mismo: querer salir con mis amigos, con mi familia, con mi esposo. Quedar en una fecha, y saber que hay un 85% de probabilidad de que ese día el dolor me gane. De que termine acostada en mi cama, pensando en cómo podría estar pasando la tarde con las personas que amo. Sintiendo que les fallo, aunque en realidad esa decisión nunca fue mía. El dolor me la arrebató de las manos. A pesar de lo anterior, el dolor podrá ganar batallas pero no la guerra. En el trabajo, decido mis actividades el mismo día, según cuánto dolor sienta esa mañana. Dedicarme a la investigación me ha dado ese privilegio. Y no es el único: mi familia laboral —porque de verdad somos familia— me acompaña a diario. Ha aprendido a leer mi ánimo, y con eso, cuánto dolor tengo. Siempre hay manos que se ofrecen para lo que implique esfuerzo físico. Sin proponérselo, se volvieron mis cuidadores. Es una bendición que nació de algo negativo, pero que voy a atesorar siempre. El dolor también ha moldeado mi camino científico. En el doctorado he explorado muchas áreas de la neurobiología del dolor. Unas exigen más esfuerzo de espalda que otras. Esa exploración me llevó a elegir en qué especializarme hoy: según lo que me da curiosidad, sí, pero también según lo que mi cuerpo puede sostener. Sé que mi caso no es el de la mayoría. Mucha gente eligió su camino antes de que el dolor llegara, y cuando llegó, los obstaculizó para desarrollar plenamente sus capacidades y disfrutar de lo que les apasiona. Aun así, los humanos somos muy resilientes. La mayoría de las personas con dolor crónico lo soportan, siguen remando aunque el dolor las debilite por dentro. Pero eso tiene un costo diario para nuestra salud física y mental, y ese costo no es insignificante. Hoy, en el mes de la concientización sobre el dolor crónico, quiero reconocer la valentía de quienes vivimos con él. De quienes levantarse de la cama ya es un reto doloroso. De quienes estar de pie, o sentados, se vuelve una tortura después de sólo unos minutos. Es una batalla que muchos libran en silencio, así nos educaron, así nos moldeó la vida. Pero abrir nuestro secreto con quienes nos rodean, también les da la oportunidad de apoyarnos. Y ese apoyo, cuando nace del cariño, nunca debería interpretarse como una carga. Mientras tanto, el mundo que investiga el dolor crónico —en el que trabajo, en el que vivo— sigue buscando tratamientos seguros, eficaces y accesibles. Somos muchos investigadores alrededor del planeta dedicando la vida a esto, y aún así seguimos lejos de lograrlo para la mayoría de quienes lo padecen. Pero eso no me desalienta: al contrario, me inspira a trabajar duro cada día, a poner mi granito de arena. Para que algún día podamos dejar de sobrevivir al dolor crónico, y podamos, por fin, vivir sin ese huésped que nunca fue invitado.

𝗗𝗼𝘀 𝗿𝘂𝘁𝗮𝘀 𝗰𝗲𝗿𝗲𝗯𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗮𝗻 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗼́𝗻M. en C. Danahe Flores MorenoEl dolor crónico...
07/09/2026

𝗗𝗼𝘀 𝗿𝘂𝘁𝗮𝘀 𝗰𝗲𝗿𝗲𝗯𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗮𝗻 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗼́𝗻

M. en C. Danahe Flores Moreno

El dolor crónico y la depresión son dos de las condiciones de salud más comunes e incapacitantes a nivel mundial, y con frecuencia aparecen juntas en la misma persona. Hasta el 65% de los pacientes con depresión experimenta dolor, mientras que hasta el 61% de los pacientes con dolor crónico presenta depresión. Esta combinación empeora el pronóstico clínico y encarece el tratamiento. A pesar de su alta prevalencia, los tratamientos farmacológicos que atacan ambas condiciones a la vez ofrecen beneficios modestos. Los antidepresivos, por ejemplo, muestran una eficacia limitada en la fibromialgia, un efecto pequeño y poco relevante clínicamente en el dolor de espalda, y una evidencia de baja calidad en la osteoartritis y la ciática. Además, los pacientes con dolor y depresión responden peor a los antidepresivos que aquellos sin dolor, y suspenden el tratamiento con mayor frecuencia debido a los efectos secundarios. La relación entre el dolor y la depresión se considera bidireccional desde hace décadas. El dolor crónico puede provocar depresión, pero la depresión también puede convertirse en dolor crónico, como ocurre en algunos pacientes que desarrollan dolor de espalda baja tras un episodio depresivo. Sin embargo, no está claro si ambas direcciones de esta relación comparten el mismo sustrato cerebral, o si, por el contrario, involucran regiones distintas del cerebro. Esta distinción es clave: si el dolor con depresión y la depresión con dolor afectan circuitos cerebrales diferentes, cada uno podría requerir un tratamiento distinto. El grupo de investigación dirigido por la Dra. Natalia Egorova-Brumley, de la Universidad de Melbourne y el Instituto Florey de Neurociencia y Salud Mental, en Australia, abordó esta interrogante en un artículo publicado en la revista Translational Psychiatry (mayo, 2022). El equipo realizó una revisión sistemática y un metaanálisis de estimación de probabilidad de activación, una técnica que permite combinar los resultados de distintos estudios de neuroimagen para identificar las regiones cerebrales que se activan de manera consistente entre ellos. Las investigadoras revisaron 70 estudios de neuroimagen publicados hasta septiembre de 2021, que en conjunto incluyeron a más de 3,900 participantes. Clasificaron los estudios en tres grupos: pacientes con dolor como diagnóstico principal y depresión concurrente, pacientes con depresión como diagnóstico principal y dolor concurrente, y estudios que evaluaron ambas condiciones por igual. De los 70 estudios, solo 26 reportaron las coordenadas cerebrales necesarias para el análisis de estimación de probabilidad de activación. Los resultados revelaron una distinción clara entre las dos direcciones de la comorbilidad. En los pacientes con dolor y depresión concurrente, la región cerebral que se activó de manera consistente fue la amígdala derecha, una estructura asociada al procesamiento de las emociones negativas. En cambio, en los pacientes con depresión y dolor concurrente, las regiones identificadas fueron la corteza prefrontal dorsolateral izquierda y el tálamo izquierdo, ambas relacionadas con la regulación cognitiva y la atención hacia los estímulos dolorosos. De manera interesante, los autores encontraron que la conectividad entre la amígdala y la corteza prefrontal medial aparece de forma consistente en los pacientes con dolor y depresión concurrente, en línea con estudios previos en animales que identificaron un circuito específico entre el núcleo dorsal del rafé y la amígdala en la depresión asociada al dolor crónico. Por otro lado, la menor actividad de la corteza prefrontal dorsolateral izquierda en los pacientes con depresión y dolor concurrente sugiere una menor capacidad para modular o suprimir la experiencia dolorosa, un hallazgo consistente con el papel bien establecido de esta región en la regulación del dolor y las emociones. Los hallazgos sugieren que el dolor acompañado de depresión y la depresión acompañada de dolor no son la misma condición vista desde dos ángulos distintos, sino que podrían representar dos procesos cerebrales diferentes, cada uno con su propia vía de tratamiento. Esta distinción resulta relevante para el diseño de futuras estrategias terapéuticas dirigidas a esta comorbilidad, y subraya la necesidad de diferenciar, en la práctica clínica, a los pacientes según cuál de las dos condiciones se presentó primero.

Enlace: https://doi.org/10.1038/s41398-022-01949-3

𝗗𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗮𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗴𝗿𝗮𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗻𝗮𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗶𝘀𝗺𝗶𝗻𝘂𝗶𝗿 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗹𝗱𝗮 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼M. en C. Juan Miguel Pizañ...
28/07/2026

𝗗𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗮𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗴𝗿𝗮𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗻𝗮𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗶𝘀𝗺𝗶𝗻𝘂𝗶𝗿 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗹𝗱𝗮 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼

M. en C. Juan Miguel Pizaña Encarnación

Casi una de cada cinco personas entre los 20 y los 59 años convive con dolor de espalda crónico. Ante esta situación, es común escuchar el consejo de "ir a nadar" como una forma de aliviar el malestar. El problema es que esta recomendación circulaba sin mucho respaldo científico. Sólo existía un ensayo clínico previo que había estudiado la natación en personas con dolor de espalda, pero de forma secundaria (como parte de una comparación con taichí) y sin medir su efecto en la discapacidad. En este sentido, un equipo de investigadores de la Universidad Macquarie, en Sídney, Australia, liderado por la Dra. Deborah M. Wareham, diseñó el ensayo clínico EduSwim para llenar este vacío. Los resultados de EduSwim fueron publicados en febrero de 2026 en la revista British Journal of Sports Medicine. Los investigadores reclutaron a 76 adultos de entre 26 y 74 años con dolor de espalda de al menos tres meses. Todos eran capaces de nadar 25 metros de forma independiente, pero ninguno nadaba de manera regular. Los participantes fueron distribuidos aleatoriamente en dos grupos. El primer grupo recibió acceso gratuito a una alberca, correspondiente al programa de natación y educación. Además, tuvo cuatro sesiones de telesalud con un fisioterapeuta a lo largo de ocho semanas. La meta era completar tres sesiones de nado por semana, de 30 a 45 minutos cada una. El segundo grupo no tuvo acceso a la alberca ni al programa de natación, pues solo recibieron educación. Únicamente contó con hasta dos sesiones informativas con un fisioterapeuta. En ambos grupos, esta información buscaba ayudar a los participantes a entender mejor su dolor, disminuir el miedo al movimiento y ganar confianza en el manejo de su condición. Al cabo de ocho semanas, el dolor disminuyó en más del 50% en su nivel de discapacidad en el grupo que recibió el programa de natación y educación. Este grupo tuvo mejoras 30% mayores que las del grupo que solo recibió educación. Los participantes en el programa de natación reportaron menos dolor, mayor confianza para manejar su condición a futuro y beneficios adicionales como mejor estado de ánimo. Sin embargo, al año de seguimiento, aunque los beneficios en discapacidad, función y confianza seguían presentes, la diferencia entre ambos grupos se perdió. Los investigadores sugieren que esto se debe a que no todos los participantes mantuvieron la constancia en el nado una vez terminado el programa. Los autores concluyen que la natación, acompañada de educación y principios de asesoría en salud, es una opción de ejercicio respaldada por evidencia para el manejo del dolor de espalda crónico. Además, puede ser especialmente útil para quienes buscan una forma de actividad física de bajo impacto y con la que se sientan cómodos, aunque advierten que aún falta investigar cómo mantener este efecto a largo plazo.

Enlace: https://bjsm.bmj.com/content/early/2026/07/20/bjsports-2026-111730

𝗘𝗹 𝗰𝗲𝗿𝗲𝗯𝗲𝗹𝗼 𝘆 𝘀𝘂 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗹𝗱𝗮 𝗯𝗮𝗷𝗮M. en C. Rosa Estefanía Guerrero MoránEl dolor cróni...
14/07/2026

𝗘𝗹 𝗰𝗲𝗿𝗲𝗯𝗲𝗹𝗼 𝘆 𝘀𝘂 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗹𝗱𝗮 𝗯𝗮𝗷𝗮

M. en C. Rosa Estefanía Guerrero Morán

El dolor crónico de espalda baja es un problema de salud importante que afecta la calidad de vida de quienes lo padecen y genera altos costos a los sistemas de salud. En la búsqueda de nuevos tratamientos, los investigadores se han enfocado en estudiar las áreas del cerebro que participan en el procesamiento del dolor. Como resultado, existe evidencia de la relación entre el dolor crónico de espalda baja y ciertas alteraciones en la estructura y el funcionamiento de diferentes redes cerebrales. Una de las áreas que ha captado la atención de los investigadores es el cerebelo. Tradicionalmente, el cerebelo se encarga del control motor, el equilibrio y el aprendizaje. Sin embargo, evidencia reciente sugiere que el cerebelo también podría participar en el procesamiento del dolor. Aún así, la participación del cerebelo en el dolor crónico de espalda baja dejaba muchas incógnitas. El equipo del Dr. Stephen A. Coombes, de la Universidad de Florida (Estados Unidos), decidió abordar este problema. Su objetivo fue medir los cambios en el volumen de materia gris del cerebelo en pacientes con dolor crónico de espalda baja, evaluar el control postural del tronco, analizar su sensibilidad al dolor y determinar si existía una relación entre estas variables. El estudio se publicó en la revista PAIN en julio de este año. Para participar, las personas con dolor crónico debían cumplir tres condiciones: que el dolor durara más de tres meses, que estuviera presente al menos la mitad de los días durante los últimos tres a seis meses y que el dolor limitara sus actividades cotidianas. Los datos se obtuvieron mediante resonancia magnética en 53 adultos con dolor crónico y 48 personas sanas. Además, un subgrupo participó en pruebas de control postural que consistían en mantener el equilibrio sentados sobre una silla inestable. Los resultados revelaron que las personas con dolor crónico de espalda baja controlaban peor la postura del tronco que las personas sanas. Además, quienes tenían un peor control postural mostraban también un menor volumen de materia gris en una región del cerebelo llamada crus I, la misma zona que estaba reducida en el grupo con dolor crónico frente al grupo sano. Sin embargo, no hubo una respuesta uniforme en todas las áreas del cerebelo. Cuando los investigadores midieron la sensibilidad al dolor por presión, encontraron que una mayor sensibilidad se asociaba con un mayor volumen en el lóbulo V, pero con un menor volumen en otra región, crus II. Esto nos muestra que distintas regiones del cerebelo, sensoriomotoras y cognitivo-afectivas parecen relacionarse con el dolor de manera diferente. En conjunto, estos hallazgos sugieren que las alteraciones encontradas en el cerebelo pueden ser un mecanismo implicado en la persistencia del dolor, en las dificultades de movimiento y en el aumento de la sensibilidad en el dolor crónico de espalda baja. Entender mejor su papel podría abrir la puerta a nuevas terapias para mejorar la calidad de vida de los pacientes con este padecimiento.

Enlace: https://journals.lww.com/pain/abstract/2026/07000/cerebellar_gray_matter_alterations_in_chronic_low.12.aspx

𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗾𝘂𝗶𝘁𝗮 𝗲𝗹 𝗽𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿: 𝗲𝗹 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗽𝗮́𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮 𝗮𝗹𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗶𝗰𝗶𝗮M. en C. María Jos...
19/06/2026

𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗾𝘂𝗶𝘁𝗮 𝗲𝗹 𝗽𝗹𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿: 𝗲𝗹 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗽𝗮́𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝘁𝗮 𝗮𝗹𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗶𝗰𝗶𝗮

M. en C. María José Escoto Rosales

Enlace:
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1526590026000222?via%3Dihub

𝗟𝗮 𝗼𝗻𝗰𝗼𝘀𝘁𝗮𝘁𝗶𝗻𝗮 𝗠 𝗽𝗿𝗼𝗺𝘂𝗲𝘃𝗲 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗲𝗻 𝗿𝗮𝘁𝗮𝘀 𝗮 𝘁𝗿𝗮𝘃𝗲́𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗻𝗼𝗰𝗶𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀M. en C. Ros...
16/05/2026

𝗟𝗮 𝗼𝗻𝗰𝗼𝘀𝘁𝗮𝘁𝗶𝗻𝗮 𝗠 𝗽𝗿𝗼𝗺𝘂𝗲𝘃𝗲 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗲𝗻 𝗿𝗮𝘁𝗮𝘀 𝗮 𝘁𝗿𝗮𝘃𝗲́𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗴𝘂𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗻𝗼𝗰𝗶𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀

M. en C. Rosa Estefanía Guerrero Morán

La oncostatina M forma parte de la familia de la interleucina 6 (IL-6). Esta citocina presenta un amplio espectro de funciones biológicas que incluyen actividad citostática y modulación de respuestas inflamatorias. Actualmente, la participación de la oncostatina M y su receptor (OSMR) en el dolor crónico no ha sido completamente dilucidada. Los estudios realizados hasta el momento se han llevado a cabo principalmente en ratón, lo cual limita su valor traslacional dado que existen diferencias en los patrones de unión de la oncostatina M entre esta especie y los humanos. Para solucionar esta limitación, el equipo liderado por el Dr. Patrick M. Dougherty, del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas realizó un estudio en ratas, modelo con mayor valor traslacional hacia los humanos, para profundizar en la participación de la oncostatina M en el dolor crónico y dilucidar los mecanismos moleculares implicados en esta condición patológica. Este estudio fue publicado en la revista Pain en enero de este año. Para evaluar la participación de la oncostatina M en el dolor, se administró esta sustancia directamente en el sistema nervioso central de ratas de ambos sexos. Esto generó dolor (hipersensibilidad mecánica) sin afectar el dolor por estímulos térmicos. De manera interesante, las ratas hembra presentaron mayor sensibilidad a la oncostatina M que los machos. Posteriormente, se evaluó si la oncostatina M generaba cambios en la excitabilidad de las neuronas del dolor, para ello se aplicó oncostatina M a cultivos de neuronas sensoriales de rata obtenidas de los ganglios espinales y se observó una activación eléctrica anormal en estas neuronas. Por otra parte, se determinó qué tipos de neuronas expresaban a la oncostatina M y su receptor OSMR mediante experimentos de inmunohistoquímica, una técnica que permite identificar proteínas dentro de los tejidos. Se observó que tanto la oncostatina M como su receptor se encontraban principalmente en dos subtipos de neuronas sensoriales del dolor. Finalmente, se evaluó la expresión de la oncostatina M y OSMR en un modelo de dolor crónico causado por el paclitaxel. Se observó un aumento de oncostatina M, OSMR y de proteínas de sus vías de señalización en las neuronas de los animales tratados con este fármaco. De acuerdo con estos resultados, los autores concluyeron que la oncostatina M participa en la hipersensibilidad mecánica a través de la activación de poblaciones específicas de neuronas, por lo que esta citocina constituye un blanco terapéutico prometedor para algunos tipos de dolor neuropático.

Enlace:
https://journals.lww.com/pain/abstract/2026/06000/oncostatin_m_promotes_chronic_pain_through_direct.19.aspx

𝗗𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗮𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗴𝗿𝗮𝗺𝗮 𝗱𝗶𝗴𝗶𝘁𝗮𝗹 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗲𝗷𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗼 𝗽𝗹𝗮𝘇𝗼M. en C. Juan Migu...
16/05/2026

𝗗𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗮𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗴𝗿𝗮𝗺𝗮 𝗱𝗶𝗴𝗶𝘁𝗮𝗹 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗲𝗷𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗱𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗰𝗿𝗼́𝗻𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗼 𝗽𝗹𝗮𝘇𝗼

M. en C. Juan Miguel Pizaña Encarnación

Quienes viven con dolor crónico saben que el problema va mucho más allá de la sensación dolorosa. El dolor impide trabajar, dormir y convivir con la familia. Los tratamientos ofrecen alivio temporal, pero rara vez transforman la calidad de vida a largo plazo. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una alternativa eficaz. Sin embargo, acceder a un especialista capacitado para impartirla sigue siendo un obstáculo real para la mayoría de los pacientes. Con ese problema en mente, investigadores de la Universidad de Michigan desarrollaron un programa denominado PRISM-CBT, siglas en inglés de Promoción de la Resiliencia con Autogestión Innovadora. Se trata de un programa digital que parte de la TCC como base terapéutica y la enriquece con actividades orientadas a fortalecer la resiliencia y las emociones positivas, como la gratitud, el enriquecimiento de experiencias agradables y actos de amabilidad. Lo más destacado de este modelo es que no requiere psicólogos ni especialistas en salud mental. En este sentido, puede ser guiado por asistentes médicos debidamente entrenados. Recientemente, el grupo de trabajo de la Dra. Afton L. Hassett, del Departamento de Anestesiología de la Universidad de Michigan, junto con su colega el Dr. David A. Williams, publicaron los resultados de este programa en la revista Anesthesia & Pain Medicine (febrero, 2026). El equipo llevó a cabo un ensayo clínico aleatorizado con 299 adultos de entre 35 y 65 años, todos con dolor crónico de espalda o cuello y síntomas de fibromialgia. Los participantes fueron divididos en tres grupos: PRISM-CBT, TCC estándar y atención médica habitual sin intervención adicional. Los dos programas de intervención consistieron en ocho módulos semanales en línea, acompañados de llamadas telefónicas breves con asistentes médicos capacitados. Todos los participantes continuaron su tratamiento médico de rutina durante el estudio. A las ocho semanas, el impacto de la fibromialgia fue similar en los tres grupos. Sin embargo, después de un año los participantes de PRISM-CBT mostraron una mejoría en comparación con quienes solo recibieron atención habitual. Más importante aún, PRISM-CBT disminuyó la interferencia del dolor, es decir, en qué medida el dolor limita las actividades cotidianas desde las primeras ocho semanas y de forma sostenida hasta los doce meses. Esta ventaja fue consistente frente al grupo de atención habitual y frente al de TCC estándar. Esto demuestra que es posible ofrecer intervenciones conductuales de calidad sin depender exclusivamente de especialistas clínicos, lo que abre la puerta a escalar el tratamiento en contextos de recursos limitados. Los autores concluyen que las habilidades aprendidas durante la terapia pueden convertirse en hábitos duraderos, con beneficios que persisten mucho después de que el efecto de cualquier procedimiento médico haya desaparecido.

Los materiales del programa están disponibles de forma gratuita en: https://painguide.com/

Enlace al artículo: https://doi.org/10.1136/rapm-2025-107389

Dirección

Calzada De Los Tenorios 235, Granjas-Coapa
Mexico City
14330

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Laboratorio de Neurobiología del Dolor, Cinvestav, Unidad Coapa publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Consultorio

Enviar un mensaje a Laboratorio de Neurobiología del Dolor, Cinvestav, Unidad Coapa:

Atajos

Compartir

Categoría