08/05/2026
A veces, detrás de una conducta que parece “agresiva”, hay un niño que todavía no sabe cómo expresar lo que siente.
Cuando un niño pega, muerde o jala el cabello, muchas veces los adultos también se sienten frustrados, confundidos o incluso culpables por no saber cómo manejar la situación.
Y aunque poner límites es importante, también lo es recordar que en los primeros años de vida el cerebro sigue aprendiendo a regular emociones intensas y a comunicar necesidades de una forma más organizada.
Muchas veces, lo que más ayuda no es reaccionar más fuerte… sino acompañar mejor.
¿Te ha pasado algo así con tu hijo?