Clínica Reumatológica Tepeyac

Clínica Reumatológica Tepeyac Médicos Navales entusiasmadamente dispuestos a informar, dar tratamiento y apoyar al paciente.

Creemos que la falta de educación para un tratamiento en Reumatología se soluciona con la información suficiente. Nuestros pacientes controlarán mucho mejor sus enfermedades si les decimos todo lo que necesitan saber, y lo aprenden. Nos proponemos difundir toda la información médica que necesite para atender mejor su enfermedad, mejorar su calidad de vida, disminuyendo o desapareciendo sus dolores y permitiéndoles eliminar sus discapacidades.

🩺  El Síndrome de Felty lo vemos...    Cuando la artritis reumatoide también afecta la sangre; es una complicación extra...
25/08/2026

🩺 El Síndrome de Felty lo vemos...

Cuando la artritis reumatoide también afecta la sangre; es una complicación extraarticular poco frecuente, pero potencialmente grave, de la artritis reumatoide.

Se caracteriza clásicamente por la asociación de artritis reumatoide, neutropenia y esplenomegalia; fue descrito por el médico estadounidense Augustus Roi Felty en 1924 y actualmente se considera una enfermedad rara, presente en menos del 1 % de los pacientes con artritis reumatoide.

Su frecuencia parece haber disminuido con el diagnóstico y tratamiento más oportunos de la artritis reumatoide.

*¿ Qué ocurre ?*

La artritis reumatoide no es solamente una enfermedad de las articulaciones, es una enfermedad autoinmune sistémica capaz de afectar diferentes órganos y tejidos.

En el síndrome de Felty existe una neutropenia persistente, es decir, una disminución anormal de los neutrófilos, células fundamentales para la defensa contra numerosas infecciones; cuando la neutropenia es importante, particularmente con un recuento absoluto de neutrófilos menor de 500/µL, el riesgo de infección aumenta considerablemente.

La esplenomegalia es frecuente, pero existe un dato importante que ha cambiado respecto de la descripción clásica: un paciente puede tener síndrome de Felty sin presentar un bazo aumentado de tamaño; por ello, la ausencia de esplenomegalia no descarta el diagnóstico.

*¿ En quién suele aparecer ?*

Generalmente aparece después de muchos años de artritis reumatoide, con frecuencia en pacientes que han tenido una enfermedad articular seropositiva, erosiva y de evolución prolongada; sin embargo, no siempre sigue este patrón.

En algunos pacientes puede aparecer cuando las manifestaciones articulares de la artritis reumatoide son poco activas o incluso cuando parecen haber desaparecido; en casos excepcionales, las alteraciones hematológicas pueden preceder a la manifestación clínica evidente de la artritis reumatoide.

*¿ Cuáles son sus manifestaciones ?*

El cuadro puede incluir dolor, inflamación y deformidad articular propias de la artritis reumatoide, pero también síntomas sistémicos como:

• Fatiga y debilidad marcada.
• Fiebre.
• Pérdida involuntaria de peso.
• Infecciones recurrentes, particularmente bacterianas.
• Úlceras crónicas en las piernas.
• Hiperpigmentación cutánea.
• Adenopatías.
• Hepatomegalia.
• Vasculitis.

Además de la neutropenia, pueden aparecer anemia y trombocitopenia, especialmente cuando existe hiperesplenismo u otros mecanismos inmunológicos asociados.

¿ Por qué aumenta el riesgo de infecciones ?

*Los neutrófilos constituyen una de las principales líneas de defensa del organismo* frente a las bacterias y algunos hongos que, cuando disminuyen de manera importante, una infección que normalmente podría ser controlada con facilidad puede evolucionar rápidamente hacia una infección grave.

Por eso, en un paciente con artritis reumatoide y neutropenia debe prestarse especial atención a fiebre, escalofríos, lesiones cutáneas, dolor faríngeo, tos, disnea, síntomas urinarios o cualquier otro dato sugestivo de infección.

*La fiebre asociada a neutropenia significativa requiere valoración médica urgente.*

¿ Cuál es la causa ?

*La causa exacta todavía no está completamente esclarecida*, se considera que intervienen mecanismos autoinmunes, alteraciones de la producción y destrucción de neutrófilos y cambios en la regulación de los linfocitos T; existe además una asociación particularmente interesante con los linfocitos grandes granulares (LGL).

Aproximadamente una tercera parte de los pacientes con síndrome de Felty puede presentar expansión de estas células; en algunos casos existe una proliferación clonal compatible con leucemia de linfocitos grandes granulares T (T-LGL).

Esto ha llevado a considerar que el síndrome de Felty y la leucemia T-LGL asociada con artritis reumatoide podrían representar diferentes expresiones de un mismo espectro de alteración inmunológica.

Es un diagnóstico que exige cuidado, no basta con encontrar la tríada clásica de artritis reumatoide, neutropenia y esplenomegalia; es necesario descartar otras causas de neutropenia, entre ellas medicamentos utilizados para tratar la propia artritis reumatoide, infecciones, enfermedades hematológicas, trastornos de la médula ósea y, especialmente, la leucemia T-LGL.

La evaluación puede incluir biometría hemática con diferencial, frotis de sangre periférica, estudios inmunológicos, evaluación de la médula ósea cuando está indicada, estudios de clonalidad de los linfocitos T y estudios de imagen para valorar el bazo y otros órganos.

¿ Cómo se trata ?

*El tratamiento debe ser individualizado y coordinado* entre reumatología y hematología cuando existe neutropenia importante o dudas diagnósticas.

El principio fundamental es controlar adecuadamente la artritis reumatoide, porque al disminuir la actividad autoinmune puede mejorar también la neutropenia; *entre las estrategias terapéuticas se encuentran los fármacos modificadores de la enfermedad*.

Dependiendo del paciente pueden considerarse otros fármacos antirreumáticos convencionales o terapias biológicas, particularmente cuando la enfermedad permanece activa; cuando existe neutropenia grave o infección, puede utilizarse factor estimulante de colonias de granulocitos (G-CSF) para incrementar rápidamente el número de neutrófilos.

La esplenectomía ya no debe considerarse automáticamente como el tratamiento de elección; puede reservarse para casos seleccionados, especialmente cuando existe neutropenia grave persistente que no responde adecuadamente al tratamiento médico o cuando se requiere una intervención específica sobre el bazo.

Lo más importante es que, aunque el síndrome de Felty es poco frecuente, no debe pasarse por alto; *en una persona con artritis reumatoide de larga evolución que desarrolla neutropenia persistente, infecciones recurrentes, fiebre, pérdida de peso o esplenomegalia, debe considerarse esta posibilidad*.

Y hay algo todavía más importante: no toda neutropenia en un paciente con artritis reumatoide significa síndrome de Felty; antes de establecer el diagnóstico deben descartarse medicamentos, infecciones, enfermedades hematológicas y, especialmente, la leucemia T-LGL.

El síndrome de Felty representa un excelente ejemplo de cómo una enfermedad reumatológica puede trascender las articulaciones y comprometer el sistema inmunológico y hematológico.

*La artritis reumatoide debe entenderse y tratarse como una enfermedad sistémica, no simplemente como un problema de articulaciones.*



Hablemos de ansiedad…   Un tema que conviene abordar sin mitos, sin dramatismos y también sin minimizarlo.   La ansiedad...
21/08/2026

Hablemos de ansiedad…

Un tema que conviene abordar sin mitos, sin dramatismos y también sin minimizarlo.

La ansiedad forma parte de nuestra biología y no es, por sí misma, una enfermedad; *es mas bien una respuesta emocional y fisiológica de anticipación frente a una amenaza real, posible o imaginada*.

Puede desencadenarse por un estímulo externo, pero también por algo interno: un pensamiento, una preocupación, un recuerdo o incluso una imagen mental; *su función original es protectora*: advertirnos de un posible peligro y preparar al organismo para responder.

Cuando percibimos una amenaza, se activa el sistema nervioso autónomo, particularmente el sistema simpático; aumentan la frecuencia cardiaca y la ventilación, se modifica el flujo sanguíneo, aumenta la tensión muscular y se moviliza energía.

Participan neurotransmisores y hormonas como la noradrenalina, la adrenalina y el cortisol; es la conocida respuesta de “lucha o huida”, aunque actualmente sabemos que la respuesta humana ante una amenaza puede incluir también inmovilización, evitación y otras estrategias defensivas.

En condiciones normales, esta activación tiene un principio y un final: aparece la amenaza, el organismo se prepara, la persona responde y, una vez resuelto el peligro, los sistemas de regulación recuperan progresivamente el equilibrio.

Esa ansiedad es adaptativa.

Incluso puede mejorar nuestro desempeño, un cierto grado de activación puede favorecer la atención, la concentración y la capacidad de responder ante una situación exigente.

El problema aparece cuando la alarma deja de corresponder con el peligro, se mantiene durante demasiado tiempo, resulta difícil de controlar o comienza a interferir con la vida cotidiana.

Entonces podemos estar frente a un *trastorno de ansiedad*.

No se trata simplemente de “estar nervioso”, puede manifestarse mediante preocupación persistente, inquietud, irritabilidad, dificultad para concentrarse, insomnio, fatiga, tensión muscular, palpitaciones, sensación de falta de aire, molestias gastrointestinales, mareo, sudoración y conductas de evitación, entre muchos otros síntomas.

Y aquí existe algo fundamental que no debemos olvidar: *la ansiedad no siempre tiene un origen exclusivamente psicológico*; algunas enfermedades y determinadas sustancias o medicamentos pueden producir síntomas semejantes.

Las alteraciones endocrinas, cardiovasculares, respiratorias, neurológicas, metabólicas y otras condiciones médicas pueden presentarse con manifestaciones que el paciente interpreta inicialmente como “ansiedad”; por eso, *ante síntomas nuevos, intensos, persistentes o inexplicables, no es correcto asumir automáticamente que se trata de un trastorno de ansiedad*.

La historia clínica, la exploración física y, cuando están indicados, los estudios complementarios forman parte de una adecuada evaluación diagnóstica; además, *existen diferentes trastornos de ansiedad*.

No es lo mismo un trastorno de ansiedad generalizada que un trastorno de pánico, una ansiedad social, una fobia específica o la ansiedad relacionada con determinadas circunstancias; cada uno tiene características clínicas y abordajes particulares.

La buena noticia es que los trastornos de ansiedad tienen tratamiento y existen intervenciones muy eficaces; entre las estrategias psicológicas con mayor respaldo científico se encuentran las basadas en la terapia cognitivo-conductual, incluida la exposición cuando está indicada.

También pueden ser útiles las técnicas de relajación, el ejercicio físico, la regulación del sueño, el manejo del estrés y las intervenciones basadas en mindfulness.

En determinados casos pueden utilizarse medicamentos; y hay otro punto importante:
*no toda persona con ansiedad necesita medicamentos*.

La elección del tratamiento debe individualizarse de acuerdo con el diagnóstico, la intensidad de los síntomas, el grado de deterioro funcional, las enfermedades concomitantes, las preferencias del paciente y la respuesta al tratamiento.

En este contexto, la hipnosis clínica o hipnoterapia puede considerarse una *herramienta complementaria* en determinados pacientes; existe evidencia de reducción de síntomas de ansiedad.

La mejor medicina no consiste en enfrentar “medicamentos contra terapias” como si fueran enemigos; consiste en identificar correctamente qué está ocurriendo y utilizar, de manera responsable, las herramientas que tengan sentido para cada persona.

La ansiedad no es nuestra enemiga... es un sistema de alarma; el problema comienza cuando esa alarma se activa demasiado, permanece encendida cuando ya no existe peligro o empieza a gobernar nuestra vida.

Aprender a reconocerla, comprenderla y tratarla adecuadamente es mucho más útil que simplemente intentar eliminarla.

Porque el objetivo no es vivir sin ansiedad.

El objetivo es que la ansiedad vuelva a cumplir su función y deje de dirigir nuestra vida.

La hipnosis clínica...    Resulta ser una aliada bastante efectiva contra el dolor; año con año encontramos cada vez más...
16/08/2026

La hipnosis clínica...

Resulta ser una aliada bastante efectiva contra el dolor; año con año encontramos cada vez más evidencias científicas de la eficacia de la hipnosis para acompañar a otras terapias clínicas en el tratamiento de diversas dolencias.

Comprendamos pues, mejor aún, el proceso para derribar falsas creencias, mitos y estigmas.

Hace escasos meses, la revista *Neuroscience and Biobehavioral Reviews*, en una extensa revisión de estudios concluía que la hipnosis no tiene efectos secundarios y es una opción viable, segura y rentable para combatir el dolor o usarse como terapia complementaria en otros tratamientos, desde reumatología hasta oncología.

Desde hace varias décadas, la comunidad científica está explorando a fondo los efectos y las aplicaciones clínicas de la hipnosis con resultados prometedores; sin embargo, en el imaginario colectivo, o a nivel popular, este proceso aún se visualiza llevado a cabo por una especie de vidente que mueve un péndulo y provoca que el hipnotizado pierda totalmente el control de sus actos.

“Nada más lejos de la verdad; realmente, quien tiene el control del proceso es la propia persona hipnotizada, que se ha prestado de forma voluntaria a experimentar una focalización de la atención que conlleva la supresión temporal de su análisis lógico y racional, y que la hace seguir de la misma forma voluntaria las sugerencias del hipnotizador”, nos explica un reconocido miembro de la Sociedad Hipnológica Científica.

“Es una experiencia única, y por eso compartimos la opinión de los expertos que defienden la existencia del estado hipnótico como un estado de consciencia diferente de la vigilia y del sueño.

Inclusive, con un entrenamiento adecuado, la persona puede aprender con facilidad a hacer autohipnosis en dolor, tanto agudo como crónico”.

¿ Cuál es la base científica de la hipnosis ?

Para llegar a ese estado de consciencia, el sujeto, de forma voluntaria, focaliza su atención en un objeto o en la voz del hipnotizador, disminuyendo su atención periférica.

“Lo que ocurre es un procesamiento diferente de la información a nivel cerebral; hay evidencias científicas de cambios en la actividad cerebral en áreas específicas de la corteza, sobre todo en las personas altamente hipnotizables”.

Hay que destacar que algunas personas son más sensibles que otras a este proceso.

El cultivo de la relación entre el cuerpo y la mente es un pilar fundamental para mejorar la salud física y mental, así como la calidad de vida; este proceso garantiza una reconciliación consigo mismo.

Sobre todo para aquellas personas que los medicamentos no le resultan suficientes, o desean dejar de usarlos, es una de las mejores recomendaciones (junto al CBD) actualmente.

🦶 El pie de Charcot es...    Una complicación devastadora de la diabetes que puede pasar desapercibida.    Cuando una pe...
10/08/2026

🦶 El pie de Charcot es...

Una complicación devastadora de la diabetes que puede pasar desapercibida.

Cuando una persona con diabetes presenta un pie rojo, caliente, hinchado y aparentemente doloroso, muchas veces se piensa inmediatamente en una infección; pero existe otra posibilidad que debe reconocerse a tiempo; el pie de Charcot.

Y aquí está una de sus características más peligrosas: puede existir una destrucción importante de huesos y articulaciones sin que el paciente experimente un dolor proporcional a la lesión.

¿ Qué es el pie de Charcot ?

También llamado artropatía neuropática de Charcot, *es una enfermedad destructiva de los huesos y articulaciones del pie y del tobillo que aparece principalmente en personas con neuropatía periférica, siendo la diabetes mellitus una de sus causas más frecuentes*.

La neuropatía provoca pérdida de la sensibilidad protectora, el paciente deja de percibir adecuadamente el dolor, la presión y los traumatismos; como consecuencia, puede continuar caminando sobre un pie lesionado sin darse cuenta.

Cada paso puede producir pequeños traumatismos repetitivos que terminan en:

- Fracturas. - Microfracturas.
- Luxaciones. - Inflamación.
- Destrucción progresiva de las articulaciones.

El resultado puede ser una deformidad permanente del pie.

¿ Cómo comienza ?

En la fase activa suele aparecer un pie:

🔴 Rojo, 🔥 caliente e 💧 hinchado y, paradójicamente, puede presentar poco dolor o incluso ausencia de dolor en relación con la magnitud del daño; *ésta combinación debe despertar una señal de alarma*, particularmente cuando existe diabetes y neuropatía periférica.

*Una diferencia de temperatura importante respecto al otro pie puede ser un dato clínico particularmente útil.*

¿ Por qué se destruye el pie ?

Existen dos mecanismos que se complementan: por un lado, la neuropatía elimina o disminuye la percepción del dolor; por otro, la alteración de la función nerviosa y autonómica favorece cambios en el flujo sanguíneo y en la respuesta inflamatoria y ósea.

El paciente continúa apoyando el pie, el hueso y las articulaciones reciben cargas repetidas que terminan produciendo lesiones que no son adecuadamente percibidas.

Y el proceso inflamatorio continúa.

Es una especie de círculo vicioso de traumatismo, inflamación y destrucción articular que producen una deformidad característica: el llamado"pie en mecedora".

Cuando la enfermedad progresa, pueden producirse fracturas y luxaciones que modifican completamente la arquitectura del pie; el arco plantar puede colapsarse y la planta adquiere una configuración convexa.

A esta deformidad se le conoce clásicamente como "pie en mecedora".

El problema no es solamente estético.

Las prominencias óseas anormales generan puntos de presión durante la marcha y pueden provocar úlceras plantares; una úlcera en un pie neuropático puede convertirse posteriormente en una puerta de entrada para bacterias y conducir a una infección profunda u osteomielitis.

¿ Pie de Charcot o infección ?

Esta es una de las dificultades diagnósticas más importantes; un pie diabético caliente, rojo e inflamado puede corresponder a:

• Pie de Charcot activo.
• Celulitis.
• Absceso.
• Osteomielitis.
• Gota u otra artritis inflamatoria.
• Traumatismo o fractura.

Por eso, *no debe asumirse que todo pie rojo en una persona con diabetes es una infección; pero tampoco debe cometerse el error contrario de atribuirlo todo a Charcot y pasar por alto una infección*.

La valoración clínica y los estudios de imagen son fundamentales.

¿ Cómo se diagnostica ?

El diagnóstico es fundamentalmente clínico, apoyado por estudios de imagen; las radiografías permiten identificar fracturas, subluxaciones, luxaciones y deformidades.

Sin embargo, en las primeras etapas pueden ser normales; *cuando existe sospecha clínica importante y la radiografía no demuestra todavía alteraciones, la resonancia magnética puede ser de gran utilidad para detectar lesiones óseas y articulares tempranas y para ayudar a valorar diagnósticos alternativos, como la osteomielitis*.

La exploración también debe incluir la evaluación de la sensibilidad protectora, pulsos periféricos, piel, presencia de úlceras y características vasculares del miembro.

La clasificación de Eichenholtz.

Clásicamente, la evolución del pie de Charcot se describe mediante cuatro etapas.

Etapa 0 o inflamatoria, existe edema, aumento de temperatura y eritema, pero todavía pueden no observarse alteraciones radiográficas evidentes.

Etapa I o de fragmentación, aparecen fracturas, fragmentación ósea, subluxaciones y luxaciones; es la fase de mayor actividad destructiva.

Etapa II o de coalescencia, disminuye la inflamación y comienza la consolidación de las lesiones.

Etapa III o de reconstrucción, la inflamación desaparece y se establece una deformidad residual, que puede ser estable o generar puntos de presión peligrosos.

¿ Cómo se trata ?

El principio fundamental durante la fase activa es sencillo de entender, aunque no siempre sencillo de cumplir; *hay que dejar de someter al pie lesionado a la carga que está provocando su destrucción*.

La medida fundamental es la descarga y protección del miembro, generalmente mediante inmovilización adecuada y dispositivos que permitan controlar la carga y proteger las articulaciones; dependiendo de cada caso, puede utilizarse un yeso de contacto total u otro sistema de inmovilización apropiado.

La duración depende de la evolución clínica; el tratamiento no debe suspenderse simplemente porque disminuyó el dolor.

Posteriormente puede ser necesario utilizar calzado terapéutico, ortesis o dispositivos personalizados para redistribuir las presiones y evitar nuevas lesiones; en determinadas deformidades graves, inestabilidad, úlceras recurrentes o fracaso del tratamiento conservador, puede considerarse la reconstrucción quirúrgica.

La amputación no es el tratamiento inicial del pie de Charcot; se reserva para situaciones en las que existe destrucción o infección irreparable y no es posible conservar un miembro funcional y seguro.

¿ Se puede prevenir ?

Si bien no todos los casos pueden evitarse, sí puede reducirse considerablemente el riesgo de complicaciones; *en una persona con diabetes es fundamental:*

🦶 Revisar los pies diariamente.

🩺 Realizar periódicamente una evaluación de la sensibilidad y circulación.

👟 Utilizar calzado adecuado.

🚫 No caminar descalzo cuando existe neuropatía.

⚠️ Consultar inmediatamente ante aparición de hinchazón, calor, cambio de color o deformidad.

Y *existe una recomendación particularmente importante: si una persona con diabetes y neuropatía desarrolla repentinamente un pie caliente, rojo e hinchado, debe evitar seguir caminando sobre él y solicitar valoración médica cuanto antes*.

Una reflexión final sería la de observar que el pie de Charcot nos recuerda algo fundamental en medicina: que la ausencia de dolor no significa ausencia de daño; en una persona con neuropatía diabética, precisamente la pérdida del dolor puede ser el problema.

Un pie puede estar fracturándose, inflamándose y deformándose mientras el paciente continúa caminando sobre él; reconocerlo temprano puede significar la diferencia entre conservar un pie funcional y terminar enfrentando una deformidad severa, una úlcera, una infección o incluso una amputación.

Cuidar los pies en la diabetes no es un detalle menor... es una forma de prevenir discapacidad.

🩸 Las petequias: pequeñas manchas que...    Pueden decir mucho sobre nuestra salud.    Es un tema poco conocido y, sin e...
09/08/2026

🩸 Las petequias: pequeñas manchas que...

Pueden decir mucho sobre nuestra salud.

Es un tema poco conocido y, sin embargo, bastante frecuente; a veces aparecen en la piel pequeños puntos rojos, violáceos o incluso marrones que parecen insignificantes.

No duelen, no pican y pueden confundirse fácilmente con una irritación, una alergia o una simple erupción.

Son las petequias, pequeñas hemorragias puntiformes producidas por la salida de sangre desde los vasos sanguíneos hacia la piel o las mucosas; generalmente miden apenas unos milímetros y tienen una característica muy importante: no desaparecen ni se vuelven blancas al ejercer presión sobre ellas.

Esto las diferencia de muchas lesiones inflamatorias de la piel, en las que el enrojecimiento puede disminuir temporalmente al presionar; aunque pueden aparecer por situaciones relativamente benignas, también pueden ser una señal de alteraciones de las plaquetas, trastornos de la coagulación, infecciones, enfermedades hematológicas o inflamación de los vasos sanguíneos.

¿ Por qué aparecen ?

Existen numerosos mecanismos: una causa sencilla puede ser el aumento brusco de presión dentro de pequeños vasos sanguíneos; por eso pueden aparecer después de toser intensamente, vomitar, realizar un esfuerzo físico importante, levantar mucho peso o incluso después del parto.

También pueden producirse por traumatismos, fricción, presión localizada, mordeduras o picaduras; pero cuando aparecen sin una causa evidente, son numerosas, se extienden rápidamente o se acompañan de otros síntomas, la situación merece una valoración médica.

Entre las causas importantes se encuentran las alteraciones plaquetarias; las plaquetas son elementos fundamentales para detener pequeñas hemorragias que, cuando su número disminuye —trombocitopenia— o su función está alterada, pueden aparecer petequias, púrpura, moretones con facilidad, sangrado nasal o de las encías y, en casos graves, hemorragias importantes.

La trombocitopenia puede deberse a disminución de la producción de plaquetas en la médula ósea, destrucción inmunológica, consumo excesivo, enfermedades infecciosas, medicamentos, enfermedades hepáticas, trastornos hematológicos y otras condiciones sistémicas; también existen enfermedades en las que el problema se encuentra directamente en los vasos sanguíneos.

Es el caso de algunas vasculitis, procesos inflamatorios que pueden afectar los vasos pequeños y producir lesiones purpúricas o petequiales; cuando una lesión cutánea se acompaña de dolor articular, fiebre, pérdida de peso, dolor abdominal, alteraciones neurológicas o sangre en la o***a, debe considerarse la posibilidad de una enfermedad sistémica.

Petequias, púrpura y equimosis no son exactamente lo mismo; el tamaño de la lesión ayuda a describirla.

Las petequias son lesiones puntiformes, generalmente de pocos milímetros; cuando las lesiones son mayores hablamos de púrpura y, cuando la extravasación de sangre ocupa una superficie más extensa se denomina equimosis, que es lo que habitualmente conocemos como un moretón.

Estas categorías pueden variar ligeramente según la fuente médica utilizada, por lo que el tamaño por sí solo no establece el diagnóstico; lo importante es valorar también la distribución, evolución, síntomas asociados y contexto clínico.

Y aquí existe otra precisión importante.

Una equimosis sí puede cambiar progresivamente de color conforme la hemoglobina y otros componentes de la sangre se degradan y son reabsorbidos por el organismo; puede pasar por tonalidades rojizas, violáceas, verdosas y amarillentas.

Las petequias, en cambio, no necesariamente siguen esa secuencia de colores, porque son lesiones mucho más pequeñas y superficiales.

¿ Qué medicamentos pueden estar relacionados ?

Algunos medicamentos pueden favorecer la aparición de sangrado cutáneo, ya sea porque disminuyen el número de plaquetas, interfieren con su función o afectan la coagulación; por ello, ante la aparición reciente de petequias es importante revisar todos los medicamentos que utiliza la persona, incluidos los de venta libre y algunos productos herbolarios.

No debe suspenderse por cuenta propia un anticoagulante, antiagregante o cualquier otro medicamento; primero debe determinarse la causa.

¿ Cuándo debemos preocuparnos ?

Aquí está probablemente la parte más importante: no todas las petequias representan una emergencia, pero tampoco deben ignorarse cuando aparecen de forma inexplicable; la atención médica debe ser especialmente rápida cuando las lesiones:

• Aparecen de manera súbita y en gran cantidad;
• Se están extendiendo rápidamente;
• Aparecen junto con sangrado de nariz o encías;
• Se acompañan de moretones espontáneos;
• Aparecen con sangre en o***a o heces;
• Se presentan junto con debilidad intensa, mareo o desmayo;
• Aparecen durante una enfermedad febril;
• Se acompañan de alteración del estado de conciencia, dolor de cabeza intenso o síntomas neurológicos.

También es importante recordar que una disminución importante de las plaquetas puede aumentar considerablemente el riesgo de hemorragia; en particular, cifras inferiores a 10,000 plaquetas/µL se consideran una situación de alto riesgo y requieren valoración urgente.

⚠️ Petequias + fiebre = una combinación que no debe ignorarse.

Existe una asociación que merece especial atención: una persona con fiebre y lesiones petequiales o purpúricas que no desaparecen al presionarlas, particularmente si la erupción progresa rápidamente, puede estar cursando con una infección grave, incluida la enfermedad meningocócica.

Si además existen dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello, vómitos, confusión, somnolencia, deterioro rápido del estado general, respiración acelerada, extremidades frías o signos de choque, se trata de una emergencia médica.

La enfermedad meningocócica puede evolucionar rápidamente y poner en peligro la vida en cuestión de horas; la ausencia de petequias tampoco permite descartarla, porque no todos los pacientes desarrollan este tipo de lesiones.

¿ Cómo se estudian las petequias ?

El diagnóstico no consiste simplemente en mirar la piel, el médico investiga cuándo comenzaron, dónde aparecieron, si están aumentando, si hubo infección reciente, traumatismo, fiebre, medicamentos nuevos, enfermedades autoinmunes, antecedentes de sangrado o problemas hematológicos.

Dependiendo del caso, puede ser necesario realizar una biometría hemática con recuento plaquetario, revisión del frotis de sangre periférica y estudios de coagulación, función renal y hepática, además de otros estudios dirigidos a encontrar la causa.

La evaluación del frotis sanguíneo es particularmente importante cuando existe trombocitopenia, porque puede revelar alteraciones que orienten hacia enfermedades hematológicas o microangiopatías.

Una pequeña mancha no siempre es "sólo una mancha".

La piel puede convertirse en una verdadera ventana hacia el interior del organismo, una petequia puede ser consecuencia de algo tan sencillo como un esfuerzo intenso; pero también puede constituir la primera manifestación visible de una alteración de las plaquetas, una enfermedad autoinmune, una infección o un trastorno hematológico.

Por eso, ante lesiones nuevas, numerosas o inexplicables, la mejor conducta no es alarmarse… pero tampoco ignorarlas.

Observar es importante.

Preguntar es prudente.

Y diagnosticar a tiempo puede ser decisivo, porque en medicina, incluso una mancha diminuta puede contener una historia clínica que merece ser escuchada. 🩸

La salud también habla a través de la piel, aprendamos a reconocer sus señales.

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