14/08/2026
Lo ocurrido en el reciente proceso de admisión a licenciatura de la UNAM resulta profundamente preocupante. Las imágenes de aspirantes realizando un examen en condiciones que difícilmente son compatibles con un proceso de alta seguridad y control obligan a cuestionar la organización, los recursos públicos destinados y, sobre todo, la confiabilidad del mecanismo de selección.
A ello se suman los señalamientos sobre aspirantes que habrían recurrido a trampas durante la aplicación previa en línea! Si estas irregularidades se confirman, no basta con responsabilizar únicamente a los jóvenes: cuando madres o padres conocen, facilitan o justifican una conducta fraudulenta, se convierten también en parte del problema.
¿Qué sociedad estamos formando si desde el ingreso a la universidad enseñamos que obtener un lugar justifica vulnerar las reglas?
La UNAM debe transparentar cuánto costó el proceso, cuáles fueron sus mecanismos de supervisión, cuántas irregularidades se documentaron y qué medidas adoptará para garantizar la equidad. Asimismo, resulta indispensable esclarecer si existieron vulnerabilidades semejantes en los procesos de ingreso al bachillerato; no es válido asumirlo sin una investigación.
Por la magnitud del problema, la responsabilidad no puede agotarse en funcionarios menores. A mayor poder, mayor responsabilidad. Si se demuestra que hubo fallas sistémicas que comprometieron la integridad y equidad del proceso, el rector debe asumir su responsabilidad institucional aunque eso incluya la renuncia.
Una universidad pública de la relevancia de la UNAM no sólo debe enseñar conocimiento: debe ser ejemplo de legalidad, mérito y ética.
Carlos Lenin Pliego Reyes, Med Interna-inmunologia, CDMX/Julio Cesar Davila Valero, Medicina Interna-Geriatria, MTY, NL