02/04/2026
Hoy puedo ver con claridad algo que me ha acompañado toda mi vida: "nunca me sentía completamente satisfecha con lo que tenía".
Siempre había un “algo más” que creía que me haría feliz.
De niña pensaba que mi mayor deseo era ser delgada. Cuando lo logré a los 15 años, entendí que en realidad no era eso… lo que yo quería era encontrar el amor de mi vida, como en los cuentos, mi alma gemela, ese “príncipe azul”.
Lo encontré. Y entonces mi deseo cambió: quería casarme. Me casé joven, a los 22 años. Después de eso, el siguiente anhelo fue ser madre. Tuve a mi primer hij@, luego otro bebé y deseé más hijos… y aunque viví la pérdida de uno de ellos, también pude formar una familia.
Y aun así, algo dentro de mí no estaba en paz.
Comencé a sentir vacío, rechazo, abandono… y entonces mi deseo fue separarme.
Lo hice. Con el tiempo creí que lo que realmente quería era volver, pero ya no fue posible.
Entonces quise empezar de nuevo: divorciarme, trabajar, reconstruirme.
Y nuevamente apareció otro deseo: tener una pareja.
Pero ahora entiendo algo que antes no veía… ese deseo no siempre venía de mí, sino de lo que la sociedad me decía que debía querer.
La idea de estar acompañada, enamorada, de cumplir con un mandato, una imagen… no necesariamente con mi verdad.
Tuve relaciones, conocí personas, incluso pensé en volverme a casar. Hasta que alguien me dijo algo que me dolió, pero que cambió mi vida:
“No has entendido nada.”
Y tenía razón.
Porque al mirar hacia adentro, descubrí algo muy profundo:
yo no quería esa vida. No quería casarme, no me atraía la vida en pareja como se supone que debe ser. No quería depender, ni compartir todo, ni dejar de tener mis espacios. Yo quería estar conmigo, en paz, disfrutando mi soledad.
Aun así, caí varias veces en la trampa de buscar pareja… hasta que finalmente lo entendí:
no es lo que quiero.
Lo que realmente deseo es algo mucho más simple y más verdadero:
estar bien conmigo misma.
Disfrutar lo que amo: pintar, escribir, dibujar. Conectar con las personas desde la amistad, desde lo genuino. Conversar, compartir, acompañar desde quien soy.
Hoy también veo que esto no solo me pasó en el amor, sino en todas las áreas de mi vida. Tuve un trabajo bien pagado y me quejaba por el desgaste. Conseguí uno más tranquilo… y me quejaba por el dinero.
Siempre queriendo algo distinto a lo que tenía.
Hasta que tomé una decisión:
dejar de buscar afuera lo que solo podía encontrar dentro.
Decidí aprender a disfrutar lo que sí tengo, tal y como es. Sin exigencias constantes, sin estar esperando que algo cambie para poder sentirme bien.
Y entonces algo cambió.
Empecé a ver la vida con más gratitud. A notar los pequeños regalos que siempre han estado ahí: oportunidades, encuentros, experiencias, personas.
Me di cuenta de que todo llega en el momento perfecto, incluso lo que no entendía.
Hoy me siento más en paz. Más agradecida. Más presente.
Hoy puedo decirle a Dios:
“Ya no quiero pedir más. Solo ayúdame a disfrutar lo que me das. A vivir el día a día con un corazón agradecido, confiando en que todo lo bueno llega en su tiempo.”
Y en esa rendición… encontré algo que nunca había tenido:
tranquilidad 💫