02/11/2018
LA MUERTE Y EL DUELO.
Y una vez más celebramos a nuestros mu***os, los panteones se abarrotaron de gente, los comerciantes fijos, semifijos y ambulantes nuevamente hicieron su agosto en noviembre, con la venta de flores naturales y artificiales, los elotes, las cañas que no podían faltar, los churros de azúcar, tamales con su respectivo champurrado, el pan de mu**to y las famosas enchiladas y tortas de pierna y jamón.
Los camposantos adquieren un toque florido, festivo y de día de campo con las familias enteras visitando a sus difuntos, con un aire de resignación y aceptación después de meses o años de haber sufrido la muerte del ser querido.
Mucho se ha dicho y escrito acerca de la burla que hacemos los mexicanos de la muerte, como una forma de negar el miedo que le tenemos, como una forma de creer que a nosotros no nos va a visitar, ni en nuestra persona ni en la de los seres amados, preferimos reír y hacer chascarrillos que aceptar la realidad de la misma a pesar de que es de las pocas cosas que podemos garantizar, el día menos pensado, la tenemos que enfrentar.
Siempre va a ser doloroso perder a un ser amado, perder a la pareja después de treinta o cuarenta años o toda una vida de convivencia, perder al querido o querida abuelo o abuela, que tantas cosas buenas nos dio, perder al padre o la madre después de toda una vida de amor, ejemplos, luchas, momentos dichosos y por que no, difíciles también, y uno de los trances más difíciles que pueda cualquiera imaginar, perder un hijo, aquel ser en el que como cualquier padre o madre, depositamos toda una serie de ilusiones y expectativas y que de pronto, un día, ya no está.
Pecaríamos de injustos, al querer dictaminar cual perdida es más dolorosa, por que el duelo es algo muy individual y personal, que solo el que lo esta viviendo puede tener conciencia del dolor que implica haber perdido a aquella persona, por que nadie más sabe lo que aquella persona significó para el y nadie más sabe lo que uno mismo esta sintiendo ante la muerte del ser querido.
Ante la muerte de un ser querido, hay quien vive un duelo que podemos llamar normal, es la típica reacción de tristeza, de extrañamiento, sentimientos de culpa, pesar, con disminución del apetito, algunas dificultades para dormir, llanto fácil y sentimiento de desesperanza por la muerte y alguna dificultad para realizar las actividades cotidianas, pero todo esto dura alrededor de seis meses aproximadamente en promedio y a partir de esos seis meses la persona se va recuperando paulatinamente, poco a poco va volviendo a hacer su vida normal y natural y sin necesidad de ayuda psicológica, afortunadamente en la mayoría de los casos, lo anterior es la reacción más común y más fácil de superar.
Elisabeth Kubler señala cinco etapas del duelo:
1.-) Negación,2.-) Ira, 3.-) Negociación, 4.-)Depresión y 5.-) Aceptación
Según la doctora Kubler, cuando la persona llega a ese punto de aceptación y puede recordar a su ser querido sin dolor, se puede considerar como resuelto el duelo.
Otra forma de reaccionar ante la perdida de un ser querido es el duelo que se convierte en patológico, esto es, un duelo más intenso, más incapacitante, que lleva a la persona a un estado de depresión crónica que si no se atiende a tiempo, requerirá de ayuda psiquiátrica para su resolución.
Factores que pueden provocar un duelo patológico.
En condiciones de normalidad, muy pocos estamos preparados para vivir la experiencia de un ser querido, pero hay factores presentes que nos pueden ir preparando para aceptar más fácilmente la experiencia de muerte con respecto a los seres queridos como pudiera ser la edad avanzada de los abuelos o padres, la presencia de alguna enfermedad crónica o terminal, como el cáncer y el haber llevado una relación sin conflicto con nuestro familiar, lo anterior, de alguna forma, consciente o inconsciente, hace que la persona acepte y supere más fácilmente la muerte de un ser querido.
Pero que sucede cuando no esperamos un desenlace así, cuando el cónyuge que muere lo hace de manera prematura ya sea por enfermedad o accidente, o que la persona que muere es un hijo con minoría de edad, o cuando llevamos una relación conflictiva o caótica con nuestro familiar que muere, o que simplemente, veíamos muy lejana esa posibilidad.
La reacción más común en estos casos, es un duelo patológico que se identifica por los siguientes síntomas: Ausencia o retraso en la aparición del duelo, esto es, como que no se siente la perdida, la persona no llora en el funeral, se tiene la sensación de “fortaleza”, otro síntoma es, un duelo muy intenso, muy doloroso, que hace que la persona no pueda cumplir con sus actividades cotidianas, otro síntoma que es indicador de un duelo patológico son las ideas de suicidio, no necesariamente las ideas de desear morir, que se pueden presentar en el duelo normal, sino el comenzar a idear formas de provocarse la muerte, otra señal más, es la presencia de síntomas psicóticos, esto es, escuchar voces o ver cosas que no existen, es importante distinguir que en condiciones de duelo normal se puede “escuchar” o “ver” a la persona fallecida, estas son ilusiones que se pueden considerar normales, se van a considerar síntomas psicóticos cuando las voces no sean de la persona fallecida o que las voces sean hirientes y molestas, así mismo, los síntomas depresivos se van a considerar como parte de un duelo normal hasta los dos meses después de la muerte de nuestro ser querido y no necesitan tratamiento psiquiátrico, después de dos meses, la permanencia de los síntomas depresivos, se pueden considerar patológicos y en este caso si se requiere la ayuda profesional.
Recomendaciones. Ante una situación de duelo normal o patológico es recomendable brindarle acercamiento físico y afectivo al doliente, estimular la expresión del dolor y la angustia, favorecer la revisión de la relación personal con el fallecido, evitar la sobre protección y jamás sugerirle que no llore ni pedirle que tiene que ser fuerte, que debe sobreponerse, cuando el doliente recibe este tipo de sugerencias, podemos provocar en el un bloqueo del duelo y la represión del mismo, así como sensación de incomprensión, por el contrario, asumir una postura empática e incluso silenciosa en el acompañamiento, puede serle de más utilidad al doliente.
Y por último, una recomendación más es comenzar a considerar anticipadamente, aún y cuan no estemos en situación de duelo, la condición natural de la muerte, que es parte de la metamorfosis que debemos enfrentar y así como nacimos a esta vida, un buen día, todos vamos a nacer a una vida mejor, donde las limitaciones físicas o emocionales dejaran de existir, si uno es ciego, verá, si uno es paralítico, caminará. Así, morir para Elisabeth Kubler, es mudarse de una casa a otra más bella.
“El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado”. Mahatma Gandhi
Lic. Fernando Nagao Quiñones
Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta
Calle Guadalajara 916 A col. Mitras Sur Monterrey, N.L.
Celular: 811-5305892 e-mail: [email protected]