02/04/2026
No siempre buscamos la calma.
A veces, sin darnos cuenta, volvemos a lo que nos altera.
No porque sea lo que queremos,
sino porque es lo que conocemos.
El malestar, cuando se vuelve constante,
también se vuelve predecible.
Y en esa predictibilidad, hay una forma de sostén.
La calma, en cambio, puede dejar un vacío:
sin urgencia, sin ruido, sin esa tensión que organizaba.
Y entonces aparece algo difícil de nombrar.
No es angustia exactamente…
pero tampoco es tranquilidad.
Es la falta de referencia.
Por eso no siempre es fácil “estar bien”.
Porque implica soltar formas de funcionamiento
que, aunque duelan, también estructuran.
Y en ese proceso,
la calma no siempre se siente como alivio.
A veces… se siente como algo desconocido.