12/08/2026
El juicio suele llegar antes que la escucha. Aparece cuando una emoción incomoda, cuando un proceso no avanza como esperábamos, cuando una imagen no queda “bonita”, cuando una decisión se vuelve confusa o cuando sentimos algo que no encaja con la idea que teníamos de nosotras mismas. Desde ahí, es fácil convertir cualquier señal interna en una acusación: esto está mal, yo estoy mal, ya debería poder con esto.
La curiosidad abre otra posibilidad. No niega la incomodidad ni intenta maquillarla, pero cambia la forma de acercarnos a ella. En lugar de preguntar “¿por qué soy así?”, podemos empezar con preguntas más cuidadosas: ¿qué está intentando mostrarme esto?, ¿qué necesita esta parte de mí?, ¿qué historia se activa aquí?, ¿qué pasaría si no tuviera que resolverlo todo en este momento?
En arteterapia, la curiosidad permite mirar una mancha, un trazo, una palabra suelta o una imagen inesperada sin exigirle sentido inmediato. Algo parecido ocurre en la vida emocional: no todo lo que aparece necesita juicio, corrección o prisa. Algunas cosas necesitan una mirada capaz de quedarse un poco más, escuchar con respeto y permitir que el proceso encuentre su propio lenguaje.
Donde hay juicio, el proceso se cierra. Donde hay curiosidad, algo puede empezar a hablar.
¿Qué parte de ti necesita menos juicio y más curiosidad hoy?