27/06/2026
Veo con preocupación que hay quienes nombran “psicópata” a ese sano hijo del patriarcado, y preocupa porque entonces, al “patologizar” un patrón social de violencia doméstica masculina, aprendido y reforzado históricamente por la familia, el sistema legal, la iglesia, el estado, la cultura y demás instituciones de poder, borramos el problema de raíz, y entonces, se entiende que él como individuo no hizo nada malo, solo tiene una condición mental que le impidió ver qué hizo algo malo.
Si reducimos un patrón de comportamiento, que surge a partir del ejercicio de poder y control hacia quien históricamente se ha considerado como “el s**o débil”, entonces quitamos todo: intención, conocimiento de las consecuencias y su cero preocupación hacia ellas pues este sujeto se sabe protegido por todas las instituciones antes mencionadas.
Patologizar lo exime de la responsabilidad de sus actos, el patriarcado se encarga de ver hacia otro lado, o en muchos casos, de festejar, celebrar y premiar la conducta de doblegar a quien le debe obediencia.
No es un hombre enfermo, es un hombre completamente sano, que se ha adaptado a los códigos sociales que le posicionan como alguien poderoso, dentro y fuera de la casa, porqué obviamente, le trae muchos beneficios adaptarse a ello.
Este hombre sano, cree que su vida, su persona, sus ideas, importan más que las de su compañera.
Este hombre sano cree, que debe someter a las personas “a su cargo”, y que literalmente es el rey de su micro sistema, en el que puede hacer lo que se le plazca. Afuera hay otros reyes de otros microsistemas que lo respaldan, y mujeres alineadas a esta estructura de pensamiento, que consideran más conveniente darle a los hombres violentos por su lado y protegerlos, que cuestionar estos patrones violentos.
Esto sucede con un ex director de Pemex, con un trabajador, un profesionista, un obrero, no importa el nivel cultural, educativo o económico del agresor, ni el de la víctima.
Los hombres violentos nos hacen sentir que no tenemos más opciones que seguir ahí, que nadie nos va a creer si rompemos el silencio, que el silencio nos protege y protege a nuestra hijas e hijos. Mentira, nuestro silencio sólo los protege al agresor.
Si vives o viviste algo similar y aún cargas con las consecuencias emocionales y psicológicas, puedo acompañar tu transitar hacia un futuro preferido, mereces una vida libre de violencia, mereces liberarte de las cargas que esa violencia te dejó.
No estás sola.
Soy Karla Alonso, psicoterapeuta, mamá y, si, también sobreviviente de violencia doméstica. Si quieres acompañamiento, escríbeme.
Imagen tomada de internet.