Evalúa

Evalúa Evaluación, psicodiagnóstico, atencion y capacitación para personas y empresas. Grupal e individual.

Evalúa es un despacho que ofrece un amplio espectro de servicios del área de la psicología clínica, organizacional y pscioeducativa. Conformado por profesionales especializados en psicología clínica, adicciones, psicoterapia y comportamiento del consumidor. Todos ellos dedicados al quehacer del crecimiento integral de empresas y la promoción de la salud mental en todas sus aplicaciones. Las áreas

de acción de Evalúa son:

- Atención psicológica y de orientación a individuos y grupos

- Asesoría y orientación a microempresarios y organizaciones

- Capacitación en los diversos campos de la psicología clínica y
organizacional.

- Evaluaciones para las diferentes áreas a través de sistemas
especializados de psicometría.

- Realización de Investigaciones de mercados,

En Evalúa consideramos que es importante que tanto los microempresarios como los prestadores de servicios profesionales se mantengan en constante actualización, con el fin de ofrecerles a sus clientes y consumidores un trato y atención adecuadas que ayude a mejorar sus empresas. Esto permite que los profesionales sirvan eficazmente a sus clientes y obtengan un mejor posicionamiento dentro del mercado. Por lo que una forma de mantenerse a la vanguardia de los cambios es tomar clases de educación continua con validez curricular, que integran la teoría, la investigación y la práctica. Porque nosotros creemos que hay mucho más campos y alcances en donde la psicología puede llegar y Evalúa te acerca a ellos.

22/06/2026

LA GENERACIÓN Z ESTÁN DECIDIENDO NO BEBER ALCOHOL

La Generación Z está transformando hábitos de consumo que durante décadas parecían inalterables. Diversos análisis indican que muchos jóvenes prefieren reducir o evitar el consumo de alcohol, priorizando aspectos como el bienestar físico, la salud mental y una mayor sensación de control sobre su vida cotidiana.

Este cambio de comportamiento ha tenido repercusiones económicas importantes. Algunos informes señalan que la disminución en el interés por las bebidas alcohólicas ha contribuido a una pérdida cercana a un billón de dólares en el valor de la industria. Paralelamente, han ganado popularidad alternativas como el té, las bebidas funcionales y los cócteles sin alcohol.

Los elevados costos asociados a la vida nocturna también influyen en esta tendencia. Muchos jóvenes optan por actividades sociales diferentes que requieren menores gastos y se alinean con estilos de vida más saludables.

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07/06/2026

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Una neurocientífica noruega pasó casi 20 años demostrando algo que nuestras abuelas ya sabían de forma intuitiva:

la mano que escribe enseña al cerebro de una manera distinta a los dedos que solo presionan teclas.

Se llama Audrey van der Meer.

Trabaja en Trondheim, dirige un laboratorio de investigación cerebral y lleva años estudiando algo que muchas personas hoy consideran una “costumbre anticuada”: escribir a mano.

En 2024, su equipo publicó un estudio que debería hacer reflexionar seriamente a escuelas, universidades y padres.

El experimento fue sencillo.

A 36 estudiantes les colocaron unos gorros especiales con 256 sensores, capaces de registrar la actividad eléctrica del cerebro. En una pantalla aparecían palabras, una tras otra.

A veces, los estudiantes tenían que escribir la palabra a mano, usando un lápiz digital sobre una pantalla táctil.

Otras veces, tenían que escribir exactamente la misma palabra en un teclado.

La misma palabra.

La misma persona.

El mismo cerebro.

Pero el resultado era completamente diferente.

Cuando los estudiantes escribían a mano, el cerebro literalmente se despertaba. Se activaban áreas relacionadas con la memoria, la atención, el procesamiento sensorial y el aprendizaje de nueva información. Distintas regiones del cerebro empezaban a “hablar” intensamente entre sí.

Como si se encendiera todo un sistema.

Pero cuando esos mismos estudiantes simplemente tecleaban la palabra, esa red compleja casi desaparecía.

El cerebro trabajaba de una manera mucho más pobre.

Como si una parte del proceso se hubiera apagado.

Y la razón no estaba en romantizar el papel ni en sentir nostalgia por los cuadernos.

La razón estaba en el movimiento.

Escribir a mano no es un gesto simple. Son miles de pequeños micromovimientos. Cada letra tiene una forma distinta. Para escribirla, el cerebro debe coordinar los ojos, los dedos, la muñeca, el pensamiento espacial, la memoria y el movimiento.

Cuando escribes la letra “b”, el cerebro resuelve una tarea.

Cuando escribes la “d”, resuelve otra.

Cuando escribes una palabra, el cerebro trabaja constantemente: corrige, compara, ajusta, recuerda.

¿Y qué ocurre al escribir en un teclado?

Las teclas son diferentes, pero el movimiento es casi el mismo.

Presionar.

Presionar.

Presionar.

Para el cerebro, es un proceso mucho más simple. Casi no tiene que “construir” nada a través del cuerpo.

Por eso Audrey van der Meer advierte: si un niño aprende a leer y escribir principalmente en una tableta, puede no desarrollar esa experiencia corporal que ayuda al cerebro a distinguir las letras.

Por ejemplo, la “b” y la “d”.

Para un adulto parece una tontería.

Para el cerebro de un niño, es un mundo entero de diferencia.

Porque el niño no solo ve una letra.

Tiene que sentir cómo esa letra nace bajo su mano.

Y eso cambia la forma de aprender.

A una conclusión parecida llegaron antes investigadores de Princeton: Pam Mueller y Daniel Oppenheimer. Compararon a estudiantes que tomaban apuntes en laptops con otros que escribían a mano.

El resultado fue muy revelador.

Quienes usaban teclado anotaban más.

Pero entendían menos.

A menudo transcribían casi palabra por palabra lo que decía el profesor, como si se convirtieran en grabadoras humanas.

Quienes escribían a mano, en cambio, no podían copiarlo todo. Físicamente no alcanzaban. Tenían que escuchar mejor, elegir lo importante, resumir, reformular y escribir el sentido con sus propias palabras.

Y ahí estaba la verdadera esencia del aprendizaje.

No en la cantidad de frases anotadas.

Sino en que el cerebro tenía que pensar.

El teclado permitía saltarse ese paso.

La mano obligaba a atravesarlo.

Por eso olvidamos tan fácilmente muchas cosas que apuntamos rápido en el teléfono.

No porque tengamos mala memoria.

Sino porque el cerebro no llegó a trabajar de verdad con esa información.

Presionamos unas teclas.

Guardamos el texto.

Cerramos la nota.

Y casi nada pasó dentro de nosotros.

Escribir a mano nos vuelve más lentos.

Y precisamente por eso puede llevarnos más profundo.

Nos obliga a elegir.

A pensar.

A sentir la forma.

A construir conexiones.

A recordar no solo con los ojos, sino también con el cuerpo.

En un mundo donde queremos hacerlo todo más rápido, esto suena casi paradójico:

el camino más lento puede ser el más eficaz.

Quizá ese sea uno de los grandes problemas de nuestra época.

Aprendimos a registrar información rápidamente.

Pero cada vez la asimilamos con menos profundidad.

Guardamos miles de notas.

Pero recordamos cada vez menos.

Fotografiamos páginas.

Copiamos citas.

Creamos listas en aplicaciones.

Y luego nos preguntamos por qué las ideas no se quedan con nosotros.

Tal vez la respuesta sea muy simple.

Toma un bolígrafo.

Abre un cuaderno.

Escribe lo que de verdad importa.

No por estética.

No por nostalgia.

Por tu cerebro.

Porque a veces la mejor tecnología para aprender no es una nueva aplicación.

Sino un viejo bolígrafo, una hoja de papel y unos minutos de atención tranquila.

Teclear algo rápido es fácil.

Escribirlo a mano es dejar que la idea pase por ti.

Y lo que pasa por la mano, muchas veces se queda mucho más tiempo en la mente.

05/06/2026

Porque no estoy pagando únicamente una hora de conversación, estoy pagando un espacio que fue reservado para mí, una preparación profesional y un compromiso mutuo con el proceso terapéutico.

Entender esto también es parte de la terapia:
aprender que el tiempo de los demás tiene valor, aunque decidamos no utilizarlo.

03/06/2026
03/06/2026

No se valora a un hombre hasta que descubres todo lo que cargaba en silencio.

De niño, crees que tu padre es de hierro. Que nunca se cansa, que siempre sabe qué hacer y que los problemas rebotan en él como la lluvia sobre una roca.

Pero los años revelan una verdad distinta.

También tuvo miedo. También dudó. También hubo noches en las que no sabía cómo iba a salir adelante. La diferencia es que siguió caminando mientras el peso intentaba doblarle la espalda.

Muchos hombres no cuentan sus batallas. Las pelean.

Y cuando por fin entiendes eso, dejas de ver a tu padre como un hombre invencible y empiezas a verlo como algo más admirable:

Un hombre común que decidió ser fuerte cuando nadie más podía hacerlo.

Ahí es cuando nace el respeto verdadero. 🏛️⚔️

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