16/04/2026
Hoy hace tres años decidí dejar mi querido Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, pero no me jubile, decidí renunciar…
Los cambios a la ley del ISSSTE en el 2007 impulsados (impuestos diría yo) por los neoliberales Felipe Calderón y Javier Lozano impidieron que me pudiera jubilar a pesar de tener 32 años de servicio.
32 años de mi vida divididos de la siguiente forma: Veinticinco años de adscrito, cinco años de residente y dos años como ayudante de profesor de fisiología en la UNAM gracias a mi querido maestro Baltazar Barrera Mera.
Tomar tan importante decisión en mi vida no fue tan difícil pues por esos años yo ya no era feliz yendo al Hospital General, como lo fui durante los veintitantos años previos, incluyendo los hermosos años de residencia y de pregrado con mi querida maestra Josefina Tejera Laguna en el grupo 3005 de la UNAM.
No fue un solo factor el que me hizo tomar la decisión. La distancia con mi lugar de residencia y los tiempos de traslado sin duda tuvieron mucho que ver, pero también el Hospital y el sistema de atención fueron cambiando, este hospital dejó de ser aquel Hospital, del cual yo me enamoré, siendo estudiante de tercer año.
Además yo sentía la necesidad de hacer otras cosas en mi vida y el ritmo del Hospital no me lo permitía, entonces era momento de tomar la decisión: Ser feliz o aguantarme otros seis años durante los cuales probablemente iba a renegar de mi querido Hospital al cual tanto quiero y le debo tanto. Y yo nunca haré eso. Tengo muy bien claro lo que represento en mi vida académica y personal este hospital.
Algo que aceleró a tomar la decisión de dejar el HGM, fue leer un libro de Vivian Abenshushan titulado ”Escritos para desocupados”
Esta obra de la escritora—egresada de Filos de la UNAM por cierto— constituye “Un alegato contra el trabajo contemporáneo. Una invitación a matar al jefe (simbólicamente hablando). Un llamado de atención sobre las nuevas condiciones de explotación a la que somos sujetos. Y también: un recuerdo sobre nuestro derecho inalienable al ocio auténtico, no secuestrado por el consumo. (sic)”
Lo acabe de leer y fui a llevar mi renuncia a recursos humanos.
Pero Maté a mi jefe (simbólicamente hablando) y unos días después me encontré a Vivían en la feria del “Libro y la Rosa” de la UNAM y le pedí me autografiara su libro, mientras ella escribía, le platiqué que había decidido renunciar después de leer su libro, ella sorprendida me dijo:
“-Y ahora doctor…¿quién va a atender a los enfermos?- y esbozó una sonrisa.
Su dedicatoria dice:
Para Miguel,
Estos
“ESCRITOS PARA
DESOCUPADOS”
para recuperar
el goce vital.
Que este tiempo
liberado esté
lleno de aprendizajes
otros !
23-Abril-2023
Cuando leí la dedicatoria sentí que en tan solo un minuto que interactúamos y cruzamos unas cuantas palabras, ella percibió mi sentir y los motivos de mi renuncia…
“Goce vital” y “Aprendizajes otros” eran palabras claves en esa dedicatoria.
Eso es justo lo que estoy haciendo de mi vida en estos años, aprendiendo cosas nuevas, tomando talleres de escritura creativa, leyendo mucho—todo lo que la medicina no me permitió—tomando talleres de Bonsai( ya tengo como 10 árboles) y plantitas en general, cocinando mucho que es otro de mis grandes gustos y lo hago muy bien, jugando diario y recostándonos en la hamaca con mis tres perr@s, haciendo ejercicio y aun jugando fútbol y basketball con veteranos, conviviendo más con mis hijos y viajando mucho con mi Florecita, cuando se nos pegue la gana y sin tener que ir a “pisar alfombrita” con algún jefe para que me autorice mis vacaciones o días económicos (lo cual es un derecho )
Debo de estar muy agradecido con mis compañeros urólogos y mis compañeras enfermeras porque a pesar de que no fue una jubilación sino una renuncia, unos me hicieron comida de despedida en la “Capulina” y en la unidad 105 y en el turno vespertino las enfermeras llevaron mariachi, hubo bailongo y última checada (aunque yo nunca chequé y no sabía cómo hacer la simulación ese último día). Todo en compañía de mis queridos hijos y mi esposa. Fue un gran detalle que siempre llevaré en el corazón.
Creo que haber dejado el trabajo institucional , ha sido la mejor decisión que he tomado en los últimos años de mi vida. Trabajar y morir fueron los castigos divinos por probar el fruto prohibido y los hombres hemos vivido siempre tratando de escapar de ellos; sin embargo ahora el individuo privilegia el dinero al ocio.
El no hacer nada, ante los ojos del capitalismo y de la producción se considera “perder el tiempo”.
Incluso hay quien va más lejos, y afirma que el trabajo es salud.
Cómo sentencia Vivian Abenshushan al final de su primer capítulo:
“Si el trabajo es salud que trabajen los enfermos”