13/05/2026
Ya con buenos años trabajando en la clínica, puedo decir que gran parte de los malestares emocionales que llegan a consulta tienen raíces en la relación con mamá y papá.
No porque hayan sido “malos padres”, sino porque muchas veces también criaron desde sus propias heridas, carencias y aprendizajes no resueltos.
La infancia no se borra.
Las palabras, silencios, ausencias, exigencias o falta de afecto dejan huellas profundas en la manera en que hoy nos relacionamos, amamos, ponemos límites y hasta en cómo nos vemos a nosotros mismos.
Sanar no siempre significa culpar. La clave está en comprender y resignificar, y desde ahí aprender a darnos aquello que en algún momento nos faltó.
Y sí… muchas veces el adulto que hoy lucha con ansiedad, inseguridad, miedo al abandono o necesidad constante de aprobación, fue un niño que solo necesitaba sentirse visto, escuchado y amado.
La buena noticia es que las heridas emocionales sí pueden trabajarse.
Conocer y entender las historias, nos permite sanar. Pero esto solo se logra con trabajo emocional. 😘