Centro de Evaluación, Diagnóstico e Intervención Psicológica

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Psicoterapia, Peritajes, Psicodiagnostico, Cursos Desarrollo Humano, Conferencias, Investigación en salud mental,

Asimilación y acomodación del aprendizaje: ¿por qué damos vacaciones a nuestros pacientes?En los procesos de intervenció...
23/08/2026

Asimilación y acomodación del aprendizaje: ¿por qué damos vacaciones a nuestros pacientes?

En los procesos de intervención psicológica y neuropsicológica solemos pensar que más sesiones significan necesariamente más avances. Sin embargo, aprender no consiste únicamente en recibir información, practicar habilidades o repetir ejercicios. El aprendizaje también necesita tiempo para organizarse, integrarse y utilizarse fuera del espacio terapéutico. Por ello, en CEDIP consideramos que los periodos de descanso pueden formar parte del proceso de intervención cuando se indican de manera planificada y de acuerdo con las necesidades de cada paciente.

Desde la perspectiva del desarrollo cognitivo, podemos comprender este proceso mediante dos conceptos fundamentales: asimilación y acomodación.

La asimilación ocurre cuando una persona incorpora nuevas experiencias utilizando los conocimientos y estructuras que ya posee.

La acomodación aparece cuando esas estructuras necesitan modificarse porque lo nuevo ya no puede comprenderse o resolverse exactamente de la misma manera. Ambas forman parte de un proceso continuo de adaptación y construcción del aprendizaje.

Durante las sesiones, niñas, niños y adolescentes reciben estrategias, practican habilidades, enfrentan retos y desarrollan nuevas formas de responder ante diferentes situaciones. Pero una habilidad aprendida dentro del consultorio todavía necesita trasladarse a la vida cotidiana. El verdadero objetivo no es que el paciente funcione adecuadamente únicamente durante la terapia, sino que pueda utilizar lo aprendido en casa, en la escuela y en sus relaciones sociales.

Aquí es donde los periodos de descanso pueden adquirir una función importante. Dar vacaciones no significa abandonar el tratamiento ni detener el desarrollo. Significa permitir un espacio en el que el paciente pueda poner en práctica sus recursos con menor apoyo directo del terapeuta, mientras la familia observa qué aprendizajes se mantienen, cuáles comienzan a generalizarse y en qué situaciones continúan apareciendo dificultades.

Además, el aprendizaje requiere consolidación. El cerebro necesita tiempo para estabilizar conocimientos y habilidades adquiridas mediante la experiencia y la práctica. Por ello, descansar no es lo contrario de aprender. Cuando está adecuadamente indicado, el descanso puede favorecer que lo trabajado deje de depender exclusivamente del contexto terapéutico y comience a formar parte del funcionamiento cotidiano del paciente.

Las vacaciones también ofrecen información clínica valiosa. Al regresar podemos preguntarnos: ¿qué habilidades permanecieron?, ¿cuáles pudo utilizar sin ayuda?, ¿qué dificultades reaparecieron?, ¿qué estrategias utilizaron los padres?, ¿qué ocurrió en ambientes naturales? Estas respuestas permiten ajustar los objetivos y evitar que la intervención se convierta simplemente en una sucesión indefinida de sesiones.

Por supuesto, no todos los pacientes requieren vacaciones al mismo tiempo ni con la misma duración. La decisión debe considerar los objetivos terapéuticos, el momento del proceso, la estabilidad alcanzada, las características del paciente y las condiciones familiares. En determinados casos será necesario mantener continuidad; en otros, una pausa programada puede resultar pertinente.

En CEDIP entendemos la intervención como un proceso que debe promover progresivamente autonomía, generalización y adaptación, no dependencia permanente de la terapia. Por eso, cuando damos vacaciones a un paciente, no necesariamente estamos interrumpiendo su aprendizaje: podemos estar brindándole la oportunidad de asimilar lo aprendido, acomodarlo a nuevas experiencias y demostrar que puede utilizarlo en su propia vida.

Porque también se aprende cuando dejamos espacio para poner en práctica lo aprendido.

Saludos

Dr. Nehemias Cuamba Osorio
Director de CEDIP
Profesor Investigador en Universidad de Sonora
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores SNII

Inclusión hasta que incluir se vuelve difícilHay instituciones educativas que hablan de inclusión, diversidad y respeto ...
21/08/2026

Inclusión hasta que incluir se vuelve difícil

Hay instituciones educativas que hablan de inclusión, diversidad y respeto a las diferencias como parte de sus principios. Sin embargo, estos conceptos adquieren verdadero significado cuando llega a sus puertas un estudiante que necesita algo distinto a lo habitual.

Es entonces cuando la inclusión deja de ser discurso y comienza la prueba.

Resulta preocupante que todavía existan niñas y niños que encuentren cerradas las puertas de una escuela debido a sus necesidades de desarrollo, aprendizaje, comunicación, conducta o adaptación. En ocasiones, la explicación es que la institución “no cuenta con los recursos”, “no tiene personal especializado” o considera que el estudiante estaría mejor atendido en otro espacio.

Es válido reconocer las limitaciones institucionales. Lo cuestionable es cuando esas limitaciones terminan convirtiéndose sistemáticamente en una razón para excluir al estudiante.

Porque entonces trasladamos el problema.

En lugar de preguntarnos qué necesita transformar la institución para responder a la diversidad, terminamos preguntándonos qué características debe tener un niño para poder pertenecer a ella.

Y ahí existe una contradicción importante.

La inclusión educativa no consiste en aceptar únicamente a quienes pueden adaptarse sin demasiadas modificaciones a una estructura previamente establecida. Precisamente cobra sentido cuando un estudiante necesita apoyos, ajustes, estrategias diferentes o colaboración entre familia, escuela y profesionales.

Esto tampoco significa exigir que cualquier institución pueda atender cualquier situación independientemente de sus recursos. Existen necesidades que requieren apoyos altamente especializados y reconocerlo también forma parte de una actuación responsable. Pero esa excepción no debería convertirse en una salida automática ante la diferencia.

Una escuela inclusiva no es aquella que afirma que recibe a todos. Es aquella que, cuando encuentra una dificultad, primero se pregunta -qué puede hacer para eliminar las barreras que impiden la participación y el aprendizaje-, antes de concluir que el estudiante debe buscar otro lugar.

También necesitamos dejar de mirar la inclusión como un favor que una institución concede a determinadas familias.

El acceso a la educación, la participación y el sentido de pertenencia no deberían depender de qué tan sencillo resulte educar a una persona.

Si verdaderamente queremos hablar de inclusión, tendremos que aceptar algo incómodo: -la inclusión que solamente funciona cuando incluir es fácil no es verdadera inclusión-.

Las instituciones educativas también deben evolucionar.

Capacitar a su personal, construir redes con especialistas, realizar ajustes razonables, trabajar conjuntamente con las familias y reconocer que la diversidad humana forma parte natural de cualquier comunidad educativa.

Porque quizá ha llegado el momento de dejar de preguntarnos:

¿Este estudiante puede entrar a nuestra escuela?

y comenzar a preguntarnos:

¿Qué tenemos que hacer como escuela para que también pueda aprender y pertenecer aquí?

Saludos

Dr. Nehemías Cuamba Osorio
Director Centro de Evaluación Diagnóstico e Intervención Psicológica y Neuropsicológica
Profesor Investigador en Universidad de Sonora
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

22/07/2026
13 de julio | Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)Hablar del TDAH es hablar d...
14/07/2026

13 de julio | Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)

Hablar del TDAH es hablar de comprensión, de ciencia y de oportunidades.

Durante muchos años, niñas, niños, adolescentes e incluso personas adultas con TDAH fueron etiquetados como "flojos", "desobedientes", "mal educados", "inquietos" o "problemáticos". Hoy sabemos que estas etiquetas no solo son incorrectas, sino que pueden afectar profundamente su autoestima, su desarrollo y sus relaciones.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por dificultades persistentes en la atención, el control de los impulsos y/o la regulación de la actividad motora. No todas las personas presentan los mismos síntomas; algunas tienen un predominio de inatención, otras de hiperactividad e impulsividad, y muchas manifiestan una combinación de ambas características. Su diagnóstico requiere una evaluación integral realizada por profesionales capacitados y nunca debe basarse únicamente en la opinión de la escuela o de la familia.

También es importante recordar que no toda persona inquieta o distraída tiene TDAH. Para establecer el diagnóstico, las características deben presentarse desde la infancia, mantenerse durante varios meses, aparecer en distintos contextos como el hogar, la escuela u otro, y generar un impacto significativo en la vida cotidiana. Además, es indispensable descartar otras condiciones que puedan explicar las dificultades observadas.

La evidencia científica ha demostrado que el TDAH tiene un origen multifactorial, donde participan factores genéticos, biológicos y ambientales. No es consecuencia de una mala crianza, de la falta de límites, del consumo de azúcar o de la falta de interés por aprender. Estos mitos solo mantienen el estigma y retrasan el acceso a una atención adecuada.

El tratamiento tampoco consiste únicamente en medicamentos. El manejo más efectivo suele ser integral, individualizado y multidisciplinario, involucrando a la familia, la escuela y profesionales de la salud. La psicoeducación, la intervención psicológica, el apoyo escolar, el entrenamiento para madres, padres y docentes, y, cuando está indicado, el tratamiento farmacológico, permiten que las personas con TDAH desarrollen estrategias para potenciar sus fortalezas y disminuir el impacto de las dificultades.

Como sociedad, tenemos una responsabilidad compartida: dejar de juzgar conductas que no comprendemos y comenzar a generar espacios donde las diferencias sean entendidas desde la evidencia científica y no desde los prejuicios.

En este Día Internacional del TDAH recordemos que un diagnóstico no define a una persona. Lo que realmente transforma vidas es una detección oportuna, una intervención basada en evidencia y el compromiso de familias, escuelas y profesionales para construir entornos donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de aprender, desarrollarse y participar plenamente.

Informar reduce el estigma. Comprender genera inclusión. Actuar oportunamente cambia vidas.

Dr. Nehemías Cuamba Osorio
Psicólogo Clínico Infantil y de la Adolescencia
Neuropsicólogo Infantil y de la Adolescencia
Director de Centro de Evaluación, Diagnóstico e Intervención Psicológica y Neuropsicológica (CEDIP)
Profesor Investigador en Universidad de Sonora
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

🧠 ¿Sabías que las emociones también influyen en el funcionamiento del cerebro?Cuando un niño o niña atraviesa situacione...
27/06/2026

🧠 ¿Sabías que las emociones también influyen en el funcionamiento del cerebro?

Cuando un niño o niña atraviesa situaciones de ansiedad, estrés, tristeza o preocupaciones constantes, es normal que algunas habilidades parezcan verse afectadas.

Esto puede reflejarse en dificultades para:
✨ Mantener la atención.
✨ Recordar información.
✨ Aprender con facilidad.
✨ Organizarse y planificar.
✨ Controlar impulsos.
✨ Expresar lo que piensa o siente.

Esto no significa automáticamente que exista un trastorno del neurodesarrollo.

En muchas ocasiones, el estado emocional está interfiriendo temporalmente con el rendimiento del niño o la niña.

Por eso, antes de llegar a conclusiones, es importante realizar una evaluación integral, considerando tanto el desarrollo neuropsicológico como el contexto emocional, familiar y escolar.

💙 En CEDIP creemos que comprender el origen de las dificultades es el primer paso para brindar la intervención adecuada.

📲 Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo o hija, estamos para orientarte.

Cuando la pantalla sustituye la experiencia: reflexiones sobre el uso excesivo de dispositivos electrónicos en niños, ni...
22/06/2026

Cuando la pantalla sustituye la experiencia: reflexiones sobre el uso excesivo de dispositivos electrónicos en niños, niñas y adolescentes.

Vivimos en una época en la que las pantallas forman parte de prácticamente todos los espacios de la vida cotidiana. Teléfonos inteligentes, tabletas, videojuegos, computadoras y redes sociales ofrecen oportunidades valiosas para aprender, comunicarse y entretenerse. Sin embargo, cuando su uso se vuelve excesivo, pueden comenzar a afectar áreas fundamentales del desarrollo infantil y adolescente.

El problema no radica en la existencia de la tecnología. Las pantallas no son enemigas del desarrollo. De hecho, utilizadas de manera adecuada pueden convertirse en herramientas educativas, de comunicación y de acceso al conocimiento. El desafío aparece cuando empiezan a reemplazar experiencias esenciales para el crecimiento emocional, social, cognitivo y físico.

Desde la Psicología del Desarrollo y la Psicología Social, sabemos que los niños y las niñas aprenden principalmente a través de la interacción con su entorno. El juego libre, la conversación, la exploración física, la convivencia familiar y las relaciones con sus pares son experiencias que favorecen la construcción de habilidades cognitivas y socioemocionales. Cuando una gran parte del tiempo disponible se destina al consumo de contenido digital, estas oportunidades pueden verse reducidas.

Uno de los efectos más estudiados del uso excesivo de pantallas es la disminución de las interacciones cara a cara. Las habilidades sociales no se desarrollan únicamente observando a otras personas; requieren práctica constante. Aprender a interpretar expresiones faciales, comprender emociones, esperar turnos, resolver conflictos y desarrollar empatía son competencias que se fortalecen mediante la convivencia real. Cuando la mayor parte de las interacciones ocurre a través de dispositivos electrónicos, algunos niños y adolescentes pueden presentar mayores dificultades para desenvolverse en contextos sociales presenciales.

Otro aspecto importante es la atención. Las plataformas digitales suelen estar diseñadas para captar y mantener el interés mediante recompensas inmediatas, cambios constantes de estímulos y contenidos altamente atractivos. Con el tiempo, algunos niños pueden acostumbrarse a niveles elevados de estimulación, haciendo que actividades que requieren esfuerzo sostenido, como leer, estudiar o escuchar una explicación en clase, resulten menos atractivas.

También se han observado efectos sobre la regulación emocional. Muchos menores comienzan a utilizar las pantallas como principal estrategia para manejar el aburrimiento, la frustración, la tristeza o la ansiedad. Aunque esto puede ofrecer alivio momentáneo, limita el desarrollo de otras habilidades necesarias para afrontar emociones difíciles. Aprender a tolerar la espera, resolver problemas o encontrar formas saludables de autorregulación son procesos fundamentales para la salud mental.

Durante la adolescencia aparece otro fenómeno relevante: la búsqueda de validación social a través de medios digitales. Los "me gusta", comentarios y seguidores pueden convertirse en indicadores de aceptación social. Cuando la autoestima depende excesivamente de estas formas de retroalimentación, aumenta la vulnerabilidad a la comparación social, la inseguridad y el malestar emocional.

Desde la perspectiva de la Teoría de la Comparación Social de Leon Festinger, las personas tendemos a evaluar nuestro valor comparándonos con otros. Las redes sociales amplifican este proceso al exponer constantemente versiones idealizadas de la vida de otras personas. Como resultado, algunos adolescentes pueden desarrollar percepciones distorsionadas sobre sí mismos, su apariencia, sus logros o sus relaciones.

El sueño es otra de las áreas afectadas. El uso de dispositivos antes de dormir se ha asociado con dificultades para conciliar el sueño, reducción en las horas de descanso y alteraciones en la calidad del mismo. Esto puede repercutir posteriormente en el estado de ánimo, el rendimiento académico y la capacidad de concentración.

No obstante, es importante evitar posiciones extremas. El objetivo no debe ser eliminar la tecnología, sino promover un uso equilibrado y consciente. La evidencia científica sugiere que los beneficios aumentan cuando las pantallas complementan las experiencias reales en lugar de sustituirlas.

Los padres, madres y cuidadores desempeñan un papel fundamental en este proceso. Más que centrarse únicamente en limitar el tiempo de pantalla, resulta importante observar qué actividades están siendo desplazadas. La pregunta clave no es solamente cuánto tiempo pasa un niño, niña o adolescente frente a una pantalla, sino qué está dejando de hacer durante ese tiempo.

¿Está jugando con otros pares?
¿Está conversando con su familia?
¿Está realizando actividad física?
¿Está desarrollando hobbies e intereses diversos?
¿Está durmiendo adecuadamente?

Cuando las pantallas comienzan a desplazar estas experiencias, es momento de intervenir.

La tecnología seguirá formando parte de nuestras vidas y de las futuras generaciones. La meta no es criar niños, niñas o adolescentes alejados de la tecnología, sino formar niñas, niños y adolescentes capaces de utilizarla sin depender de ella para sentirse entretenidos, aceptados o emocionalmente regulados.

Porque al final, ningún dispositivo puede sustituir completamente aquello que más favorece el desarrollo humano: las relaciones significativas, el juego, la exploración y la conexión con otras personas.

Las pantallas pueden captar la atención de una niña, niño o adolescente, pero son las experiencias humanas las que construyen su desarrollo.

Dr. Nehemias Cuamba Osorio
Psicólogo Clínico Infantil y de la Adolescencia
Neuropsicólogo Infantil y de la Adolescencia
Director CEDIP
Profesor Investigador UNISON y SNII

El día de hoy vi toy story 5 por primera vez, me llamo la atención  lo del uso de pantallas en la infancia y la niñez; m...
22/06/2026

El día de hoy vi toy story 5 por primera vez, me llamo la atención lo del uso de pantallas en la infancia y la niñez; mañana se viene escrito sobre el tema

¿Mayor cantidad de terapias significan mejores resultados? Una reflexión para madres, padres y profesionalesCuando una f...
20/06/2026

¿Mayor cantidad de terapias significan mejores resultados?
Una reflexión para madres, padres y profesionales

Cuando una familia recibe un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA), Discapacidad Intelectual o alguna otra condición del neurodesarrollo, es natural que surja el deseo de hacer todo lo posible para ayudar a su hijo o hija. En esa búsqueda, muchas familias terminan construyendo agendas llenas de citas: terapia de lenguaje, terapia ocupacional, psicología, apoyo académico, integración sensorial, terapia conductual, estimulación cognitiva y otras intervenciones adicionales.

Sin embargo, existe una pregunta que pocas veces nos detenemos a analizar: ¿más terapeutas realmente significan mejores resultados?

La respuesta no siempre es sí.

En muchas ocasiones, el problema no es la cantidad de profesionales involucrados, sino la falta de comunicación y coordinación entre ellos. Cuando cada terapeuta trabaja de forma independiente, con objetivos distintos y sin conocer lo que los demás están realizando, el niño o niña puede recibir mensajes, estrategias y expectativas diferentes según el lugar al que asiste.

Mientras un profesional trabaja tolerancia a la frustración, otro puede estar enfocándose exclusivamente en habilidades académicas. Mientras uno fomenta la autonomía, otro puede estar brindando demasiada ayuda. Mientras uno intenta disminuir determinadas conductas, otro puede reforzarlas sin darse cuenta. El resultado es que el niño o niña recibe múltiples intervenciones, pero no necesariamente un plan integral.

Además, debemos recordar que el desarrollo infantil no ocurre únicamente dentro de un consultorio. Las niñas y niños aprenden principalmente en los contextos donde viven: en casa, en la escuela, durante el juego, en las actividades cotidianas y en la convivencia con otras personas. Por ello, una habilidad que no logra generalizarse fuera de la terapia tiene un impacto limitado en la vida diaria.

También es importante considerar el bienestar del propio niño o niña. Una agenda saturada de terapias puede generar cansancio, frustración y reducción del tiempo disponible para jugar, descansar, convivir con la familia o participar en actividades recreativas. El juego libre, la interacción social y las experiencias cotidianas también forman parte del proceso de desarrollo y aprendizaje.

Las investigaciones y la experiencia clínica han mostrado que los mejores resultados suelen obtenerse cuando existe un trabajo coordinado entre familia, escuela y profesionales. Esto implica compartir objetivos claros, definir prioridades, utilizar estrategias consistentes y revisar periódicamente los avances para realizar los ajustes necesarios.

No se trata de recibir más terapias, sino de recibir las terapias adecuadas, con objetivos específicos y alineados con las necesidades reales de la niña o niño. En algunos casos, dos o tres profesionales trabajando de manera coordinada pueden generar avances más significativos que cinco o seis interviniendo de forma aislada.

Como profesionales, también es nuestra responsabilidad preguntarnos constantemente: ¿qué necesita realmente este niño en este momento?, ¿qué habilidades tendrán el mayor impacto en su calidad de vida?, ¿cómo podemos trabajar de manera conjunta para favorecer cambios funcionales y duraderos?

Porque el objetivo no es llenar la agenda de intervenciones, sino construir oportunidades de aprendizaje que ayuden al niño a desenvolverse con mayor independencia, bienestar y participación en su vida diaria.

La calidad de la intervención siempre será más importante que la cantidad de terapias.

Dr. Nehemias Cuamba Osorio
Psicólogo Clínico Infantil y de la Adolescencia
Neuropsicólogo Infantil y de la Adolescencia
Director CEDIP
Profesor Investigador UNISON y SNII

Hoy celebramos el orgullo de ser auténticamente quienes somos.El Trastorno del Espectro Autista (TEA) no es una enfermed...
18/06/2026

Hoy celebramos el orgullo de ser auténticamente quienes somos.

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) no es una enfermedad ni algo que deba ocultarse. Es una forma diferente de percibir, comprender y experimentar el mundo. Cada persona dentro del espectro posee fortalezas, talentos, intereses y maneras únicas de comunicarse y relacionarse.

El Día del Orgullo TEA nos invita a dejar atrás los prejuicios y a construir una sociedad donde la diversidad neurológica sea respetada, valorada e incluida. No se trata de buscar que todas las personas seamos iguales, sino de reconocer que nuestras diferencias enriquecen a la comunidad.

Como familias, profesionales, docentes y sociedad, tenemos la responsabilidad de promover espacios accesibles, comprensivos y respetuosos donde cada persona pueda desarrollarse plenamente y alcanzar su máximo potencial.

La inclusión comienza cuando dejamos de intentar cambiar a las personas y empezamos a comprenderlas.

Dr. Nehemias Cuamba Osorio
Psicólogo Clínico Infantil y del Adolescente
Neuropsicólogo Infantil y del Adolescente
Profesor Investigador UNISON Y SNII
Director CEDIP

Tu hija, tu hijo: tu espejo; lo que nuestros hijas e hijos reflejan de nosotros A veces creemos que educar consiste únic...
16/06/2026

Tu hija, tu hijo: tu espejo; lo que nuestros hijas e hijos reflejan de nosotros

A veces creemos que educar consiste únicamente en enseñar modales, poner límites o corregir conductas. Sin embargo, la crianza es mucho más profunda. Nuestros hijos e hijas aprenden menos de lo que les decimos y mucho más de lo que observan. En muchos sentidos, se convierten en un espejo que refleja nuestras fortalezas, nuestras heridas, nuestros recursos y también aquellas áreas de nuestra vida que aún necesitan atención.

Cuando un hijo o una hija tiene dificultades para regular sus emociones, suele ser común que los adultos nos preguntemos: ¿qué le está pasando? Pero pocas veces nos detenemos a cuestionarnos: ¿cómo estoy manejando yo mis propias emociones?

Los niños y las niñas aprenden a tranquilizarse observando cómo sus figuras de referencia enfrentan la frustración, el enojo, la tristeza o el miedo. Si crecen en un ambiente donde los conflictos se resuelven mediante gritos, silencios prolongados o descalificaciones, es probable que reproduzcan esas estrategias porque son las únicas que conocen. Por el contrario, cuando observan adultos capaces de reconocer sus errores, pedir disculpas y dialogar con respeto, incorporan esas habilidades como parte natural de su repertorio emocional.

Nuestros hijos e hijas también reflejan nuestras prioridades. Si constantemente estamos absorbidos por el trabajo, el teléfono o las preocupaciones diarias, pueden intentar recuperar nuestra atención a través de conductas que interpretamos como “mal comportamiento”. Muchas veces, detrás de un berrinche, una oposición persistente o una búsqueda constante de aprobación, existe una necesidad legítima de conexión. Los niños y las niñas no siempre saben expresar con palabras que necesitan más tiempo, más escucha o más presencia; por ello, lo comunican a través de su conducta.

Ver a nuestros hijos e hijas como un espejo no significa responsabilizarnos de todo lo que les ocurre ni asumir culpas innecesarias. Ellos son personas con temperamentos, características y experiencias propias. Existen factores biológicos, sociales y contextuales que influyen en su desarrollo. Sin embargo, reconocer nuestra influencia nos brinda una oportunidad valiosa: la posibilidad de crecer junto con ellos. En ocasiones, aquello que más nos irrita de nuestros hijos o hijas es precisamente lo que nos cuesta aceptar en nosotros mismos: la impaciencia, la necesidad de control, la dificultad para tolerar errores o la tendencia a posponer responsabilidades.

La crianza puede convertirse entonces en un camino de autoconocimiento. Cada desafío cotidiano nos invita a preguntarnos qué queremos transmitir y qué ejemplo estamos ofreciendo. ¿Estamos enseñando respeto siendo respetuosos? ¿Promovemos la empatía mientras invalidamos sus emociones? ¿Exigimos autocontrol cuando nosotros reaccionamos impulsivamente? Estas preguntas no buscan generar culpa, sino conciencia.

También es importante recordar que nuestros hijos e hijas no necesitan madres y padres perfectos. Necesitan adultos suficientemente disponibles, capaces de reparar cuando se equivocan. Un papá o mamá que dice: “Perdón, reaccioné mal”, está enseñando humildad. Una madre o padre que reconoce: “No tengo todas las respuestas, pero estoy aquí contigo”, está enseñando seguridad emocional. Los errores no dañan tanto como la incapacidad de reconocerlos y repararlos.

Mirar a nuestros hijos e hijas como un espejo puede resultar incómodo, pero también profundamente esperanzador. Si aprenden observándonos, cada cambio positivo que realizamos en nuestra propia vida tiene el potencial de impactar en la suya. Trabajar en nuestra paciencia, cuidar nuestra salud mental, fortalecer nuestras relaciones y aprender nuevas formas de comunicarnos no solo nos beneficia a nosotros; se convierte en una herencia emocional para quienes más amamos.

Quizá la gran lección es comprender que educar no consiste en moldear a otro ser humano a nuestra conveniencia, sino en acompañarlo mientras nosotros también seguimos creciendo. Nuestros hijos e hijas nos muestran quiénes son, pero también nos recuerdan quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.

Porque, al final, tu hijo y tu hija no son un espejo para juzgarte, sino una invitación permanente a convertirte en la mejor versión de ti mismo.

Dr. NehemÍas Cuamba Osorio
Psicólogo Clínico Infantil y del Adolescente
Neuropsicólogo Infantil y del Adolescente
Profesor Investigador UNISON y SNII
Director CEDIP
















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