23/08/2026
Asimilación y acomodación del aprendizaje: ¿por qué damos vacaciones a nuestros pacientes?
En los procesos de intervención psicológica y neuropsicológica solemos pensar que más sesiones significan necesariamente más avances. Sin embargo, aprender no consiste únicamente en recibir información, practicar habilidades o repetir ejercicios. El aprendizaje también necesita tiempo para organizarse, integrarse y utilizarse fuera del espacio terapéutico. Por ello, en CEDIP consideramos que los periodos de descanso pueden formar parte del proceso de intervención cuando se indican de manera planificada y de acuerdo con las necesidades de cada paciente.
Desde la perspectiva del desarrollo cognitivo, podemos comprender este proceso mediante dos conceptos fundamentales: asimilación y acomodación.
La asimilación ocurre cuando una persona incorpora nuevas experiencias utilizando los conocimientos y estructuras que ya posee.
La acomodación aparece cuando esas estructuras necesitan modificarse porque lo nuevo ya no puede comprenderse o resolverse exactamente de la misma manera. Ambas forman parte de un proceso continuo de adaptación y construcción del aprendizaje.
Durante las sesiones, niñas, niños y adolescentes reciben estrategias, practican habilidades, enfrentan retos y desarrollan nuevas formas de responder ante diferentes situaciones. Pero una habilidad aprendida dentro del consultorio todavía necesita trasladarse a la vida cotidiana. El verdadero objetivo no es que el paciente funcione adecuadamente únicamente durante la terapia, sino que pueda utilizar lo aprendido en casa, en la escuela y en sus relaciones sociales.
Aquí es donde los periodos de descanso pueden adquirir una función importante. Dar vacaciones no significa abandonar el tratamiento ni detener el desarrollo. Significa permitir un espacio en el que el paciente pueda poner en práctica sus recursos con menor apoyo directo del terapeuta, mientras la familia observa qué aprendizajes se mantienen, cuáles comienzan a generalizarse y en qué situaciones continúan apareciendo dificultades.
Además, el aprendizaje requiere consolidación. El cerebro necesita tiempo para estabilizar conocimientos y habilidades adquiridas mediante la experiencia y la práctica. Por ello, descansar no es lo contrario de aprender. Cuando está adecuadamente indicado, el descanso puede favorecer que lo trabajado deje de depender exclusivamente del contexto terapéutico y comience a formar parte del funcionamiento cotidiano del paciente.
Las vacaciones también ofrecen información clínica valiosa. Al regresar podemos preguntarnos: ¿qué habilidades permanecieron?, ¿cuáles pudo utilizar sin ayuda?, ¿qué dificultades reaparecieron?, ¿qué estrategias utilizaron los padres?, ¿qué ocurrió en ambientes naturales? Estas respuestas permiten ajustar los objetivos y evitar que la intervención se convierta simplemente en una sucesión indefinida de sesiones.
Por supuesto, no todos los pacientes requieren vacaciones al mismo tiempo ni con la misma duración. La decisión debe considerar los objetivos terapéuticos, el momento del proceso, la estabilidad alcanzada, las características del paciente y las condiciones familiares. En determinados casos será necesario mantener continuidad; en otros, una pausa programada puede resultar pertinente.
En CEDIP entendemos la intervención como un proceso que debe promover progresivamente autonomía, generalización y adaptación, no dependencia permanente de la terapia. Por eso, cuando damos vacaciones a un paciente, no necesariamente estamos interrumpiendo su aprendizaje: podemos estar brindándole la oportunidad de asimilar lo aprendido, acomodarlo a nuevas experiencias y demostrar que puede utilizarlo en su propia vida.
Porque también se aprende cuando dejamos espacio para poner en práctica lo aprendido.
Saludos
Dr. Nehemias Cuamba Osorio
Director de CEDIP
Profesor Investigador en Universidad de Sonora
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores SNII