11/08/2026
Sé que alguien podría pensar: "¿Cómo puede un bebé tan pequeño entender de límites?"... Y justamente ahí está lo interesante… La respuesta está en algo que muchas veces los adultos pasamos por alto: los niños comunican mucho antes de poder explicarnos lo que sienten.
Ayer viví, como mamá y como psicóloga infantil, un momento pequeño en apariencia, pero muy significativo.
Mi papá, el abuelo de mi bebé, vino de visita y al despedirse le pidió un beso en la mejilla, aún siendo tan pequeño y con un lenguaje aún en desarrollo,apenas está comenzando a conocerlo realmente y a construir un vínculo con él. Aunque lo ha visto anteriormente, es ahora que está más grande cuando empieza a reconocerlo, buscarlo, preguntar por él en su propio lenguaje, saludarlo y sonreírle.
Su abuelo ha respetado siempre sus tiempos. No lo obliga a acercarse ni a tener contacto físico, y ayer ocurrió algo que me hizo sentir profundamente orgullosa.
Cuando le pidió un beso, mi bebé decidió no acercarse y simplemente le lanzó un beso desde lejos. Y su abuelo respetó esa decisión sin insistir.
Como mamá, me encantó ver que mi bebé pudo expresar un límite. Como psicóloga infantil, me pareció todavía más valioso observar que ese límite fue respetado por un adulto.
Porque los límites no son solamente algo que los adultos ponemos a los niños. Los niños también tienen derecho a poner límites a los adultos. Ser abuelo, tío, mamá, papá o cualquier otra figura familiar no significa tener derecho automático al cuerpo de un niño.
Un niño puede querer profundamente a alguien y, aun así, no querer darle un beso, un abrazo o tener contacto físico en determinado momento.
Y eso también debemos enseñarles: que decir “no” no significa ser grosero, que no tienen que demostrar cariño mediante contacto físico y que su cuerpo les pertenece.
Ayer mi bebé no solamente lanzó un beso.
A su manera, dijo: “Así quiero despedirme yo”.
Y encontró a un adulto que supo escucharlo.
Eso es lo que queremos construir desde la infancia: niños que conozcan sus límites, que puedan expresarlos y que sepan que serán respetados.
Porque a veces un niño no puede decir “no quiero” con palabras.
🤍Su cuerpo ya lo está diciendo. Y nuestra responsabilidad como adultos es aprender a escucharlo.