14/08/2026
Esta fotografía, fechada en 1896, captura una escena que ahora parece casi surrealista: un puesto de rayos X en una feria, apenas unos meses después del descubrimiento de rayos X por Wilhelm Conrad Röntgen en noviembre de 1895.
En ese momento, las radiografías seguían siendo una sensación real.
Mucho antes de convertirse en una herramienta esencial de la medicina, se presentaban al público como una de las grandes maravillas tecnológicas de su época.
En atracciones como el Teatro Opitz, los visitantes podían ver demostraciones, observar imágenes radiográficas e incluso poner la mano delante del equipo para visualizar sus huesos. También se podrían examinar objetos para demostrar la capacidad de los rayos
X para atravesar ciertos materiales.
La fotografía representa, por tanto, un momento extraordinario en la historia de la ciencia: las radiografías salieron de los laboratorios y llegaron a ferias populares como un espectáculo, curiosidad científica y experiencia visual sin precedentes.
El entusiasmo era enorme, pero el conocimiento sobre los riesgos de la exposición apenas empezaba a emerger. En 1897, el médico belga Jules de Nobele ya advirtió sobre los efectos perjudiciales de la exposición prolongada a rayos X.
A lo largo de las décadas, lo que antes se presentaba como una maravilla de feria se ha convertido en una de las herramientas más importantes en la medicina diagnóstica.
Desde el puesto de la feria hasta el hospital: una imagen que registra el nacimiento de una nueva era de la ciencia y la radiología.
Crédito fotográfico: Rayons X barraque, 1896 - SciFair Stories, Universidad de Amberes, Science at the Fair. Fuente: Tim Overkempe, X-rays at the Opitz Theatre: Nuevos inventos y maravillas técnicas (2025).