24/07/2026
Reflexiones sobre la conducta infantil como mensaje"
Psic. Adriana Osornio Jiménez (CPPMPM)
Objetivo: Generar conciencia en padres, madres y profesionales sobre cómo las conductas "difíciles" en la infancia son, en realidad, mensajes de necesidades emocionales no atendidas. A través de un relato en primera persona, se busca promover una crianza basada en la escucha, la validación y la mirada compasiva, entendiendo que detrás de una "rabieta, grito, berrinche, llanto o silencio" hay una historia que el niño o la niña aún no puede contar.
Desde la psicología del desarrollo entendemos que toda conducta es "comunicación". Los niños en sus primeros años carecen de un lenguaje emocional para decir "me sentí solo, avergonzado, con mucho miedo". Su cuerpo y su expresión conductual hablan por ellos. Nuestra tarea como adultos no es corregir la conducta, es traducir el mensaje.
Quiero compartir una reflexión que nos interpela a todos: padres, madres, cuidadores y profesionales de la salud.
Soy un niño y tengo 7 años. ¡Aunque nadie lo sabe, hoy fue un día difícil!
Como no tengo muchos amigos en la escuela y el compañero que a veces me junta, hoy se fue con otros niños a jugar en el recreo, quise ir con él, pero me dijo que no, sentí un n**o en mi garganta, recordé lo que dice mami: "no pasa nada". Aunque yo sí quería jugar con ellos, me aguanté y me quedé mirándolos, afuera del salón.
Al regresar de recreo, la maestra preguntó: "¿qué era un herbívoro?" Yo sí sabía, pero me equivoqué al responder. Unos compañeros se burlaron y quise reír también. Sentí mi cara caliente y también mis orejas; mi corazón se quería salir de mi pecho. Me acordé que mami dijo que al regresar comeríamos rico, porque vine sin tomar mi leche.
En la clase de educación física, ¡que me gusta mucho!, el profe nos pidió saltar obstáculos. Corrí, pero me tropecé y el profe gritó "¡arriba, no pasa nada!". Tenía sangre en mi rodilla, el codo estaba raspado, mis compañeros me veían. Quería llorar, pero tenía que aguantarme y caminé a la fila.
Ya no quería estar en la escuela. “Sentía como cuando te metes abajo del agua y no respiras, quieres aguantar, pero no puedes".
Sonó el timbre de salida. Tenía miedo de llegar a casa, sabía que me regañarían por lo que pasó. El pantalón lo tenía roto. ¿Qué les voy a decir? Al llegar, papi gritó: "¿qué hiciste? ¿Crees que tengo el dinero del mundo para comprar pantalones? ¡Yo a tu edad era más inteligente! ¡Aprende de tu hermanita y de tu prima, que son más pequeñas y cuidan mejor las cosas!".
¡Grité y dije no te quiero! Tenía mucho miedo. No sabían lo que estaba pasando. Quería irme: nadie jugaba conmigo en la escuela, no contesté la pregunta, mis compañeros se burlaron cuando me caí, aguanté porque soy un niño. Papi dice que no cuido las cosas y que solo las niñas lloran.
Mami se acercó y me abrazó, pero no podía dejar de llorar. Me dolía mi codo, no dije nada, no quería que se fuera de mí. Por fin alguien me escuchaba.
"Llora, llora mi pequeño, yo estoy contigo, no estás solo". No podía hablar. Mami dijo: "¿Quieres que revisemos esa rodilla o esperamos? Has de tener mucha hambre. ¡Yo sigo aquí contigo!". No podía hablar, respiraba rápido. Me dolía la rodilla, el codo y mucho la cabeza. Recordaba todo lo que me había pasado, quería decírselo, pero seguía llorando. No quería comer, solo estar con mami.
Desde la psicología entendemos que la conducta es el lenguaje que usan los niños cuando aún no tienen palabras para expresar dolor, sufrimiento, vergüenza, comparaciones o soledad. Antes de un grito, un empujón, una rabieta, silencio o lágrimas silenciosas, hay sucesos que el adulto no vio. "Nuestra tarea no es corregir al niño, es traducir su mensaje".
De acuerdo con las teorías de Freud y Erikson, entre otros, los primeros años de vida configuran el desarrollo físico, psicológico, emocional, relacional que influirá a lo largo de la vida del ser humano. Papás. Cuidadores, maestros, profesionales de la salud y sociedad, tenemos que promover claves valiosas como la comprensión, atención, tiempo, espacio y escucha para acompañar el desarrollo infantil con mayor sensibilidad, amor y eficacia.
Educar, cuidar y vincularse con un niño en estos primeros años no solo moldea su mente, sino también su salud emocional y su potencial humano. Por ello, crear entornos educativos, afectivos, respetuosos, seguros y estimulantes, es una de las formas más poderosas de transformar el presente... y el futuro.
Como padres, profesores y profesionales de la salud, el reto es:
1. Preguntar antes de corregir.
2. Validar antes de solucionar.
3. Regular antes de exigir.
Problamente no siempre podremos cubrir todas las necesidades de nuestros pequeños, pero sí podemos darles algo invaluable como: una mirada y una escucha que comprende desde el amor.
Sostener el dolor y el malestar nos requiere como familia y sociedad. Seamos voz para esos niños “que aguantan bajo el agua sin respirar”.
Inspirado en un relato de la página Crianza Segura, adaptado y ampliado desde la práctica clínica y la experiencia personal de la autora: Psic. Adriana Osornio Jiménez.