14/06/2026
El verdadero valor de una sesión
Hace tres meses llegó a mi consultorio un adolescente de 15 años. Su historia era dura. Había intentado quitarse la vida en varias ocasiones. No eran pensamientos pasajeros ni momentos aislados; eran intentos recurrentes que nos hablaban de un dolor profundo. Además, luchaba contra problemas de alimentación relacionados con la bulimia y la anorexia.
Su madre estaba desesperada. Quería ayudarlo, pero también enfrentaba una realidad que muchas familias conocen: los recursos económicos no siempre alcanzan. Entre gastos, responsabilidades y necesidades básicas, pagar un proceso psicoterapéutico constante se había vuelto muy difícil.
La primera sesión fue pagada por algunos de sus maestros. Ese gesto me recordó algo fundamental: la salud mental no es responsabilidad exclusiva de una familia o de un profesional; es una responsabilidad humana y social.
Después de escuchar su historia, hicimos un acuerdo diferente.
Le propuse que durante diez sesiones no me pagara con dinero. Le pedí que en cada encuentro trajera una pequeña despensa que no excediera los cien pesos: una bolsa de arroz, frijol, aceite o algún alimento básico. Todo lo que trajera sería guardado en una caja.
El plan era simple. Al terminar las diez sesiones, junto con él, su madre y otros usuarios que participan en esta dinámica, saldríamos a buscar personas que realmente no tuvieran qué comer para entregarles esas despensas.
En ese momento ocurrió algo extraordinario.
Desde el instante en que hicimos ese acuerdo, no solo estábamos construyendo un proceso terapéutico; estábamos construyendo un propósito. Y cuando una persona encuentra una razón para permanecer, la esperanza comienza a abrirse camino.
Hoy, durante una sesión, ocurrió algo que jamás olvidaré.
Mirando a su madre a los ojos, le dijo:
“Mamá, te quería dar un regalo, pero como no tengo dinero, el regalo más grande que te puedo dar es decirte que nunca me voy a volver a intentar matar. Quiero decirte que te amo, que voy a estar contigo muchos años más y que quiero ser piloto aviador o nutriólogo para ayudar y salvar a muchas personas que han pasado por lo mismo que yo.”
Hubo silencio.
De esos silencios que llenan una lugar más que cualquier palabra.
Y una vez más entendí que la psicoterapia no se trata únicamente de técnicas, modelos o intervenciones. Se trata de acompañar a un ser humano hasta que pueda volver a encontrar motivos para quedarse.
Hoy mi usuario me enseñó algo invaluable: cuando ayudamos a alguien a descubrir que todavía puede hacer el bien, servir a otros y construir un futuro, comenzamos a devolverle la esperanza.
Porque al final, no solo los usuarios aprenden en terapia.
Nosotros también.
Nos volvemos más humanos.
Y por eso mismo, más empáticos
Te invito a ver y escuchar mi primer video de Confesiones en psicoterapia https://youtu.be/jsIeGWiBIj0?si=fyQrN-2RWbzrYv3O