29/07/2026
Mi Gurú, Sri Yukteswar
¡Oh, Luz de mi vida! Tú derramaste la luz de la sabiduría sobre el sendero de mi alma. Siglos de oscuridad se desvanecieron ante los radiantes destellos de tu divina guía.
Como un niño inquieto, clamé por mi Madre Divina, y Ella vino a mí en la forma de ti: Swami Sri Yukteswar. En aquel sagrado encuentro, ¡oh, mi Gurú!, una chispa divina brotó de tu ser, y la leña de mi anhelo por Dios —acumulada a lo largo de innumerables encarnaciones— se encendió en un fuego de bienaventuranza. Con el toque dorado de tu gracia, todas mis preguntas encontraron respuesta.
Como respuesta al clamor de mi alma, después de largos años de espera, te encontré. Nuestros corazones vibraron con el gozo del Eterno. Amado Gurú, nos encontramos en esta vida porque ya nos habíamos encontrado antes.
Aunque todos los dioses se airaran contra mí, si tú estuvieras complacido conmigo, permanecería seguro en la fortaleza de tu favor. Pero si todos los dioses me protegieran con sus bendiciones y, sin embargo, yo careciera de tu bendición, sería como un huérfano, condenado a vagar espiritualmente entre las ruinas de tu desaprobación.
¡Oh, Gurú!, tú me elevaste de la tierra de la confusión al paraíso de la paz. El sueño de mi tristeza ha terminado; he despertado en la alegría.
Disueltas para siempre las limitaciones de nuestra existencia finita, juntos nos fundiremos en la Vida Infinita.
¡Oh, Maestro Inmortal!, me postro ante ti como la voz viviente del Dios silencioso. Me inclino ante ti como la puerta divina que conduce al templo de la salvación.
Deposito flores de devoción a tus pies; y las ofrezco también ante el altar de tu gurú, Lahiri Mahasaya, precursor del yoga para la era moderna, y ante su Maestro, el inmortal y omnipresente Babaji.
— Sri Paramahansa Yogananda
Susurros desde la Eternidad