06/08/2026
En una sesión de grupo casi no se habla.
La gente llega, se acomoda, se tapa, cierra los ojos. Y durante una hora, nadie te pregunta cómo estás, nadie espera que expliques nada, nadie necesita que seas amable. Solo estás ahí, entre otras personas que tampoco tienen que fingir estar bien.
Y pasa algo raro: ese silencio no se siente solo. Se siente acompañado.
Creo que subestimamos cuánto nos cansa el estar siempre disponibles. Responder, sonreír, sostener conversaciones, estar pendientes. Gran parte del agotamiento no es físico, es el peso de estar "activos" para los demás todo el día.
En grupo pasa lo contrario. Estás rodeado de gente, pero nadie te pide nada. Puedes soltar sin desaparecer. Descansar sin aislarte. Y tu cuerpo, que se pasa el día leyendo si el entorno es seguro, por fin encuentra un lugar donde la respuesta es sí.
He visto a personas llegar tensas, sin conocer a nadie en la sala, y salir una hora después más ligeras, sin haber cruzado una palabra con quien tenían al lado. Como si compartir el silencio bastara.
Porque basta.
No siempre necesitamos que nos hablen. A veces solo necesitamos estar cerca de alguien y que nadie nos pida nada.
¿Te ha pasado que descansas mejor acompañado que solo? Cuéntame. Te leo. 🌿