09/07/2026
A veces permaneces demasiado tiempo intentando traducir silencios que ya te están diciendo mucho.
Te adaptas a sus tiempos, justificas su distancia, esperas a que esté preparado, reduces lo que necesitas y procuras no pedir demasiado para que la relación no se rompa.
Pero poco a poco empiezas a sentirte sola estando acompañada.
Y esa soledad confunde, porque quizá la otra persona sigue ahí. Te escribe, os veis, compartís rutinas. Sin embargo, tú no te sientes cuidada, tenida en cuenta ni emocionalmente acompañada.
Psicológicamente, cuando un vínculo ofrece afecto de forma intermitente, puedes quedarte atrapada esperando la próxima señal de cercanía. Un buen día te devuelve la esperanza y hace que vuelvas a soportar semanas de frialdad, dudas o necesidades sin respuesta.
Entonces empiezas a preguntarte si estás pidiendo demasiado.
Pero querer comunicación, interés, cariño, coherencia y presencia no es exigir una relación perfecta. Son necesidades afectivas básicas.
También puedes comprender que alguien tenga heridas, dificultades para expresarse o un ritmo diferente, y reconocer al mismo tiempo que esa relación ya no te está haciendo bien.
Entender sus motivos no elimina el impacto que tiene en ti.
Y llega un momento en el que hablar con honestidad se convierte en una forma de dejar de abandonarte. Decir que no te sientes amada puede dar miedo, pero seguir fingiendo que te basta con tan poco termina doliendo mucho más.
No tienes que esperar a estar completamente rota para tomarte en serio lo que sientes.
A veces marcharte empieza cuando por fin reconoces que llevabas demasiado tiempo pidiendo amor en un lugar donde hasta lo básico parecía excesivo.
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