Psicoterapia y Terapia Psicosexual

Psicoterapia y Terapia Psicosexual Atención y servicios profesionales en Psicoterapia Individual y de Pareja. 1a sesión $1,000

Atención a problemas psicológicos y psicosexuales a través de técnicas psicoterapáuticas en un clima profesional seguridad y confidencialidad.

04/04/2026

La rutina y las inhibiciones masculinas del deseo y la excitación.
Si alguien nos preguntase si preferimos la actividad sexual rutinaria de la pareja o la emoción de una aventura sexual pasajera con una mujer atractiva y sin consecuencias, las respuestas seguramente estarían divididas justo a la mitad. ¿Porqué justo a la mitad?, porque los hombres solemos ser ambivalentes ante este tipo de opciones: queremos al mismo tiempo una pareja a largo plazo (que conozca nuestras debilidades, que nos acepte y con la cuál compartamos una intimidad mínima consensuada), pero también queremos novedad y variedad con otras mujeres para recuperar esa añorada pasión y revitalizar subjetivamente nuestra hombría.

Ante este panorama, es claro que la vida en pareja nos ofrece un conjunto de satisfacciones que no encontraremos jamás en otro tipo de relaciones y, para muchos hombres, ese reconocimiento se convierte en una fuerte motivación que mantiene la relación de pareja estable; las satisfacciones rutinarias pensamos, compensan con creces una innecesaria búsqueda de aventuras; sin embargo, esa rutina aburrida que disminuye la pasión a su mínima expresión, no destruye el deseo sino que simplemente lo oculta o lo desplaza. Si esto es así, sucederá que en cualquier momento y sin buscar premeditadamente un encuentro casual con alguna mujer, el hombre -independientemente del valor que le haya concedido a la exclusividad sexual y los votos de fidelidad que haya hecho-, sin lugar a dudas y sin que nadie lo haya convocado, sentirá la emergencia del deseo y la consecuente excitación ante la presencia de una mujer de su gusto (no cualquier mujer queda claro); ésta situación inesperada generará una breve disputa mental entre: "quiero/no quiero"; "puedo/no puedo", y este dilema tiende a resolverse estadísticamente al 50%; esto quiere decir que 5 buscaremos algo más y 5 diremos que no.

Entre los motivos más comunes por los cuales perdemos el deseo sexual por nuestra pareja cuando aun hay afecto, se mencionan en los libros: la rutina, el aburrimiento y los conflictos cotidianos. Se suele decir que el hombre en estos casos, ha perdido la motivación inicial de la novedad al mismo tiempo que esa maravillosa respuesta corporal juvenil que nos hace responder en automático ante la más leve estimulación dejó de funcionar; -cuando se presenta ésta situación, la mujer suele pensar que ha perdido su atractivo físico inicial y quizás sea cierto, pero el vínculo de pareja no se mide en cantidad de gramos o arrugas-. En realidad, lo que lleva a la rutina en la pareja es que no han encontrado la complicidad necesaria para expresar libremente lo que les es excitante y erótico más allá de los convencionalismos morales y sociales (sus fantasías y preferencias sexuales). La rutina no es más que la repetición monótona de actos físicos mecánicos que van perdiendo subjetivamente su atractivo cuando el erotismo no está presente.

¿Qué más?, bueno, hay otros casos de disminución y fluctuación del deseo sexual en hombres cuyo origen se encuentra en una respuesta de defensa psicológica involuntaria frente a situaciones que amenazan la integridad de su identidad. Los casos más comunes aparecen en hombres inseguros de su masculinidad o para quienes la actividad sexual no ocupa un lugar especialmente importante en su relación de pareja pero la mujer que aman es sexualmente demandante. Cuando esta disritmia sexual se vuelve irresoluble con los recursos disponibles en la pareja, puede dar paso a una involuntaria disminución del deseo masculino. Estos casos requieren de un tratamiento psicosexual que atienda la pérdida del deseo, la disritmia y en su caso, la inseguridad masculina.

Otro caso especial lo ocupan los hombres desganados sexualmente, que no sienten motivación alguna para intentar acercarse sexualmente a la pareja; por el contrario, esperan que ella los busque, los incentive, los excite y favorezca la actividad sexual hasta el orgasmo. Es posible que estos hombres -aunque no rechazan la actividad sexual-, tengan un deseo sexual bajo (hipoactivo) y que por consiguiente, se les dificulte buscar la actividad sexual prefiriendo ser receptivos a las demandas de su pareja de vez en cuando. Similar al caso anterior pero diferente, es que la actitud masculina en el terreno sexual sea de tipo pasivo (tipo que es más común en las mujeres); estos hombres esperan que su pareja tome la iniciativa y asuma el rol activo durante el encuentro sexual.

22/03/2026

Las fuentes del deseo sexual femenino: una mezcla variable de atracción física, vínculo emocional y estimulación física.

Cuando el deseo sexual -que facilita la excitación y el subsecuente encuentro sexual-, no aparece en la mujer en un primer momento cuando el hombre la demanda sexualmente, es posible, -aún sin ese deseo inicial-, lograr su excitación a través de la estimulación sensorial (tacto, oído, gusto, vista y olfato) por parte de quien busca la actividad sexual. En muchas parejas formales (de largo plazo), la demanda sexual del hombre hacia la mujer da paso a la "disposición" a la actividad sexual por parte de ésta, aunque sin deseo e incluso sin excitación; algunos hombres resienten ese tipo de aceptación "sin ganas", solo para "complacerlos".

En este último caso, el hombre quisiera que su pareja le muestre que lo desea aunque la mayoría de veces ellos mismos no contribuyen en nada para que esto suceda. En otras ocasiones, el hombre puede contribuir activamente a que la mujer encienda su deseo sexual ya que sabe por experiencia que por sí sola le será más difícil lograrlo. Sin embargo, no todos los hombres se "arriesgan" a despertar el deseo sexual de la mujer porque saben que terminarán generando expectativas que ellos mismos no podrán satisfacer, y ante esa posibilidad, algunos prefieren apelar solo su disponibilidad sexual porque dudan que su desempeño sexual (en cuanto a duración y firmeza), sea el mejor y que terminarán decepcionando a la pareja.

Hay casos en que el hombre, -a pesar de sus esfuerzos-, siente que la mujer no responde adecuadamente a sus atenciones y caricias; ésta situación que es más común de lo que parece, debería dar paso a una conversación abierta sobre el tema pero no siempre es así; en nuestro medio cada quien se queda con su propia interpretación de las cosas y se deja que la relación se desgaste. Los motivos que hacen que una mujer no sienta deseo con su pareja son muy variados y su resolución generalmente requiere de la atención profesional; sin embargo, antes de cualquier cosa, se pueden preguntar si no será la manera en que han intentando disfrutar de su intimidad la que no está funcionando y que lo que requieren es intentar modificarla; si esto funciona, el problema va en camino de resolverse.

La excitación sexual en hombres y mujeres proviene del deseo como una mezcla variable de componentes hormonales, estimulación sensorial y de una motivación mental figurativa que incluye expectativas, emociones y sentimientos, recuerdos e imaginación. El guión que gatilla al deseo puede derivar de expectativas y fantasías sexuales diferentes según los s**os. En las mujeres suelen predominar los aspectos afectivos y emocionales: "entrega", "sumisión", "perder el control", "ser poseída"; en el hombre parecen predominar aspectos instrumentales: "penetrar", "presionar", "obligar", "poseer", etc.

Es muy importante descubrir nuestro perfil erótico único (lo que nos hace despertar y mantener nuestro deseo sexual); de esa manera, podemos orientar a la pareja hacia aquellos detalles que nos ayudan a despertar y mantener el deseo sexual y desechar lo que no nos ayuda. De eso se trata. Si hay suficiente confianza con la pareja, podemos intercambiar nuestros detonadores sexuales para que la pareja contribuya de forma eficaz a facilitar el acceso a la intimidad erótica y llegar al orgasmo más fácilmente. O en caso, podemos ir indicando a la pareja lo que nos agrada más, para que, -con su ayuda-, se despierte y se mantenga nuestro deseo y excitación hasta su culminación en el orgasmo.

Aunque se puede, hay una gran diferencia entre tener relaciones sexuales con deseo que sin deseo, relaciones sexuales con excitación que sin excitación. Por lo tanto, vale la pena tratar de identificar -de preferencia con un profesional en la materia-, qué es lo que está inhibiendo la aparición del deseo. En estos casos se elabora un diagnóstico diferencial que permite tratar esta disfunción con bastante éxito. En la literatura s**ológica está problemática aparece dentro de la las alteraciones del deseo y se clasifica como "deseo sexual hipoactivo".

16/10/2025

No tienes que bajarte los pantalones
El dimorfismo sexual humano o sea las diferencias biológicas propias que diferencian a los s**os, es poco acentuado en la infancia y es muy difícil discriminar si estamos frente a un niño o una niña cuando están usando una ropa similar. Las únicas señales por las cuales nos guiamos para determinar el s**o a esa edad -sin la observación de los órganos sexuales-, son las denominadas características sexuales terciarias que tienen que ver con el vestuario y el arreglo personal que, -según el s**o-, se asigna a niñas y niños en cada cultura.
El proceso evolutivo nos ha dotado de una serie de características físicas que son propias de cada s**o y que nos permiten identificar, -incluso de lejos-, si esa persona es un hombre o una mujer. Estas características aparecen en la pubertad, alrededor de los 13/14 años, y se denominan caracteres sexuales secundarios. Estos caracteres nos dan la apariencia masculina o femenina que no sólo sirve para facilitar la identificación de un s**o u otro, sino que tiene que ver con la masculinidad y la femineidad y el atractivo físico derivado que constituye en la gran mayoría de casos, el preámbulo de una relación de pareja.
La acumulación de grasa en las caderas, nalgas y mamas redondeadas, la voz aguda casi infantil, piel suave y con escaso vello corporal, entre otras, constituyen esa apariencia femenina típica que nos indica que esa persona es una mujer. Cuerpo con más músculo que grasa corporal, voz grave, piel áspera y con abundante vello corporal entre otras, nos indican que esa persona es un hombre.
Existe un amplio rango de variaciones en nuestros caracteres sexuales secundarios, no sólo aquellos que diferencian a los los dos s**os, sino que existen también diferencias dentro de un mismo s**o (características intras**o); que nos hacen iguales pero diferentes. Es sabido que cada cultura destaca ciertos rasgos físicos como deseables y atractivos porque no son comunes en la población -ya que de lo contrario no habría porqué hacerlo-. Estos rasgos deseables se convierten en un patrón de referencia y comparación, que psicológicamente generan una presión sobre hombres y mujeres por asemejarse a esos modelos en aras de ser reconocidos o aceptados, que incluso los llevan a rechazar sus rasgos físicos propios modificándolos a través del maquillaje y la cirugía estética entre otros procedimientos.
Más allá de esa tendencia social hacia la homogeneidad física, alimentada por fines mercantiles como la moda, tenemos que aprender a aceptar y valorar nuestra apariencia física como algo propio y único, tomando conciencia de que no sólo "tenemos" esas características que pueden ser modificadas o no en cierto momento, sino que "somos" ellas mismas en una sola unidad mentecuerpo. No podemos distanciarnos de ellas sin al mismo tiempo, enajenarnos de nuestra identidad. Por lo antes dicho, se requiere una educación que psicológicamente nos ayude a asumirnos plenamente como esos hombres y mujeres auténticas, salidas del útero materno sin más moldes que los de la herencia de nuestros antepasados para resplandecer en nuestra integridad física, psicológica y social.
No siempre este camino es una tarea fácil, pero cada quien con el apoyo familiar y social, tendrá que aprender a llevarla a cabo de una u otra manera, por el bien de su salud mental.

28/01/2025

El tabú de la psicoterapia: ¿se puede atender profesionalmente a alguien con quien se comparte un vínculo afectivo o amistoso?
Probablemente existan cientos de tipos de relación humana tales como relaciones amistosas, relaciones profesionales, relaciones familiares, relaciones casuales, relaciones afectivas y muchas otras. Algunas de esas relaciones son temporales ya que caducan cuando las condiciones que les dieron origen cambian: al cambiar de casa la relación vecinos con ciertas personas desaparece; al finalizar su tratamiento la relación médica termina; la relación con el vendedor de autos desaparece al adquirir ese producto, etc. Es posible que algunas de estas relaciones temporales transmuten en otras de mediano y largo plazo (incluso de duración indefinida), tales como las amistosas, las familiares, y las afectivas, entre otras.
Existen relaciones de dependencia, de apoyo mutuo, de aprendizaje, de compra venta, de acompañamiento, de atención profesional, etc. Una característica de estas relaciones es que cumplen un objetivo o tienen un significado que es autónomo e irreemplazable (esto quiere decir que no se puede lograr el propósito de un tipo de relación a través de otro tipo de relación), cada tipo cumple su función.
Los argumentos anteriores me servirán para explicar con mayor facilidad que, la relación psicoterapéutica (como un tipo propio de relación), y cuya esencia es brindar ayuda profesional en el terreno de la experiencia subjetiva, no debe confundirse, -so pena de desvirtuar su propósito-, con cualquier otro tipo de relación y ha de mantener su autonomía.
Especial atención hay que prestar a que la relación psicoterapéutica (por el motivo que sea: cercanía, confianza, etc.), no transmute voluntariamente o no, a una relación amistosa o afectiva ya que al convertirse en otro tipo de relación perdería su objetivo. Sin embargo, esto no quiere decir que una relación psicoterapéutica -tal como muchos profesionales lo creen-, no pueda ser establecida cuando existe un vínculo amistoso o afectivo, exceptuando aquellos casos en que haya una clara incompatibilidad, conflicto de intereses u otra situación que dificulte o impida el establecimiento de este tipo de vínculo;
-aunque podemos suponer que no existe ningún tipo de relación a la que no le podamos encontrar alguna contra indicación-.
Mientras la relación psicoterapéutica esté entendida con claridad y no se confundan sus objetivos por los motivos que sean, funcionará con cualquier persona conocida o desconocida.

25/11/2023

Breves de Psicoterapia 2

¿Porqué a la psicoterapia se la considera un arte?
En la actualidad cada día es más notorio que existe en el mercado (presencial y "on line"), una amplia y variada oferta profesional relacionada con la psicoterapia y la atención clínica psicológica en general, la cuál está orientada a atender cualquier tipo de padecimiento o alteración emocional y cognitiva en individuos, parejas, familias y grupos de todas las edades, y que nos ofrece para ello una gran variedad de procedimientos, técnicas y recursos novedosos.

La psicoterapia ha sido considerada a través de los años más que como un procedimiento científico, como un arte que requiere no sólo la aplicación mecánica de técnicas estandarizadas para resolver problemas, sino que necesita de un profesional que sea, al mismo tiempo, un ser humano capaz de entender a otro ser humano en su subjetividad interior e identificar lo que necesita para ayudarlo a solucionar su situación.

Así que -de entrada- tenemos dos habilidades básicas que todo profesional de esta área dede cumplir: a) disposición para la interacción humana plena, de igual a igual entre un "yo y un tú" y viceversa, (profesional y cliente) y, b) un conocimiento preciso de los procedimientos de intervención profesional con su repertorio metodológico y técnico específico.

Sin embargo, -y probablemente esta característica es la que nos induce a hablar de la psicoterapia como un arte-, lo más importante para todo profesional no sólo es comprender y adquirir esas habilidades, sino que necesita adquirir la meta habilidad de ir intercalando de forma precisa, tanto su presencia humana y emocional habitual como su destreza técnica ("timming" en inglés); este juego redundará en beneficio de la recuperación integral de la salud de la persona consultante.

¿Que sucede cuando en la interacción clínica predomina la parte humana del profesional? Pues la psicoterapia se convierte en un lugar efímero y caro para quejarse o culpabilizarse, en un hombro para ser aceptado/a y descansar o una conversación amistosa entre otros motivos, sin obtener los resultados esperados.

¿Qué sucede cuando en la interacción clínica predomina el abordaje técnico de parte del profesional? Pues la psicoterapia se vuelve un frío campo de experimentación ("estímulos respuestas", "confrontación", "repeticiones", etc.) sin mucho significado para la persona en tratamiento.

Esta danza entre el profesional y la persona consultante, se da en el trasfondo de la interacción y aunque sólo el profesional es consciente de ella, sus efectos son innegables en la efectividad del tratamiento.

El arte de hacer psicoterapia por lo tanto, se encuentra en el manejo de esas presencias y ausencias del ser aquí y ahora y la enajenación subjetiva de sí que exige la destreza técnica.

03/10/2023

Cuando el acercamiento sexual genera stress

La vivencia del encuentro sexual es muy compleja porque representa el encuentro de la forma de ser y la experiencia de dos personas distintas empeñadas en una actividad común que ambas esperan conscientemente que sea agradable y positiva. Sobra decir que en ese momento juegan al mismo tiempo múltiples funciones psicocorporales cuyo predominio indiscutible corresponde a la parte biológica y emocional aunque sin dejar de lado las constantes correcciones e interrupciones de la parte cognitiva consciente.

Por lo tanto, es entendible que un evento complejo como es el encuentro sexual, no todo esté bajo control y se presenten alternativamente situaciones que salen fuera de lo esperado que generan un grado de stress y ansiedad que generalmente todas las personas pueden utilizar positivamente para reacomodar a su gusto la situación; hasta aquí todo está bien porque la realidad así es.

Sin embargo, existen algunos encuentros sexuales que salen fuera de control y cuyas consecuencias afectan la psicofisiología de la respuesta sexual produciendo una disfunción sexual de forma permanente porque el grado de stress generado es inmanejable y contamina toda la escena.

Entre este tipo de encuentros tenemos aquellos en que
a) sentimos que la situación rebasó nuestra expectativas y no "estuvimos a la altura", no pudimos cumplir con nuestros deseos o no fuimos capaces de satisfacer a la otra persona;
b) no esperábamos que la demanda sexual de la pareja fuese expresada de ese modo lo que nos incomodo, alteró y sorprendió negativamente;
c) nuestra autoestima fue desarmada por algún comentario, actitud o comportamiento de la pareja en ese momento.

Por asociación, recurrencia, fijación, repetición, o como le queremos decir, la huella de ese suceso aparece en cada nuevo evento sexual, desbaratando nuestras expectativas de un acercamiento sexual agradable y exitoso al aparecer un stress involuntario que es capaz de desarmar hasta nuestro deseo sexual más poderoso.

En estos casos es necesario es necesario buscar ayuda psicoterapéutica; ésta te llevará a desactivar esa carga emocional negativa que está inhibiendo tu respuesta sexual. No se requiere ninguna medicación.

22/07/2023

Datos que hay que conocer sobre la psicoterapia
La psicología y la psicoterapia habían sido consideradas hasta hace poco tiempo, como las hermanas menores de la atención psiquiátrica que como buena disciplina médica, privilegia la utilización de fármacos para el tratamiento de cualquier tipo de afectación mental.

En cambio, la psicología se entendía como una disciplina social cuya aplicación clínica se limitaba a escuchar y hablar, hablar y escuchar con las personas que tenían un problema psicológico y que no habían podido resolver por sí mismas. La escucha del paciente se combinada con la orientación, indicaciones, alternativas, e interpretaciones del profesional que finalmente llevarían a la resolución del problema.

Estas disciplinas siempre han sido muy ambiguas en lo que se refiere a precisar el efecto de esos fármacos y esas pláticas en la modificación esperada de las alteraciones mentales fuera de descripciones muy vagas del tipo: se sentirá mejor, podrá descansar adecuadamente, etc.

En la psicoterapia, este ritual de atención predominantemente conversatorio (que incluye hoy día la utilización de técnicas psicológicas específicas), tiene como objeto de trabajo, la experiencia subjetiva de la persona en tratamiento que es evaluada y orientada por la experiencia subjetiva del profesional (con todo y su carga valorativa y emocional de su propia vida), y al mismo tiempo, a través del arsenal teórico, metodológico y técnico que contiene indicaciones y procedimientos para evaluar, tratar y solucionar este tipo de problemáticas. Dos constructos mentales que a veces están más cerca uno de otro de lo que quisiéramos.

Existen cientos de teorías relativas al manejo psicoterapéutico cuya terminología, propósitos y procedimientos varían substancialmente entre unas y otras. Así encontramos que se prioriza diferencialmente como objeto de intervención al inconsciente, el movimiento corporal, la experiencia y la conciencia entre otros, y se utilizan técnicas muy diversas como la relajación, la regresión, la asociación libre, la focalización, la interpretación, etc. etc. ¿Qué nos indican estos datos?; fácil: aún no sabemos lo suficiente acerca de como abordar y tratar las problemáticas derivadas de la experiencia subjetiva humana.

En este momento, se forma al profesional ya sea instruyéndolo en profundidad en una u otra de esas aproximaciones teóricas, pertrechándolo con todos los procedimientos de que se dispongan hasta ese momento y listo. O, alternativamente, se le ofrece una selección de esas mismas aproximaciones y, con un poco menos de profundidad que en el caso anterior, se le ofrece un espectro de posibilidades de las cuales podrá echar mano en función de cada situación particular.

Ante este panorama, es muy difícil evaluar la calidad del psicoterapéuta como profesional al margen del contenido de su propia formación y más allá de los tópicos comúnes acerca de la confidencialidad del tratamiento, aspectos éticos, etc.

A pesar de que algunas teorías nos presentan marcadores específicos para identificar los momentos que se van encontrando o induciendo dentro del proceso de la psicoterapia, no es fácil que aparezcan de esa manera en cada caso concreto ya que los encontramos mezclados y superpuestos con la experiencia total de la persona por lo que el avance y los logros alcanzados son difíciles de identificar de forma precisa tanto para el profesional como para el cliente.

Esta dificultad, especialmente en profesionales con experiencia limitada, es la principal causa de que las personas abandonen el tratamiento antes de lo esperado. Y con razón.

Actualmente:
I.- Un buen psicoterapéuta evalúa tu problema de forma precisa con preguntas específicas, sin perder el tiempo, sin divagaciones y te explica de forma clara y sencilla de qué se trata tu problema. Ante esta primera aproximación, se pone a tu disposición para atenderte o te sugiere ver a otro profesional.
II.- A continuación te hace una propuesta de trabajo y te explica el procedimiento a seguir; te propone un tratamiento con etapas definidas, tiempos y costos. De ti dependerá tomar el tratamiento o no.
III.- En cada sesión sabe de antemano lo que vas a experimentar y te dice exactamente qué tienes que hacer y cómo te vas a sentir.
IV.- También te explica qué puede suceder en caso de no alcanzar los objetivos propuestos en cada sesión y te propone alternativas.
V.- Te adelanta lo que se espera al final del tratamiento y cómo deberás sentirte.
VI.- Te da sugerencias a futuro una vez finalizado el tratamiento y te programará una llamada telefónica de seguimiento en algún momento.

13/07/2023

Inhibición del deseo sexual en la pareja.
La esposa escucha con incredulidad a su pareja quien le asegura que su amor por ella no ha cambiado, que la sigue amando pero que no entiende porqué no puede responderle sexualmente como él quisiera y le asegura que "todo va a cambiar".

Muchas mujeres que viven esta situación y también hombres que se dan cuenta que su esposa ha perdido el apetito sexual pero que los sigue amando, no entienden cómo es posible que su pareja los ame pero que no sientan deseo sexual.

Los problemas del deseo no necesariamente cancelan las relaciones sexuales ya que fisiológicamente, tanto mujeres como hombres podrán seguir teniendo una actividad sexual de pareja, obviamente no tan satisfactoria como cuando hay deseo.

Esta situación que es más común de lo que imaginamos, se presta a que -cuando nos encontramos en esa situación-, nuestra mente ensaye explicaciones y explicaciones que nos permitan entender lo que está sucediendo en este terreno. Los pensamientos inmediatos y más recurrentes son: "ya no soy tan atractiva", "ya no me quiere igual", "conoció a alguien más", etc. Estas reflexiones se pueden agravar al saber que la falta de deseo sexual sólo se presenta con la pareja y por este motivo se le denomina "deseo sexual hipoactivo selectivo". Esto quiere decir que en el aspecto autoerótico y en relación a otras personas habrá deseo por lo que es necesario compartir con la pareja todas esas inquietudes y estados de ánimo tanto para mantener la cercanía y la confianza como para no substituir la realidad con nuestra imaginación.

Cuando asumimos que el deseo ha decaído debido a la monotonía, a la falta de nuevos estímulos y al aburrimiento, muchas veces tratamos de compensar esa situación a nuestra manera agregando a la intimidad algún juguete erótico, lencería, películas p***o, demandas sexuales explícitas, nuevos comportamientos eróticos y más, sin faltar los masajes sensuales con esencias estimulantes.

Todo lo anterior, -que puede ser muy positivo en algún momento-, generalmente no funciona porque se parte de una evaluación inexacta de lo que está sucediendo y paradójicamente, como es de esperarse, la solución propuesta, agrava o, al menos mantiene sin cambios la situación problemática.

Lo cierto es que el amor y el deseo sexual son sistemas cerebrales diferentes interconectados de múltiples maneras el uno con el otro e irrigados cada uno por hormonas específicas. Los vínculos de pareja se pueden establecer a partir del amor romántico que -si todo va bien-, despertará el deseo sexual en algún momento y ambos sistemas contribuirán al fortalecimiento de la relación. En otros casos, el vínculo de pareja iniciará con la atracción sexual que -en algunos casos-, puede llevar al surgimiento del amor y entre ambos, la relación se consolidará.

Así como el amor puede despertar el deseo y el deseo el amor y funcionar de forma integrada por un tiempo, así también y por una serie de motivos que generalmente tienen que ver con la vida cotidiana de las personas -y que no son plenamente conscientes para la pareja-, se puede perder esa precisa conexión entre uno y otro sistema y provocar ese tipo de desagradables sorpresas en la intimidad sexual que impactan emocionalmente tanto al hombre como a la mujer convirtiendo una situación pasajera en una disfunción.

Es altamente recomendable que ante este tipo de situaciones se busque ayuda profesional especializada lo que permitirá una positiva y pronta recuperación del deseo al desactivar los núcleos emocionales que están inhibiendo el desempeño sexual pleno.

02/07/2023

Evalúa tus expectativas de pareja
Las expectativas que aparecen como una esperanza o anhelo de lograr algo, son estructuras de pensamiento muy valiosas que orientan y ayudan a las personas a seleccionar y persistir en alcanzar algunos de sus objetivos. Por ejemplo, la motivación de estudiar una carrera puede derivar de la expectativa de servir a la sociedad, ser un buen profesional, ganar dinero, etc.

[Las expectativas por su referencia al futuro se parecen a los "sueños diurnos" como se les dice a esas ideas generalmente poco elaboradas tal como "quisiera vivir en un país lejano en donde no haya necesidad de trabajar" y a "los deseos" con los cuales llegan a confundirse por su fuerza motivadora, como por ejemplo cuando usamos indistintamente las siguientes oraciones: "deseo que se cumplan mis expectativas" y "espero que mis deseos se cumplan".]

Ahora bien, las expectativas funcionan muy bien si cumplen al menos dos condiciones: 1.- que se refieran a la persona misma y, 2.- que sean congruentes con las posibilidades y el contexto de la persona. Así, las expectativas tenderán a orientar positivamente nuestro comportamiento además de funcionar como herramientas motivacionales.

Las expectativas se convierten en una fuente de sufrimiento y error cuando son fantasiosas o se quieren utilizar para influir en la pareja. Cuando la persona está desconectada de su propia realidad, genera expectativas fantasiosas que se convierten en una fuente segura de frustración. Cuando las expectativas se utilizan como medio de presión para que la pareja se comporte de la manera que yo quisiera, es bueno saber que no sirven para eso. Ejemplos sobran, pero responden a una construcción gramatical de tipo causa-efecto en las que supuestamente mis acciones determinarán mecánicamente la respuesta que yo espero de parte de la otra persona.

Así, en la pareja, es común que alguien se queje de que la relación no va por buen camino porque siente que sus expectativas no se cumplen como quisiera; entre esas expectativas tenemos: "me gustaría que mi pareja fuese más cariñosa"; "ansío que mi pareja se interesara más en nuestra vida sexual"; "desearía que mi pareja fuese menos agresiva", y una larga lista de expectativas entre las que se incluyen, que fuese fiel, cariñosa, atenta, sexual, interesada, comunicativa, etc. etc.

Estas personas suelen quejarse de que su pareja no responde positivamente a sus expectativas porque suponen -equivocadamente-, que no se han dado cuenta de que esas expectativas son muy valiosas para ellas. En consecuencia, esas persona harán todo lo posible para asegurarse que su pareja conozca, acepte o "se adapte" a su normativa forma de ser sin ser muy conscientes de que lo que están haciendo es, -literalmente-, obligar a su pareja a cambiar su comportamiento. Se comete en este caso, el error ya mencionado anteriormente de querer que la otra persona se adapte a "tus" expectativas.

Imagínate el caso de una pareja en las que ambas personas interactúan -una en relación a la otra- en función de la defensa e imposición de sus propias expectativas. Seguramente la relación no durará mucho. El caso más común de este tipo que se presenta en las parejas es que una de ellas se siente defraudada porque no se cumplen sus expectativas y la otra se siente presionada y obligada a cumplir con demandas que no quiere. Esta situación provoca un clima constante de incomodidad que va debilitando los vínculos afectivos y sexuales que dieron origen a la relación.

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