04/04/2026
La rutina y las inhibiciones masculinas del deseo y la excitación.
Si alguien nos preguntase si preferimos la actividad sexual rutinaria de la pareja o la emoción de una aventura sexual pasajera con una mujer atractiva y sin consecuencias, las respuestas seguramente estarían divididas justo a la mitad. ¿Porqué justo a la mitad?, porque los hombres solemos ser ambivalentes ante este tipo de opciones: queremos al mismo tiempo una pareja a largo plazo (que conozca nuestras debilidades, que nos acepte y con la cuál compartamos una intimidad mínima consensuada), pero también queremos novedad y variedad con otras mujeres para recuperar esa añorada pasión y revitalizar subjetivamente nuestra hombría.
Ante este panorama, es claro que la vida en pareja nos ofrece un conjunto de satisfacciones que no encontraremos jamás en otro tipo de relaciones y, para muchos hombres, ese reconocimiento se convierte en una fuerte motivación que mantiene la relación de pareja estable; las satisfacciones rutinarias pensamos, compensan con creces una innecesaria búsqueda de aventuras; sin embargo, esa rutina aburrida que disminuye la pasión a su mínima expresión, no destruye el deseo sino que simplemente lo oculta o lo desplaza. Si esto es así, sucederá que en cualquier momento y sin buscar premeditadamente un encuentro casual con alguna mujer, el hombre -independientemente del valor que le haya concedido a la exclusividad sexual y los votos de fidelidad que haya hecho-, sin lugar a dudas y sin que nadie lo haya convocado, sentirá la emergencia del deseo y la consecuente excitación ante la presencia de una mujer de su gusto (no cualquier mujer queda claro); ésta situación inesperada generará una breve disputa mental entre: "quiero/no quiero"; "puedo/no puedo", y este dilema tiende a resolverse estadísticamente al 50%; esto quiere decir que 5 buscaremos algo más y 5 diremos que no.
Entre los motivos más comunes por los cuales perdemos el deseo sexual por nuestra pareja cuando aun hay afecto, se mencionan en los libros: la rutina, el aburrimiento y los conflictos cotidianos. Se suele decir que el hombre en estos casos, ha perdido la motivación inicial de la novedad al mismo tiempo que esa maravillosa respuesta corporal juvenil que nos hace responder en automático ante la más leve estimulación dejó de funcionar; -cuando se presenta ésta situación, la mujer suele pensar que ha perdido su atractivo físico inicial y quizás sea cierto, pero el vínculo de pareja no se mide en cantidad de gramos o arrugas-. En realidad, lo que lleva a la rutina en la pareja es que no han encontrado la complicidad necesaria para expresar libremente lo que les es excitante y erótico más allá de los convencionalismos morales y sociales (sus fantasías y preferencias sexuales). La rutina no es más que la repetición monótona de actos físicos mecánicos que van perdiendo subjetivamente su atractivo cuando el erotismo no está presente.
¿Qué más?, bueno, hay otros casos de disminución y fluctuación del deseo sexual en hombres cuyo origen se encuentra en una respuesta de defensa psicológica involuntaria frente a situaciones que amenazan la integridad de su identidad. Los casos más comunes aparecen en hombres inseguros de su masculinidad o para quienes la actividad sexual no ocupa un lugar especialmente importante en su relación de pareja pero la mujer que aman es sexualmente demandante. Cuando esta disritmia sexual se vuelve irresoluble con los recursos disponibles en la pareja, puede dar paso a una involuntaria disminución del deseo masculino. Estos casos requieren de un tratamiento psicosexual que atienda la pérdida del deseo, la disritmia y en su caso, la inseguridad masculina.
Otro caso especial lo ocupan los hombres desganados sexualmente, que no sienten motivación alguna para intentar acercarse sexualmente a la pareja; por el contrario, esperan que ella los busque, los incentive, los excite y favorezca la actividad sexual hasta el orgasmo. Es posible que estos hombres -aunque no rechazan la actividad sexual-, tengan un deseo sexual bajo (hipoactivo) y que por consiguiente, se les dificulte buscar la actividad sexual prefiriendo ser receptivos a las demandas de su pareja de vez en cuando. Similar al caso anterior pero diferente, es que la actitud masculina en el terreno sexual sea de tipo pasivo (tipo que es más común en las mujeres); estos hombres esperan que su pareja tome la iniciativa y asuma el rol activo durante el encuentro sexual.