14/05/2026
Si bien hay que cuidar las palabras , también es necesario entender que buscamos prevenir y brindar calidad de vida de nuestros pacientes
LA GORDOFOBIA NO EXISTE
Una persona con obesidad llegó molesta a un consultorio médico.
Apenas se sentó comenzó a hablar con enojo:
- Estoy cansada todo el tiempo, me duele la espalda, las rodillas, tengo mareos, dolores de cabeza y sinceramente ya estoy harta de venir con médicos gordofóbicos que creen que todo se resuelve bajando de peso.
El doctor comenzó a revisar sus estudios mientras sacaba un glucómetro y un estetoscopio.
Después de unos segundos respondió:
- Bueno… varios de los síntomas que mencionas sí pueden estar relacionados con obesidad. Aquí veo presión elevada, signos de resistencia a la insulina y bastante desgaste articular para tu edad.
Ella soltó una risa sarcástica.
- Increíble. Siempre es lo mismo con ustedes. Todo gira alrededor del peso porque les incomoda ver cuerpos gordos.
El médico intentó explicarle con calma:
- No se trata de estética ni de discriminarte. La obesidad aumenta muchísimo el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño, problemas cardiovasculares y dolor articular crónico. Eso no es una opinión, es fisiología.
Pero ella volvió a interrumpirlo.
- También hay personas delgadas enfermas.
- Claro -respondió el doctor-. Y también hay fumadores que viven muchos años. Eso no convierte al cigarro en saludable.
La paciente cruzó los brazos molesta.
- Lo que pasa es que ustedes tienen una obsesión enfermiza con el peso. Ya hay muchísima evidencia sobre la violencia médica contra los cuerpos gordos.
El doctor suspiró.
- Decirle a una persona que la obesidad está afectando su salud no es violencia. Sería como decir que advertirle a un alcohólico sobre daño hepático es discriminación. Hay cosas que el cuerpo humano simplemente no tolera bien, aunque internet quiera romantizarlas.
Ella tomó su bolso furiosa y se levantó de la silla.
- Mejor voy a buscar una médica que sí tenga ética profesional y no esté traumada con el peso.
Y se fue.
Semanas después encontró una médica “no pesocentrista”. La consulta fue completamente distinta.
La doctora le sonrió y le dijo:
- Tu cuerpo no está mal.
- El problema es la sociedad obsesionada con la delgadez.
- Lo que viviste con otros médicos fue gordofobia médica y violencia patriarcal.
- No necesitas bajar de peso para ser saludable.
Incluso le dijo que no hiciera dietas ni fuera con nutriólogos porque “la cultura de las dietas” era violencia patriarcal y una forma de opresión sobre los cuerpos.
La paciente sintió alivio inmediato. Por fin alguien le decía exactamente lo que quería escuchar. La nueva médica comenzó a pedirle estudios y más estudios para “descubrir” qué tenía realmente.
Perfil hormonal, cortisol estudios tiroideos completos, resonancias, ultrasonidos, paneles inflamatorios, pruebas de intolerancias, estudios de microbiota y, obviamente, consultas muy frecuentes.
Miles y miles de pesos gastados intentando encontrar una explicación alternativa para algo que llevaba años frente a sus ojos.
Pero jamás mencionaban la obesidad. Porque eso sería “gordofobia”. La paciente estaba feliz.
Incluso comenzó a compartir publicaciones en sus redes sociales donde se autodenominaba "activista por los derechos de las personas de tallas grandes" hablando de cómo había encontrado “una doctora humana, empática y con verdadera ética”.
Pasaron los años y siguió exactamente igual, la fatiga empeoró, después apareció hipertensión, luego diabetes tipo 2 y más adelante apnea del sueño.
Después dolores tan fuertes en las rodillas que subir escaleras comenzó a ser difícil.
Y mientras cada vez necesitaba más medicamentos, estudios y consultas, seguía diciendo que el verdadero problema era “la gordofobia médica”.
Porque al final hay personas que prefieren gastar años buscando cualquier explicación posible antes que aceptar una realidad incómoda:
El cuerpo humano no entiende de activismo, discursos ni hashtags.
Solo responde a la biología.
VISTO EN REDES...