10/05/2026
Este 10 de mayo lo dedico, lo honro y lo ofrezco con todo mi corazón a cada mamá que vive una maternidad diferente.
A quienes sostenemos una maternidad en el alma, en el amor eterno, en el corazón que sigue latiendo por un hijo o una hija que hoy habita en otro plano, en otro espacio.
A nosotras, las mamás que maternamos desde el anhelo profundo, desde la ilusión, desde los sueños que siguen vivos y desde un amor que no conoce ausencia ni tiempo.
A quienes miramos al cielo y encontramos en cada estrella una guía, una señal, un pedacito de nuestros hijos iluminando nuestro camino, recordándonos que su existencia dejó huella para siempre.
Hoy abrazo con el alma a cada madre que ha aprendido a sostener el dolor y el amor en el mismo corazón. A las que extrañan, a las que recuerdan, a las que nombran en silencio, a las que celebran desde la nostalgia, desde la esperanza y desde una forma distinta, pero profundamente real, de maternar.
Las abrazo, me abrazo, y elevo mi plegaria para que cada corazón de madre sea visto, honrado y escuchado. Porque aunque nuestra maternidad sea distinta, aunque muchas veces sea invisible para otros, existe… existe en cada latido, en cada lágrima, en cada recuerdo, en cada acto de amor.
Eres mamá. Somos mamás. De una manera diferente, sí… pero nuestra maternidad existe, permanece y merece ser reconocida hoy y siempre.