19/06/2026
Los pies, las rodillas y la cadera…
Nuestro cuerpo, especialmente la parte inferior, es lo que nos permite caminar por la vida. Es nuestro sostén, nuestra base, aquello que nos da dirección y estabilidad.
Podemos mirarlo de la siguiente manera:
Los pies
Tenemos dos: el derecho y el izquierdo. Simbólicamente representan a nuestros padres. Necesitamos a ambos para avanzar con equilibrio.
Cuando hay dolor en los pies o dificultad para caminar, quizá sea momento de mirar hacia dentro y preguntarnos:
¿Qué estoy rechazando de mamá o de papá?
¿Qué juicio, tristeza, expectativa o herida sigo cargando?
Todo aquello que no integramos se convierte en pensamientos negativos o creencias limitantes que nos impiden avanzar.
Las rodillas
Nos hablan de la familia, de nuestro núcleo.
Aquí puede haber una carga inconsciente:
¿Qué estoy sosteniendo “por amor”?
¿Qué peso no me corresponde pero sigo llevando?
Las rodillas también reflejan la flexibilidad ante la vida, la capacidad de movernos, transformarnos y de aceptar a cada uno de nuestra familia tal como es.
La cadera
En la cadera se esconden los miedos más profundos, aquellos que aún no logramos ver o nombrar.
Es lo no resuelto, lo invisible, lo que nos detiene sin que sepamos exactamente por qué.
Por eso, para caminar en la vida necesitamos algo esencial:
sostén, pertenencia y orden.
Si algo duele… si algo te detiene…
no lo fuerces.
Vuelve con humildad hacia tu interior.
Empieza a mirar, a reconocer, a dar lugar.
Ahí, en ese espacio profundo, puedes comenzar a ordenar ese hermoso sostén que se llama familia.
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Ejercicio sistémico
Cierra los ojos por un momento.
Respira profundo… suave… sin prisa.
Imagina frente a ti a mamá… y a papá.
Tal como son… sin cambiarlos.
Mira sus historias… sus cargas… sus límites.
Y reconoce que ellos te dieron lo más importante: la vida.
Ahora, internamente diles:
“Queridos mamá y papá,
tomo la vida que viene de ustedes, tal como viene.
Hoy dejo con ustedes lo que no me corresponde.
Ustedes son los grandes… yo soy la pequeña.
Y desde mi lugar, tomo la fuerza para avanzar.”
Inclina ligeramente tu cabeza, en señal de respeto.
Y ahora siente tus pies…
como si algo se acomodara…
como si pudieras dar un paso más ligero.
Cuando estés listo, respira profundo…
y abre los ojos.