12/04/2016
Juan Pablo Jaworski, investigador del CONICET, explica que en la proteína de envoltura que recubre al VIH están las claves para el desarrollo de un potencial tratamiento
Publicado: Lunes, 11 Abril 2016 13:02
(Buenos Aires).- Los franceses Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier recibieron en 2008 el Premio Nobel en Fisiología y Medicina por el descubrimiento, en los años ’80, del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Este patógeno básicamente destruye el sistema inmune del huésped, lo hace susceptible a múltiples infecciones y, si permanece sin tratar, conduce a la muerte.
Una de las formas de contagio del VIH es de madre a hijo durante el embarazo, parto y la lactancia. Sin asistencia medica, la probabilidad de transmision es del 35 por ciento. Esta transmision se produce principalmente al momento del parto y el período postparto, que incluye el amamantamiento.Una investigación publicada recientemente en Nature Medicine y en la cual participó el argentino Juan Pablo Jaworski, investigador asistente del CONICET en el Centro de Investigaciones de Ciencias Veterinarias y Agronómicas (CICVYA) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), muestra que es posible detener el avance y eliminar el virus del organismo en primates de un mes de vida.
“El modelo de trabajo con primates asemeja mucho a lo que ocurre en humanos con el virus VIH, pero mucho más rápido. Es un modelo acelerado de inmunodeficiencia muy similar a lo que pasa en hombres en términos de interacción entre huésped y virus, replicación viral, respuesta inmune y progresión de la enfermedad”, explica Jaworski.
Durante su estancia pos-doctoral en la Universidad de Oregon, Estados Unidos, trabajaron con SHIV (simian – por mono – VIH), porque es un modelo que mantiene la dinámica natural del virus pero además tiene en su estructura la proteína de envoltura del VIH, el foco de esta investigación.
Los animales que tratamos con los anticuerpos no tenían estos rastros de la infección. El virus no dejó marcas en el sistema inmune. Es como si nunca hubiera pasado por ese cuerpo, pero nosotros lo vimos”, cuenta el veterinario.
Para la segunda instancia de la comprobación eliminaron, en los animales que habían sido tratados, un tipo específico de glóbulos blancos, los linfocitos T CD8, uno de los principales tipos de células implicados en la defensa del organismo contra el VIH.
“Cuando el cuerpo no tiene CD8 uno esperaría que, si hay virus oculto después del tratamiento, se escape, replique y pueda detectarse. Pero no, aún sin CD8 el virus no apareció, lo que quiere decir que, efectivamente, no estaba en el cuerpo hasta donde podemos saber”, cuenta.
Para Jaworski, todavía falta andar un largo camino para llegar a un tratamiento para humanos. “Estos fueron estudios en macacos, y si bien tienen muchas similitudes con los humanos, todavía faltan más estudios para llegar”, concluye.
Fuente: CONICET