26/08/2026
Hablar con desconocidos nos hace más felices de lo que creemos:
Vivimos rodeados de oportunidades diarias para conectar con desconocidos -en el tren, en la oficina, en una sala de espera o simplemente al cruzarnos con alguien- y, sin embargo, las dejamos pasar. Nos refugiamos en los auriculares, el móvil o el silencio porque anticipamos que hablar con un desconocido será incómodo, que expresar gratitud resultará forzado o que pedir ayuda será una molestia.
Nick Epley, psicólogo de la Universidad de Chicago, demuestra en su libro A Little More Socialque esas predicciones suelen estar profundamente equivocadas: somos demasiado pesimistas sobre cómo responderán los demás.
Un experimento con viajeros de tren en Chicago lo ilustra con claridad. Los participantes creían que se sentirían mejor manteniéndose en soledad o haciendo lo de siempre. Cuando se les asignó al azar una de esas opciones, ocurrió exactamente lo contrario: quienes iniciaron una conversación con el desconocido de al lado reportaron la experiencia más positiva; quienes permanecieron en silencio, la menos agradable. Nuestras expectativas no solo fallan, a menudo van en dirección opuesta a la realidad.
La buena noticia es que no hace falta convertirse en un extrovertido empedernido ni transformar cada encuentro en una charla profunda. Basta con ser un poco más social y reconocer las oportunidades fáciles que ya están ahí, aprovecharlas con frecuencia y convertirlas en hábito. Tanto introvertidos como extrovertidos se benefician de manera similar.