08/03/2026
Hay hombres que han sido socializados para extraer amor sin aprender a ofrecerlo.
No es un rasgo biológico.
Es una codificación cultural.
El mandato masculino tradicional enseña a recibir cuidado femenino como derecho, a sostenerse en la energía emocional de las mujeres, a demandar disponibilidad afectiva sin asumir la responsabilidad del vínculo.
En la clínica lo vemos como una economía afectiva desigual:
Ellos reciben regulación, escucha, contención, organización de la vida cotidiana.
Ellas sostienen, administran, reparan.
Cuando el amor se convierte en extracción, deja de ser encuentro.
Se vuelve abuso simbólico del cuidado.
Trabajarlo no es odiar a los hombres.
Es desmontar la pedagogía patriarcal que les enseñó a amar sin implicarse.
El amor no es un recurso natural femenino.
Es una práctica ética que requieren reciprocidad.