10/09/2026
Estamos en crisis.
No encuentro otra palabra para describir lo que últimamente ha ido pasando en la ciudad.
Y pienso que tendríamos que preguntarnos cómo estamos acompañando. No solo como psicólogos. También como amigos, hermanos, padres, hijos, pareja…
Uno solo no puede sostener al otro. Eso es cierto. Pero quizá sí podemos preguntarnos cuánto nos estamos exigiendo ocupar un lugar determinado en el mundo y cuánto esperamos que los demás cumplan exactamente con el lugar que imaginamos para ellos.
No hay solamente una crisis de salud mental. Hay también una crisis política, económica, social, de recursos naturales. Y todo eso ocurre sobre las vidas concretas de las personas.
Pienso también en esto de las red flags. En cuánto nos hemos acostumbrado a mirar al otro desde ahí: qué hace mal, qué no debería hacer, qué no cumple, qué tan lejos está del ideal.
Y sí, hay cosas que no debemos tolerar. Hay límites que necesitamos poner.
Pero quizá una cosa no tendría que impedir la otra.
Porque en medio de tanta evaluación podemos ir relegando, sin darnos cuenta, algo mucho más sencillo: el encuentro con el otro.
Preguntar cómo está. Escuchar aunque no sepamos qué decir. Poder decir “no sé cómo ayudarte, pero estoy aquí”.
Porque cuando alguien se está ahogando, quizá no necesita que le expliquemos perfectamente cómo nadar.
Quizá necesita encontrar palabras para poder llegar a la superficie.
últimamente pienso que necesitamos volver a hacer espacio para esas palabras.
Hablar del suicidio también es eso.
Nombrarlo sin romantizarlo. Sin convertirlo en una historia bonita sobre el dolor. Sin reducirlo únicamente a una falla individual.
Nombrarlo porque está pasando.
Porque estamos en crisis.