29/07/2026
En una sesión, una paciente me comentaba su preocupación por su hija de dos años.
De unos meses hacia acá, la pequeña avienta sus juguetes favoritos y se ríe después de hacerlo. Esta “conducta” tenía preocupada a su mamá, sobre todo porque leía allí una risa “pícara” después de haber “dañado” el juguete.
Al preguntarle por los momentos en que la niña avienta los juguetes, describió situaciones en las que, además de aventarlos, la pequeña también le dice que “no” a su mamá.
Lo anterior me llevó a intervenir mencionándole que era posible que ese “aventar” fuera una manera en que la niña estuviera jugando a simbolizar la ausencia y la separación. Es decir, un juego con funciones simbólicas.
Esta interpretación no me la s**o de la manga.
En Más allá del principio del placer, Freud describe que su nieto, de alrededor de un año y medio, jugaba de manera semejante, aunque con un carrete de madera atado a un cordón. Cuando arrojaba el carrete, el niño decía “oooo” y, cuando lo acercaba nuevamente hacia sí, decía “daaaa”. Freud escuchó allí los significantes “fort” —que en alemán significa “se fue”, “lejos”— y “da” —“aquí”—.
De ahí surge el nombre fort-da, un juego que, para Freud, tenía importantes coordenadas de elaboración y simbolización.
Lo que el niño intentaba elaborar y simbolizar mediante este juego era la experiencia displacentera de la ausencia de su mamá, vivida inicialmente de manera pasiva.
Así, mediante el juego de arrojar el juguete, el niño transformaba una experiencia de pérdida y ausencia vivida pasivamente en una acción realizada activamente por él. De este modo, se convertía en agente de aquello que antes padecía: la ausencia y la separación.
En este sentido, desde una perspectiva psicoanalítica, aventar los juguetes y reírse después de hacerlo no es necesariamente una conducta infantil adversa o algo que deba ser leído inmediatamente como “maldad”, desafío o intención de dañar. Puede tratarse de un juego que ayuda a los niños a elaborar, representar y dar un lugar simbólico a aquello que les resulta difícil de tramitar: la ausencia de sus mamás y la experiencia de separación.
Ahora bien, hay otro aspecto interesante en el juego de la hija de mi paciente: el momento en que aparece. Son situaciones en las que, acompañado de aventar el juguete, también aparece un “no” dirigido a su mamá.
A su manera, ¿estará esta pequeñita construyendo su lugar como agente de la separación?
Los niños también “castran” la omnipresencia de sus padres. 😬