14/08/2026
Hace unos días, entre una serie sobre bolsas de diseñador y unas pieles que me mostraron en León, Guanajuato, terminé pensando en algo mucho más cotidiano: nuestra necesidad de que todo salga perfecto.
A veces incluso dejamos de hacer cosas porque creemos que no podremos hacerlas suficientemente bien.
Y esa exigencia puede aparecer en casi todas las áreas de nuestra vida: en el trabajo, en las relaciones, en nuestros proyectos, en nuestra imagen y, especialmente, en la maternidad.
Cuántas mujeres sienten culpa porque trabajan.
Porque no pueden dedicar todo su tiempo a sus hijos.
Porque están cansadas.
Porque sienten que deberían hacerlo diferente.
Pero quizá necesitamos dejar de evaluarnos desde un ideal imposible y empezar a preguntarnos:
“¿Es lo mejor que puedo hacer de acuerdo con mis circunstancias?”
No con las circunstancias de otra persona.
No con lo que vemos en redes.
No con la idea de la madre perfecta.
Con nuestra realidad.
Porque lo auténtico no siempre es perfecto.
Y quizá esas pequeñas “marcas” que tanto queremos esconder son precisamente las que cuentan nuestra historia.