06/06/2026
El paciente busca una fotografía para sentirse mejor. El analista le recuerda que una imagen no resolverá su conflicto de autoestima. Sin embargo hay algo más profundo: el deseo de ser visto.
Freud señalaba en Introducción del narcisismo (1914) que una parte importante de nuestra vida psíquica está dedicada a sostener una imagen ideal de nosotros mismos. No sufrimos solamente por lo que somos, sino por la distancia entre lo que somos y lo que quisiéramos ser. La fotografía, entonces, puede convertirse en un intento de acercarse a ese ideal.
Lacan llevó esta idea más lejos con su teoría del estadio del espejo: el sujeto queda fascinado por una imagen que le promete unidad y completud, aunque esa promesa nunca se cumple del todo. En la viñeta, el paciente parece menos interesado en conocerse que en imaginar la admiración que despertará su retrato.
Lo cómico es que mientras habla de ser “interesante”, “sofisticado” y “enternecedor”, sigue acostado preguntándose si alguien aprobará esa imagen. Como diría Lacan, el deseo siempre está atravesado por la mirada del Otro.
Quizá el problema no sea tomarse una fotografía, el problema comienza cuando la propia imagen es enviada a trabajar para obtener el amor que no hemos logrado construir desde dentro.
A veces la autoestima no necesita una mejor foto. Necesita una conversación menos exigente con ese juez interno que nunca deja de pedir una nueva pose.