28/07/2026
“Toda cultura debe edificarse sobre una renuncia de lo pulsional.”
La convivencia implica tensiones inevitables. Lo importante no es eliminar el conflicto, sino encontrar formas de tramitarlo. En ese sentido, la palabra cumple una función organizadora.
Lo que no encuentra un lugar en la palabra suele encontrarlo en el síntoma o en el conflicto.
Un grupo no se fortalece porque nunca haya conflicto, sino porque encuentra la posibilidad de atravesarlo.Hablar de frente puede ser incómodo. Puede ser confrontativo, podemos encontrar silencios, respuestas y momentos de tensión. Sin embargo, mientras las inconformidades dejan de circular como supuestos o rumores para pasar por la palabra, ocurre algo distinto: los fantasmas comienzan a perder fuerza. Lo que antes habitaba en la imaginación ahora lo ocupa un lugar en la realidad compartida. No todo puede quedar resuelto, pero sí empezar a pensarse. Y cuando un grupo puede pensar lo que le ocurre, también puede construir una alianza más genuina. No basada en evitar el conflicto, sino en sostener la diferencia sin romper el vínculo.
Quizá esa renuncia también implica aceptar que convivir no significa estar siempre de acuerdo, sino hacer el trabajo de escuchar, hablar y asumir la parte que nos corresponde.
Hoy me quedó la sensación de que muchas veces el conflicto no es el problema. El verdadero problema aparece cuando deja de tener un lugar en la palabra. Porque aquello que no se habla rara vez desaparece; suele quedarse entre nosotros, organizando el malestar desde el silencio.✨👥👥