22/06/2026
FELIZ DIA DEL PADRE A AQUELLOS QUE YA NO ESTAN CON NOSOTROS
Al principio comienzan a llegar los mensajes:
—Ahora tienes que ser fuerte.
—Seguro que de todo esto sacarás algo bueno.
—Él querría verte feliz.
—La vida sigue.
Desde fuera parecían frases de apoyo. Desde dentro lo sentimos como una carrera que te obligaba a correr cuando todavía estas intentando ponerte en pie.
Cada pérdida tiene una historia.
Cada vínculo tiene una profundidad diferente.
Cada persona dispone de recursos distintos.
Y cada duelo necesita un tiempo propio.
Cuando la vida vuelve a abrirse paso
Hay un momento en muchos procesos de duelo en el que el dolor deja de ocuparlo todo.
No desaparece.
Pero deja de colonizar cada pensamiento.
Cada conversación.
Cada decisión.
Entonces comienza algo diferente.
No una felicidad permanente.
No una transformación milagrosa.
Algo mucho más sencillo.
La posibilidad de volver a interesarnos por la vida.
De hacer planes.
De disfrutar sin tanta culpa.
De descubrir que el recuerdo puede convivir con el presente.
Y quizá ahí resida una de las formas más auténticas de resiliencia.
No en olvidar.
No en sustituir.
No en superar.
Sino en aprender a vivir llevando dentro de nosotros aquello que seguimos amando.
Cada vez que acompañamos un duelo conviene recordamos que:
La naturaleza no tiene prisa.
Y el duelo tampoco.
Hay procesos que necesitan silencio.
Hay procesos que necesitan sombra.
Hay procesos que necesitan tiempo.
La resiliencia llega.
Muchas veces llega.
Pero suele hacerlo cuando dejamos de perseguirla.
Igual que la fruta madura cuando respetamos su ritmo.
No cuando la arrancamos antes de tiempo.