26/06/2026
Historias de Amor y Desapego
Los miembros de Nar-Anon comparten su experiencia personal y no comprometen a Nar-Anon como un todo
Había una vez una mujer que aprendió a SOLTAR
Había una vez una mujer que creía que amar era cargar, sostener y no soltar nunca… hasta que la vida le mostró, con una quietud que dolía, que amar también es aprender a soltar.
Durante mucho tiempo vivió con el corazón en alerta. Siempre pendiente, anticipando, tratando de evitar lo inevitable. Se decía a sí misma que lo hacía por amor… y sí, había amor, pero también había un cansancio profundo que ya no sabía cómo esconder. Un día se descubrió sola, sin respuestas, sin fuerzas… como si por dentro algo se hubiera rendido en silencio.
Ese fue su fondo emocional. No tuvo testigos ni palabras grandes. Fue más bien un momento íntimo, donde por fin dejó de luchar contra todo… incluso contra ella misma.
Al principio se resistió. Volvía una y otra vez a lo mismo: a pensar, a imaginar, a querer acomodar lo que no dependía de ella. Le costaba aceptar que la persona que amaba tenía su propio camino, su propia lucha… y que ella no podía recorrerlo por él.
Pero algo empezó a cambiar. En medio de su proceso, escuchando, compartiendo y permaneciendo —incluso cuando no entendía todo—, comenzó a descubrir algo nuevo: que su paz no estaba en salvar a nadie, sino en aprender a no abandonarse.
Poco a poco fue soltando… no de golpe, no perfecto, pero sí con constancia. Fue dejando de cargar lo que no le correspondía. Le fue poniendo, casi sin darse cuenta, pequeñas ruedas a esa maleta pesada que llevaba encima. Fue haciendo espacio para ella: para su café, sus libros, sus silencios, sus ganas de volver a sentirse viva. Y en ese espacio, empezó a aparecer una forma distinta de amar.
Una más consciente. Más serena. Más honesta. Esa mujer soy yo.
Y aunque aún hay días en los que el miedo quiere volver a tomar el mando, hoy tengo pausas. Tengo herramientas. Tengo un lugar donde recordar que amar no es vigilar ni sostenerlo todo. Hoy sigo amando a la persona que amo, profundamente, pero ya no desde ese lugar donde no me reconocía. Hoy entiendo que amar también es respetar procesos, incluso cuando duelen. Que soltar no es dejar de querer… es dejar de controlar.
Y sobre todo, he aprendido a poner ese amor en manos de Dios —mi Poder Superior—. A confiar en que hay algo más grande sosteniendo lo que yo ya no puedo.
Mi historia no se volvió perfecta. El problema no desapareció por arte de magia. Pero algo dentro de mí sí cambió: mi forma de pararme frente a la vida. Mi corazón ya no está tan apretado.
Y entonces entendí que mi recuperación no es perder, sino volver a mí. Volver a quien soy: a lo que me gusta, a lo que me sostiene, a lo que también me pone a soñar. Y en ese regreso, he descubierto que la vida se siente más ligera, más vivible, más mía.
Hoy agradezco ese momento en el que ya no pude más… porque fue ahí donde sin darme cuenta, empecé a aprender a soltar y a amarme también.
Para reflexionar:
¿Qué estoy intentando sostener hoy que en realidad no me corresponde?
¿Cómo se vería en mi vida amar sin dejarme a mí mismo(a) a un lado?
QUIERES APRENDER COMO LOGRARLO? Te esperamos los martes y jueves de 6 a 7:30 pm….Créeme, no estamos solos