01/06/2026
JUNIO 1, 2026
Historias de Amor y Desapego
Los miembros de Nar-Anon, comparten su experiencia personal y no comprometen a Nar-Anon como un todo
EL DIA QUE ENTENDÍ QUE NO PODÍA CONTROLAR
“Soltar el control” era una frase que escuchaba una y otra vez desde que llegué al programa, pero no lograba interiorizar su verdadero sentido. Al comenzar a asistir a las reuniones de grupo y escuchar los diferentes testimonios, fui comprendiendo que dejar a un lado mi voluntad y mi deseo de imponerme era profundamente sanador y me devolvía la paz.
Recuerdo que lo logré un día feliz, escuchando un compartir que me impactó tanto que viví una especie de catarsis. Mientras oía el relato, en mi mente se proyectaba una película de mis propias vivencias. Me vi caminando por un sendero empinado y pedregoso, cargando sobre mis hombros a mi amado hijo adicto. Detrás de nosotros venía el resto de mi familia, también con dificultad y tristeza en sus rostros.
El peso de mi hijo era tan grande que apenas podía levantar la cabeza para mirar al frente. De repente, alcé la mirada y vi a un costado del camino a mi Poder Superior, observándome con ternura y comprensión. En ese instante suspendí mi marcha, bajé a mi hijo de mis hombros y caminé hacia Él. Sentí pena al comprender que había impuesto mi voluntad por encima de la suya. Entonces lo coloqué en el lugar que yo ocupaba, detrás de mi Poder Superior, con el resto de la familia detrás, y yo al final, en señal de protección. Con humildad le dije: “Adelante, Señor. Tú irás siempre primero y nosotros te seguiremos.”
Según mi madrina, lo que viví fue mi despertar espiritual. Ese día reconocí la importancia y el valor de los compartires, y di un paso grande y firme que me permitió avanzar en soltar mi deseo de imponer mi voluntad y creer tener siempre la razón. Desde entonces comencé a disfrutar el dulce sabor de la paz y la felicidad que se siente cuando se logra soltar el control: dejar ser a los demás y, sobre todo, dejar actuar a mi Poder Superior con fe y confianza.
Ese día entendí que soltar el control no era perder, sino ganar serenidad y abrirle espacio a Dios en mi vida.
Para reflexionar:
Cuando algo no sale como espero con otra persona, ¿siento enojo, ansiedad o la necesidad de “corregirla” para enseñarle lo que creo correcto?
¿Estoy ofreciendo mi opinión porque me la pidieron, o porque creo que si no intervengo las cosas saldrán mal?
¿¿¿QUIERES APRENDER CÓMO LOGRARLO???
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