29/10/2026
¿QUÉ PASA EN EL CEREBRO DE UN NIÑO CUANDO LO ASUSTAMOS?
Para muchos, Halloween y Día de Mu***os son fechas llenas de diversión, disfraces, risas y sustos.
Pero hay algo que necesitamos recordar: lo que para un adulto es una broma, para un niño puede sentirse como una amenaza real.
Cuando un pequeño se asusta, su cerebro puede activar un sistema de alarma que prepara a su cuerpo para defenderse, huir o quedarse inmóvil. Su corazón se acelera, sus músculos se tensan y puede experimentar un miedo que todavía no sabe cómo regular.
Y no, no todos los niños reaccionan igual.
Algunos se ríen, otros lloran, se esconden, se paralizan o buscan desesperadamente a mamá o papá. Ninguna de estas respuestas significa que sean débiles, exagerados o poco valientes.
Además, cuando el miedo es intenso, repetido o no encuentra acompañamiento, puede afectar su sensación de seguridad y favorecer que aparezcan temores posteriores.
El problema no son las tradiciones, los disfraces ni las celebraciones. El problema es olvidar que detrás de cada disfraz hay un niño que merece sentirse seguro.
Antes de darle un susto a un pequeño, pregúntate:
¿Se está divirtiendo conmigo o solamente se está asustando?
¿Puede comprender que es un juego?
¿Estoy respetando sus límites o espero que deje de llorar para que todos nos riamos?
En estas fechas, enseñemos a nuestros niños que el miedo puede expresarse sin vergüenza, que decir “no quiero” merece respeto y que ningún juego debe estar por encima de su bienestar emocional.
No necesitamos asustarlos para crear recuerdos divertidos.
Podemos celebrar, jugar y disfrutar sin convertir el miedo de un niño en el entretenimiento de los adultos.
En CTAO creemos que cuidar el desarrollo infantil también significa cuidar aquello que hace sentir seguros a nuestros pequeños.
***os