13/04/2026
¿Intestino poroso, inflamación crónica y pacientes que no terminan de mejorar? 🔬
La permeabilidad intestinal no es un diagnóstico aislado, es un punto crítico en la fisiopatología de inflamación sistémica, disbiosis y desregulación inmune. La disrupción de proteínas de unión estrecha (tight junctions) permite el paso de endotoxinas como LPS, activando vías inflamatorias como NF-κB y perpetuando síntomas digestivos, metabólicos y hormonales (Cani et al., 2007).
La reparación intestinal requiere un abordaje estructurado, no intervenciones aisladas.
Primero, es necesario reducir inflamación intestinal activa mediante compuestos que modulen NF-κB y la respuesta inmune mucosal, incluyendo cepas específicas como Saccharomyces boulardii, con evidencia en la reducción de mediadores proinflamatorios y soporte de la barrera epitelial (Czerucka et al., 2007).
Segundo, restaurar la integridad de la mucosa intestinal. Nutrientes como glutamina, zinc carnosina y butirato han demostrado favorecer la regeneración epitelial y la función de tight junctions, mejorando la permeabilidad intestinal (Camilleri et al., 2012).
Tercero, modular la microbiota intestinal con probióticos y prebióticos específicos que promuevan diversidad bacteriana y producción de metabolitos clave como ácidos grasos de cadena corta, fundamentales para la salud del colon (Makki et al., 2018).
Sin reparar la barrera, no hay estabilidad metabólica ni inmunológica.
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