31/07/2026
“Estoy en plena cirugía. Detrás de mí, cinco cirujanos plásticos trabajando para reparar algo que nunca debió pasar. Esta paciente tiene biopolímeros infiltrados en glúteo y cadera, desde hace años. Lo que ven aquí no es una cirugía estética. Es una cirugía de reconstrucción, de rescate de tejido, y de recuperar la salud de una mujer que confió en la persona equivocada.”
“Los biopolímeros no se quedan donde los inyectan. Migran. Se endurecen. Generan lipogranulomas —masas inflamatorias crónicas— que destruyen el tejido sano alrededor, y pueden afectar otros órganos del cuerpo. Esto no es un procedimiento estético. Es un daño progresivo, silencioso, y muchas veces irreversible.”
“Quienes hacen esto no son médicos. Son personas sin cédula, sin quirófano, sin protocolo, que juegan con la vida de mujeres que solo querían sentirse bien con su cuerpo. Y cuando algo sale mal, desaparecen. Nosotros somos quienes recibimos las consecuencias, años después, en una cirugía de 6, 8, 10 horas, tratando de salvar lo que se pueda salvar.”
“Si alguien te ofrece esto en un consultorio improvisado, en su casa, sin certificación visible — vete. Tu cuerpo no es un experimento. Pregunta siempre: ¿cédula profesional? ¿Quirófano certificado? ¿Anestesiólogo presente? Si no hay respuesta clara, no hay cirugía.”