09/06/2026
"La enfermedad renal no duele." Y es cierto. No nos dolían los riñones. No sentíamos nada. No había una alarma que nos despertara en la madrugada. No había un dolor que nos hiciera correr al hospital. Por eso muchos llegamos confundidos. Recuerdo estar sentado en aquella sala de urgencias escuchando palabras que parecían no tener sentido.
"Tus toxinas están elevadas."
"Tu función renal está muy comprometida."
"Estás grave."
Y la única pregunta que daba vueltas en mi cabeza era: ¿Cómo que estoy grave si no me duele nada? La enfermedad renal muchas veces avanza en silencio.
No pide permiso. No avisa. No grita. Simplemente llega. Pero con el tiempo entendí algo. Tal vez los riñones no dolían. Lo que sí dolía era todo lo que vino después. Duele ver un catéter y entender que la vida cambió. Duele el miedo de la primera diálisis. Duele la incertidumbre de no saber qué sigue. Duele ver preocupada a la familia. Duele sentir que los planes tuvieron que esperar. Y a veces ese catéter se convierte en un recordatorio diario de una batalla que nunca imaginamos librar. Pero también aprendimos otra cosa.Así como la enfermedad llegó en silencio, también la esperanza llega muchas veces de forma silenciosa. Llega en una consulta que sale mejor de lo esperado. Llega en un resultado de laboratorio que mejora. Llega en una llamada de un ser querido. Llega en una comunidad que entiende lo que estamos viviendo. Llega en la fe de creer que aún hay camino por recorrer. Porque aunque la enfermedad renal cambió muchas cosas, no pudo quitarnos la capacidad de seguir adelante. Hoy, si estás viviendo este proceso, queremos recordarte algo:
Tu historia no termina con un diagnóstico.
Tu historia no termina con un catéter.
Tu historia no termina con la diálisis.
Mientras haya fe, amor, acompañamiento y esperanza, todavía quedan capítulos por escribir. Y muchas veces, los capítulos más difíciles son los que terminan enseñándonos la fuerza que nunca imaginamos que teníamos. 💚🙏🏻✨