Aura Arteaga/Nutrición Consciente

Aura Arteaga/Nutrición Consciente Soy Aura Arteaga 🌿
Nutrióloga funcional. A través del bioescáner analizamos lo que tu cuerpo necesita para recuperar equilibrio y bienestar desde la raíz.
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Ir a la raíz hace la diferencia…
26/07/2026

Ir a la raíz hace la diferencia…

🔥Tu hipertensión arterial “esencial” podría no ser crónica 🤷‍♂️🕵️🔥🤝

Año 1911. Un médico alemán, Erich Frank, inyectaba adrenalina a sus pacientes y observaba cómo la presión arterial subía de inmediato. Frank entendió que el fenómeno primario era el aumento del tono de las arterias pequeñas de todo el cuerpo, pero no logró explicar por qué ocurría. Entonces le puso nombre: hipertensión esencial.

Un año después, en 1912, William Osler —el médico más influyente de su época— dictó una conferencia ante la Sociedad Médica del Sur de Glasgow, publicada después en el British Medical Journal. Ahí declaró que esa presión extra era una necesidad, un asunto puramente mecánico, como el de un viejo sistema de riego con las cañerías incrustadas, y pidió a los médicos sacarse de la cabeza que la presión alta fuera lo que había que tratar.

Ahí nació el problema. "Esencial" terminó significando, literalmente, que era esencial para el paciente tener la presión alta. Durante décadas se la llamó así precisamente porque se la consideraba un componente inevitable del envejecimiento, y recién hace unos 50 años se aceptó que era una condición tratable.

Y aquí está la contradicción que nadie resuelve en la universidad: si es esencial, ¿por qué se entregan medicamentos para bajarla? ¿Y por qué de por vida? El nombre dice que es necesaria. La conducta clínica dice exactamente lo contrario.

Lo más llamativo es que 75 años antes, en 1836, Thomas Addison ya había descrito la degeneración grasa del hígado en el Guy's Hospital de Londres. La observación existía. Lo que no existía era el puente entre hígado graso, insulina y presión arterial. La insulina recién se aisló en 1921: diez años después de que Frank bautizara la enfermedad.

Le pusieron nombre antes de tener la pieza que faltaba. Y el nombre nunca se corrigió. Estamos en 2026 y se sigue enseñando igual.

Otros prefieren llamarla idiopática, es decir, sin causa. Tampoco tiene sentido fisiopatológico. La presión arterial solo puede subir por dos vías: aumenta el gasto cardíaco o aumenta la resistencia vascular periférica. No existe una tercera. Entonces, cuando a una persona de 30 años se le eleva la presión, algo movió una de esas dos variables. Decir "no tiene causa" no es un diagnóstico: es no haber buscado.

Cuando en nuestro centro médico realizamos la ecografía abdominal a pacientes catalogados como hipertensos crónicos, en la enorme mayoría aparece lo mismo en la pantalla: esteatosis hepática. Hígado graso.

Y ahí está la cadena que en 1911 no podían ver.

El hígado graso genera resistencia a la insulina hepato-específica. El páncreas compensa produciendo más insulina. Aparece la hiperinsulinemia, que casi siempre pasa inadvertida porque la insulina rara vez se solicita en sangre. Y cuando se solicita, los rangos "normales" del laboratorio se construyeron mezclando personas sanas con personas que ya tenían hiperinsulinemia. El rango de referencia quedó contaminado.

Esa insulina alta y sostenida hace tres cosas al mismo tiempo. En el riñón activa la maquinaria que reabsorbe sodio en el túbulo proximal, en el asa de Henle y en la nefrona distal, y con el sodio se retiene volumen. En el sistema nervioso simpático genera activación permanente. Y estimula el eje renina-angiotensina-aldosterona, sumando vasoconstricción y todavía más retención de sodio.

Pero lo que ocurre en la arteria es lo más importante de entender, y es donde casi todos se confunden. La insulina, en una persona sana, es vasodilatadora: le ordena al endotelio producir óxido nítrico y la arteria se relaja. El problema es que la resistencia a la insulina es selectiva por vía: se deteriora la señalización PI3K, que produce óxido nítrico, mientras se conserva intacta la vía MAPK, que secreta endotelina-1, el vasoconstrictor. Entonces esa insulina altísima que circula ya no puede dilatar, pero sí sigue contrayendo, con toda su fuerza y sin pausa. La misma hormona que debería abrir la arteria termina cerrándola. Y con los años, esa pared se engruesa.

Más volumen, más resistencia. Presión alta. Ni esencial, ni idiopática. Fisiología.

Y quiero ser honesto: existen hipertensiones secundarias verdaderas. Apnea del sueño, hiperaldosteronismo primario, estenosis de la arteria renal, feocromocitoma. Hay que descartarlas siempre. Pero no son la mayoría, y llamar "sin causa" a todo el resto es una comodidad diagnóstica, no un hallazgo científico.

La conclusión a la que he llegado después de años observando hígados en la pantalla del ecógrafo es simple: la mayoría de estas hipertensiones no son idiopáticas. Tienen una causa fisiopatológica identificable. Y cuando esa causa se corrige, lo que he observado es que la presión va mejorando progresivamente.

Esto es información educativa. Nadie debe suspender su medicación por cuenta propia ni sin control médico.

Un nombre puesto en 1911 no debería seguir definiendo el destino de un paciente en 2026.

Un saludo,
Doctor Salinas

www.elmetodosalinas.com

BIBLIOGRAFÍA

2. Historical Trends and Milestones in Hypertension Research. Hypertension (AHA)
https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/hypertensionaha.111.177766

3. Luft F. "Why is essential hypertension essential — or is it?" Acta Physiologica, 2020
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/apha.13469

5. Saklayen & Deshpande. "Timeline of History of Hypertension Treatment." Frontiers in Cardiovascular Medicine, 2016
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4763852/

6. Addison T., 1836 — el origen histórico del hígado graso
https://www.journal-of-hepatology.eu/article/S0168-8278(21)02015-8/fulltext
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8292567/

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06/07/2026

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12/06/2026

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11/03/2026

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¿Es reversible la resistencia a la insulina?

Te detectan resistencia a la insulina y te dejan metformina. Tienes manchas oscuras en el cuello (acantosis nigricans), tienes lunares colgantes tipo acrocordones, tienes sobrepeso, te duele el abdomen, te sientes cansado después de comer. Muchas veces estos síntomas parecen aparecer de forma repentina, pero en realidad suelen ser la manifestación visible de un proceso metabólico que comenzó años antes dentro del organismo.

Con el tiempo fui entendiendo esto observando pacientes desde dos perspectivas distintas. Por un lado, por dentro, a través de la ecotomografía. Durante años viendo hígados, páncreas y órganos abdominales en miles de pacientes, comencé a notar un patrón que se repetía una y otra vez. Y por otro lado por fuera, observando a esos mismos pacientes en la consulta: su peso, su cansancio, su piel, su presión arterial, su evolución clínica. El patrón era siempre muy similar. A partir de esa observación clínica repetida empecé a revisar la bibliografía científica, y encontré una enorme cantidad de estudios que relacionaban el hígado graso con la diabetes y el síndrome metabólico. Entonces todo empezó a encajar.

La progresión metabólica suele seguir un camino bastante claro: hígado graso etapa 1, hígado graso etapa 2, hígado graso etapa 3, resistencia a la insulina, diabetes e hipertensión arterial. En realidad, desde el punto de vista fisiopatológico, el hígado graso temprano ya ocurre junto con resistencia a la insulina, pero los exámenes de sangre muchas veces siguen siendo normales durante años porque el páncreas compensa produciendo cada vez más insulina. Por eso hay pacientes con ecografías claramente alteradas y exámenes aparentemente “normales”. El problema metabólico está ocurriendo igual, solo que todavía está compensado.

Entre medio empiezan a aparecer múltiples manifestaciones en el cuerpo. En las mujeres pueden aparecer miomas uterinos, alteraciones hormonales o incluso cáncer cervicouterino en contextos metabólicos alterados. En los hombres puede aparecer aumento del tamaño de la próstata. Esto no es casualidad. La insulina no es solo una hormona metabólica; también es una hormona de crecimiento. Cuando circula en niveles elevados durante años estimula vías celulares relacionadas con proliferación, como la vía IGF-1, favoreciendo el crecimiento de distintos tejidos. Ese crecimiento puede ser benigno, como en los miomas o la hiperplasia prostática, pero también puede transformarse en crecimiento descontrolado.

Cuando el proceso continúa durante muchos años aparece algo todavía más profundo: inflamación crónica de bajo grado. El exceso de grasa visceral, la lipotoxicidad hepática y la hiperinsulinemia generan estrés oxidativo y activación inflamatoria persistente. Ese ambiente inflamatorio altera los mecanismos normales de reparación celular y aumenta la probabilidad de errores en la replicación del ADN. Dicho de forma simple, las células comienzan a dividirse en un entorno inflamado y metabólicamente alterado, lo que favorece mutaciones genéticas y desarrollo de cáncer.

En las etapas finales del proceso metabólico también puede aparecer daño neurológico progresivo. El cerebro es uno de los órganos más sensibles a la alteración metabólica y a la resistencia a la insulina. Hoy muchos investigadores incluso llaman a la enfermedad de Alzheimer “diabetes tipo 3”, porque comparten mecanismos fisiopatológicos relacionados con inflamación, resistencia a la insulina y alteración del metabolismo energético cerebral. Por eso no resulta extraño que décadas de síndrome metabólico terminen asociándose también a deterioro cognitivo y demencia.

Sin embargo, hay algo importante que muchas personas no saben: este proceso puede detenerse e incluso revertirse en sus etapas iniciales. Cuando se corrige el ambiente metabólico que produjo el hígado graso —principalmente reduciendo azúcares, harinas refinadas y alimentos ultraprocesados— el hígado puede movilizar la grasa acumulada, disminuir la inflamación metabólica y mejorar la sensibilidad a la insulina. A medida que la insulina vuelve a niveles normales, muchas de las manifestaciones clínicas comienzan a mejorar: disminuye la grasa visceral, mejoran los triglicéridos, mejora la presión arterial y el metabolismo vuelve progresivamente a un estado más equilibrado.

La medicina moderna está empezando a comprender algo que durante años se pasó por alto: muchas de las enfermedades más frecuentes de nuestra época —hígado graso, diabetes, hipertensión, obesidad y parte de las enfermedades degenerativas— no aparecen de forma aislada. Forman parte de un mismo proceso metabólico que se desarrolla lentamente durante décadas. Y cuando entendemos ese proceso, también entendemos que en muchas personas todavía existe una oportunidad real de revertirlo.

Dr. Guillermo Salinas Araya
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