Duelos y Salud Mental

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Un mar de muerte, recuerdos de un hijo de David Rieff.Quiero empezar con una frase que el autor recupera de Kierkegaard:...
23/06/2026

Un mar de muerte, recuerdos de un hijo de David Rieff.

Quiero empezar con una frase que el autor recupera de Kierkegaard: “La vida debe ser vivida en perspectiva, pero solo puede ser entendida de un modo retrospectivo. El problema es que, a la sazón, por lo general es demasiado tarde.”

Leer este libro es encontrarse justamente con esa imposibilidad: entender mientras todavía se está viviendo. David Rieff escribe desde el lugar del hijo que intenta acomodar, en retrospectiva, la muerte de su madre. Lo que se hizo, lo que no se hizo, las decisiones tomadas y las que quedaron pendientes aparecen atravesadas por algo que él mismo nombra: el remordimiento del sobreviviente.

La pregunta constante de Rieff frente al tercer cáncer de su madre parece ser una que muchas personas conocen ante la enfermedad y la pérdida: ¿hice suficiente?, ¿tomé las decisiones correctas?, ¿había algo más que pudiera haber hecho?

Una de las ideas que se mencionan el libro es cuando afirma que “no hay cierre al tratarse de la muerte de alguien querido”. No porque el dolor permanezca intacto, sino porque la ausencia no se resuelve; se aprende a habitarla. Se continúa viviendo junto a las preguntas que quizá nunca tengan una respuesta definitiva.

Es un libro sensible, profundo y doloroso que retrata la mortalidad no como una rendición ante la muerte, sino como el profundo deseo de vivir.

Sin duda, abre espacio para pensar el duelo lejos de las respuestas fáciles o de la idea de aceptación como destino inevitable. Es una lectura que acompaña preguntas difíciles sobre el amor, el cuidado, la enfermedad y la ausencia; y que recuerda que, incluso frente a la muerte, seguimos intentando comprender qué significa seguir viviendo.

Una ruptura no solo deja preguntas sobre lo que pasó con la relación o sobre la otra persona. También puede abrir pregun...
22/06/2026

Una ruptura no solo deja preguntas sobre lo que pasó con la relación o sobre la otra persona. También puede abrir preguntas incómodas, pero importantes, sobre nosotros mismos: qué necesidades dejamos de escuchar, qué partes fuimos haciendo pequeñas para sostener el vínculo, qué límites cruzamos o qué heridas ya estaban ahí y el dolor hizo visibles.

Mirar hacia dentro no significa cargar con toda la responsabilidad ni convertirnos en el problema. Significa reconocer que, además de despedir una historia, también hay algo de nosotros que necesita ser comprendido, acompañado y reconstruido. Porque a veces sanar una ruptura no empieza preguntando por qué terminó, sino descubriendo qué necesita de nosotros lo que quedó dentro.

A veces pensamos que sobrevivir al dolor significa dejar de sentirlo, pero muchas veces se parece más a aprender a recon...
19/06/2026

A veces pensamos que sobrevivir al dolor significa dejar de sentirlo, pero muchas veces se parece más a aprender a reconocer sus nuevas formas y las nuestras. Hay dolores que ya no ocupan el mismo lugar, aunque sigan existiendo; y personas que, después de atravesarlos, descubren partes de sí que antes no conocían. No volvemos siendo los mismos, pero eso no significa que estemos más lejos de quienes éramos: también puede ser una forma de seguir viviendo.

A veces la culpa nos hace mirar únicamente hacia afuera. Nos lleva a revisar lo que dijimos, lo que hicimos o aquello qu...
18/06/2026

A veces la culpa nos hace mirar únicamente hacia afuera. Nos lleva a revisar lo que dijimos, lo que hicimos o aquello que creemos que faltó. Y en ese movimiento constante por reparar con otros, podemos olvidar algo importante: también hay heridas que se abren en la relación con nosotros mismos.

Hay ocasiones en las que no necesitamos otra disculpa hacia afuera, sino volver la mirada hacia dentro y reconocer cuánto nos exigimos, cuánto callamos para sostener, cuánto nos dejamos en último lugar.

Disculparnos con nosotros mismos no significa dejar de asumir responsabilidades. Significa reconocer que también merecemos comprensión, descanso y una forma más amable de habitarnos.

17/06/2026

Hablar del lado doloroso, crudo y real de la vida que atravesamos como personas no siempre es fácil. Pero Amanda Lalena ...
12/06/2026

Hablar del lado doloroso, crudo y real de la vida que atravesamos como personas no siempre es fácil. Pero Amanda Lalena Escalante lo hace de manera impresionante en su libro de cuentos "Trece latas de atún".

Durante la lectura me quedé más de una vez con la boca abierta, necesitando un momento para acomodar en la realidad aquello que acababa de leer.

El abandono, la envidia, el hartazgo, el miedo, las adicciones, la ira y muchas otras formas del dolor aparecen aquí de manera directa, sin adornos ni concesiones. Pero entre todo eso también emergen espacios que dibujan la felicidad, el amor, la esperanza y la amistad.

Sea cual sea el tema que se aborde, los relatos nos recuerdan la compleja condición humana, llevándonos a ver que la vida rara vez se vive desde una sola emoción. Habitamos constantemente entre la desgracia y el júbilo, entre lo que duele y lo que sostiene, desde contextos distintos y experiencias propias.

Quizá por eso estos cuentos impactan tanto, porque no hablan de personajes lejanos, sino de emociones, vínculos y heridas que reconocemos más cerca de lo que imaginamos.

Una lectura intensa, incómoda por momentos y magistralmente escrita.

Llegue con mucho escepticismo a este libro y me voy completamente satisfecha por haber descubierto las letras de Amanda.

No dejes de escribir Amanda Lalena Escalante, tus letras son fantásticas.

Si lo lees dime qué te pareció, es un libro súper recomendable.

Hay fechas que nos recuerdan una ausencia, pero también una presencia que continúa de otras formas. En los gestos que ap...
11/06/2026

Hay fechas que nos recuerdan una ausencia, pero también una presencia que continúa de otras formas. En los gestos que aprendimos, en las historias que seguimos contando, en los afectos que compartimos y en aquello que cambió en nosotros gracias a ese vínculo.

Recordar puede significar volver al dolor, pero también a habitar diferentes formas de reconocer que una vida dejó huellas profundas y que el amor encuentra maneras de permanecer, aun cuando la persona ya no está físicamente.

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