28/08/2026
Sé que muchos abuelos guardan historias increíbles. He escuchado muchísimas de amigos hablando de sus abuelitos y, cada vez que las escucho, pienso en el mío, porque él también tuvo una vida llena de historias extraordinarias.
Mi abuelo se llamaba José Bermúdez González. Durante más de treinta años fue maestro de Historia en la Preparatoria No. 1 de Toluca, y por sus salones pasaron generaciones enteras de estudiantes.
Imagino que tuvo cientos, quizá miles de alumnos. Muchos de ellos después estudiaron Derecho, Medicina y otras profesiones, y algo que todavía me emociona es que, aun después de tantos años, en algunos eventos de Toluca me encuentro personas que, al escuchar mi apellido, me preguntan por él porque fueron sus alumnos.
Pero además de maestro, mi abuelo tenía unas historias fantásticas que contar.
Una de las que más recuerdo tiene que ver con Carlos Hank González.
Mi Tito (como le decíamos todos los nietos) nos contaba que eran primos y que incluso él había sido padrino en su boda. De hecho, existe una fotografía familiar que yo misma he tenido en mis manos, aunque por ahora no hemos logrado encontrarla. Recuerdo perfectamente la imagen: aparecen mis abuelos el día de su boda y, junto a ellos, sentados en una banca, están Carlos Hank González y su esposa.
Por eso para mí esta no es una historia que haya escuchado solamente de manera vaga: crecí escuchándola de Tito y viendo aquella fotografía entre las cosas de la familia.
Cuando ambos eran jóvenes, mi abuelo también colaboraba con Carlos Hank. Nos contaba que le ayudaba con encargos, entregas, mensajes y distintos trabajos, y que gracias a ello le tocó estar presente en momentos muy particulares de aquellos años.
Y aquí es donde la historia familiar se cruza con una parte fascinante de la historia de México y de Cuba.
Entre 1955 y 1956, Fidel Castro Ruz vivió en México durante el exilio en el que preparó el movimiento revolucionario contra el gobierno cubano de Fulgencio Batista. En México coincidieron y se organizaron personajes como Raúl Castro Ruz, Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos.
Mi abuelo recordaba que algunos de ellos llegaron a reunirse con Carlos Hank.
Una de las escenas que nos contaba, y que nunca he olvidado, era haberlos visto reunidos en casa, conversando y jugando cartas. Entre los nombres que él mencionaba estaban Carlos Hank, el Che Guevara y Camilo Cienfuegos.
Cuando era niña o joven escuchaba aquello como una de las muchas aventuras de mi Tito. Con los años entendí la dimensión de lo que nos estaba contando: aquellos hombres todavía no eran las figuras históricas que hoy conocemos. Eran jóvenes que se encontraban en México preparando acontecimientos que pocos años después cambiarían la historia de Cuba.
Mi abuelito también nos hablaba de sitios en el Estado de México en los que se entrenaban personas vinculadas con el movimiento de Fidel Castro. En mi recuerdo él mencionaba cuevas o zonas altas, posiblemente hacia el área de Sultepec. Ese es uno de los detalles que hoy ya no puedo reconstruir con exactitud y prefiero conservarlo como él nos lo contaba, sin asegurar un lugar que ya no puedo preguntarle.
Lo que sí sabemos históricamente es que los revolucionarios cubanos realizaron entrenamiento en México durante 1956, incluido el rancho Santa Rosa, en Santa Catarina Ayotzingo, Chalco, Estado de México, antes de partir hacia Cuba.
En 1956, Fidel Castro y otros 81 expedicionarios zarparon desde Tuxpan, Veracruz, a bordo del Granma. Poco más de dos años después, el 1 de enero de 1959, triunfó la Revolución Cubana.
Y quizá eso es lo que hoy más me impresiona de las historias de mi abuelito.
Él no conoció esos nombres solamente en los libros de Historia que después enseñaría durante décadas. Según nos contaba, tuvo oportunidad de ver de cerca a algunas de esas personas cuando todavía estaban viviendo los acontecimientos que después aparecerían precisamente en esos libros.
Mi abuelito dedicó gran parte de su vida a las leyes y, sobre todo, a enseñar Historia.
Hoy me arrepiento un poco de no haber escrito todo lo que nos contaba. Trate de grabarlo varias veces y de convencerlo de escribir un libro pero no se concentraba y terminaba contándome 3 historias más y divagábamos en otros universos.
Cuando somos jóvenes creemos que los abuelos siempre estarán ahí para repetir la historia una vez más. No pensamos en preguntarles fechas, lugares, nombres completos o pequeños detalles. Y después, cuando queremos reconstruirlo todo, descubrimos que algunas piezas solamente quedaron guardadas en nuestra memoria.
Por eso quiero rescatar las historias de “José Bermúdez González”
Quizá no consiga recuperar cada fecha ni cada nombre. Quizá algunos detalles permanezcan solamente en los recuerdos de nuestra familia.
Pero aquella fotografía existe. Yo la tuve en mis manos.
Y mientras podamos seguir contando sus historias, una parte de todo lo que él vivió también seguirá existiendo.
-Cielo Martínez -