Dr. García Elizondo - Pediatra

Dr. García Elizondo - Pediatra Pediatra con especialidad en Medicina Crítica Pediátrica.
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Me llegó este mensaje de una mamá esta tarde. Es mamá de un paciente mío de 3 años, y quiero responderle aquí porque est...
16/06/2026

Me llegó este mensaje de una mamá esta tarde. Es mamá de un paciente mío de 3 años, y quiero responderle aquí porque estoy seguro de que no es la única que ha vivido algo así.

“Todos los días me están dice y dice en la guardería que mi hijo se hace pipí dormido. Lo duermen para la siesta y antes de dormirlo lo llevan y hace pipí, y aún así la mayoría de las veces se hace pipí dormido. Yo aún le pongo pañal para en la noche exclusivamente, pero me están diciendo como si ese fuera el problema. ¿Aún es normal que se haga pipí dormido o es problema que aún le pongamos el pañal en la noche? De verdad solo es dormido, despierto avisa y aguanta muy bien, si andamos en la calle se aguanta hasta llegar a un baño. Pero ya no sé qué más decirles en la guardería porque todos los días es lo mismo y quiero saber si están en lo correcto o no.”

Vamos por partes:

El control de vejiga durante el sueño y el control de vejiga estando despierto son dos procesos neurológicos completamente distintos.

Cuando un niño está despierto, el control voluntario de la micción depende de la corteza cerebral: el niño siente el deseo, lo procesa, decide aguantarse y avisa.

Eso es exactamente lo que este niño hace, y lo hace perfecto.

Lo que ocurre durante el sueño es otra historia.

Para que un niño deje de mojar dormido, su cerebro tiene que aprender a detectar la señal de vejiga llena incluso en estado de inconsciencia, y despertar o inhibir la micción de forma automática.

Ese proceso de maduración neurológica tiene su propio calendario biológico, y ese calendario no lo decide ninguna guardería.

La Academia Americana de Pediatría, la Sociedad Internacional de Continencia en Niños y todas las guías clínicas de alta calidad son absolutamente claras: mojar durante el sueño es completamente normal hasta los 5 años.

Y para que quede aún más claro con números: a los 5 años, entre el 15 y el 20% de los niños todavía lo hace de forma habitual, y eso sigue siendo normal. A los 7 años, entre el 5 y el 10% continúa mojando de noche sin que exista ninguna patología.

Recién a partir de los 5 años, y solo si hay impacto real en la calidad de vida, se considera explorar el tema desde el punto de vista clínico.

Este niño tiene 3 años. Tres Años.

Que controle perfectamente despierto, que avise, que se aguante en la calle y que solo moje durante el sueño no es una señal de alarma.

Es exactamente el patrón que se espera en un niño cuyo sistema nervioso está madurando de forma completamente normal, a su ritmo, como debe ser.

Ponerle pañal de noche no es un error, no es un retroceso y no es “el problema”. Es la decisión correcta mientras el cerebro no ha consolidado el control nocturno.

Retirar el pañal antes de que el sistema nervioso esté listo no acelera absolutamente nada. Solo moja la cama y genera estrés innecesario en el niño y en la familia.

Lo que no tiene ningún fundamento, ni clínico ni científico, es presionar a una mamá todos los días por algo que está dos años por debajo del límite donde siquiera empezaríamos a hablar del tema.

Con tres años y control diurno completo, este niño está haciendo todo bien. La conversación que habría que tener no es con la mamá.

Sentido común señores y señoras de las guarderías.

He estado un poco ausente de las redes pues no hemos parado entre gastroenteritis, influenzas tipo B, escarlatinas, enfermedades mano pie boca, varicelas. Lo bueno que ya vienen las vacaciones y esperemos los contagios vayan a la baja.

Gracias a todos mis pacientes por su confianza. Feliz Lunes.

Una fórmula no es una receta. Es una ecuación exacta.En química, una fórmula es la representación precisa de los element...
12/06/2026

Una fórmula no es una receta. Es una ecuación exacta.

En química, una fórmula es la representación precisa de los elementos que componen una sustancia y en qué proporción exacta están presentes.

Cambiar esa proporción no da una versión “más o menos” de la misma sustancia.

Da otra cosa completamente diferente, o en el peor de los casos, algo que ya no funciona como debería.

Una fórmula infantil de leche es exactamente eso: una fórmula.

No es leche con polvitos.

Es una composición científicamente calculada de proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales, diseñada para cubrir las necesidades nutricionales de un bebé en cada mililitro que toma.

Cada gramo de polvo, cada mililitro de agua, están ahí porque alguien hizo los cálculos para que ese bebé reciba lo que necesita, ni más ni menos.

Cuando diluyes la fórmula, es decir, le pones más agua de la indicada, no estás dando “algo más suave” o “más fácil de digerir”.

Estás dando menos nutrientes. El bebé toma su volumen normal, se siente lleno, pero recibió menos calorías, menos proteínas, menos de todo.

Con el tiempo, eso tiene consecuencias en el crecimiento y el desarrollo.

Cuando concentras la fórmula, es decir, le pones menos agua o más polvo del que corresponde, no estás dando algo “más nutritivo” o “más rendidor”.

Estás poniendo a trabajar de más a los riñones de un bebé que todavía no están maduros para manejar esa carga.

Además, alteras el equilibrio de minerales en la sangre, lo que en casos extremos puede ser peligroso.

La instrucción en la lata no está ahí para cumplir con un trámite. Está ahí porque es parte de la fórmula misma.

Por algo se llama fórmula.

Hay dos enfermedades que se confunden constantemente, y no solo entre papás: la enfermedad de mano, pie y boca y la vari...
06/06/2026

Hay dos enfermedades que se confunden constantemente, y no solo entre papás: la enfermedad de mano, pie y boca y la varicela.

Fiebre, manchitas, malestar general… a simple vista pueden parecer lo mismo. Pero no lo son. Y la diferencia importa más de lo que crees.

Te explico.

La enfermedad de mano, pie y boca es causada por un enterovirus, el más común el Coxsackievirus A16, aunque hay otros.

Afecta casi exclusivamente a menores de 5 años, con el pico entre el año y los tres.

Las lesiones son vesículas pequeñas, ovaladas, que aparecen en las palmas de las manos, las plantas de los pies, la boca y los glúteos.

No pican, o pican muy poco. Lo que sí duele mucho son las úlceras en la boca, que a veces impiden que el niño quiera comer o tomar líquidos.

La fiebre es leve a moderada y aparece uno o dos días antes que el sarpullido.

Se transmite por contacto con secreciones y por vía fecal-oral, y el virus puede eliminarse en las heces durante semanas incluso después de que el niño ya se ve bien.

No existe vacuna disponible en México, ni antiviral. El manejo es completamente sintomático.

La varicela es un virus completamente distinto, el virus varicela-zóster, de la familia de los herpesvirus.

Puede afectar a cualquier edad no inmune, pero en la época prevacunal el pico era en edad escolar.

Hoy, con la vacuna, estamos viendo más casos en adolescentes y adultos que no se vacunaron o que tienen esquema incompleto.

Las lesiones empiezan en el tronco y la cara, y luego se extienden hacia las extremidades.

Evolucionan de mancha a vesícula, luego a pústula, luego a costra, y lo característico es que en el mismo momento tienes lesiones en distintos estadios al mismo tiempo: lo que llamamos el patrón de “cielo estrellado”.

El prurito (comezón) es intenso, eso es definitorio.

Se transmite por vía aérea, incluso antes de que aparezca el sarpullido.

Hay aciclovir disponible para los casos que lo requieren, y la vacuna protege de forma muy efectiva.

Ahora bien, ¿por qué importa tanto distinguirlas?

Porque el aislamiento es diferente. En mano, pie y boca, el niño puede volver a la escuela cuando ya no tiene fiebre y las lesiones están en proceso de resolución.

No necesitas precauciones aéreas, pero sí higiene de manos estricta, especialmente al cambiar pañales.

En varicela, el niño no puede regresar hasta que todas las lesiones estén en costra, sin que aparezcan lesiones nuevas.

Y hay que evitar el contacto con embarazadas no inmunes, recién nacidos e inmunocomprometidos porque el virus se transmite por el aire.

Porque el tratamiento es diferente. En varicela hay casos donde el aciclovir sí está indicado: adolescentes, adultos, pacientes con dermatitis atópica extensa, uso de corticosteroides, o cualquier grado de inmunocompromiso.

En mano, pie y boca no hay antiviral. No hay nada que “acelere” el proceso, solo manejo del dolor, la fiebre y la hidratación.

Porque el riesgo no es el mismo. La mano, pie y boca suele ser benigna, pero ciertas cepas de Enterovirus 71 se asocian a complicaciones neurológicas graves: encefalitis de tronco cerebral, edema pulmonar neurogénico.

Son poco frecuentes, pero existen, y hay que conocer las señales de alarma.

La varicela en niños sanos también suele resolverse sola, pero puede complicarse con sobreinfección bacteriana de las lesiones, neumonía o encefalitis.

En adolescentes, adultos y pacientes de riesgo el cuadro puede ser considerablemente más serio.

Y hay una trampa diagnóstica que me parece importante mencionar: los niños vacunados que hacen varicela la presentan de forma atenuada.

Pocas lesiones, sin el patrón clásico de costras, fiebre leve.

En esos casos la confusión con mano, pie y boca es muy real.

Por eso el antecedente vacunal importa, y por eso una evaluación clínica real, no una foto por WhatsApp, sigue siendo insustituible.

Lo que te pido como médico es esto: si tu hijo tiene manchas con fiebre, que lo vea el pediatra.

No para que te digan “es mano pie boca, ya se le va a quitar” sin haberlo revisado.

Para que alguien que conoce a tu hijo, que sabe cómo se ve cada una de estas enfermedades en la práctica real, te diga qué tiene, qué esperar, cuándo regresar a la guardería, si hay riesgo para alguien más en casa, y cuándo sí necesitas ir a urgencias.

Las señales que no deben esperar: fiebre que no cede después de tres días, rechazo total a líquidos, somnolencia inusual o difícil de despertar, convulsiones, lesiones con pus o enrojecimiento marcado, dificultad para respirar, o un cuadro que simplemente “no se ve bien”.

Un diagnóstico correcto no es un lujo. Es el mínimo que tu hijo merece.

¿Hay que calentar la leche del bebé?Lo que mamás, abuelas y generaciones enteras creyeron como dogma…El origen de una co...
03/06/2026

¿Hay que calentar la leche del bebé?
Lo que mamás, abuelas y generaciones enteras creyeron como dogma…

El origen de una costumbre
Toda madre nueva lo ha escuchado: “la leche fría le va a doler la panza”, “tienes que dársela tibia”, “así es como siempre se ha hecho”. Parece evidente. Parece lógico. Pero cuando la medicina le exige explicación a la tradición, las respuestas a veces sorprenden.

Te doy contexto histórico:

Hasta el siglo XVII y XVIII, las nodrizas eran la solución al fallo de lactancia. La leche pasaba de un pecho a una boca. Temperatura corporal: 37°C. Sin intermediarios.

En 1865, Pasteur demostró que el calor destruye microorganismos. La leche de vaca cruda era fuente frecuente de tuberculosis bovina, brucelosis y fiebre tifoidea. Había que calentarla para que el bebé sobreviviera.

La revolución industrial separó a las madres de sus hijos. Aparecieron los primeros biberones comerciales y la leche de vaca como sustituto. Para usarla de forma segura: hervirla. El calor se volvió norma de higiene.

En las primeras décadas del siglo XX, las fórmulas en polvo llegaron al mercado. Los pediatras de la época recomendaban prepararlas con agua hervida y servirlas “tibias como el pecho”. El dogma quedó grabado a fuego en la cultura popular.

Hoy las fórmulas son casi estériles. Las condiciones sanitarias cambiaron radicalmente. Sin embargo, la costumbre sobrevivió a su contexto original.

Dicho en claro: calentamos la leche porque en otro siglo, en otras condiciones sanitarias, era necesario para no enfermar al bebé.

El estómago de un recién nacido opera a 37°C de manera constante. Independientemente de la temperatura con la que ingresa la leche —fría, tibia o temperatura ambiente— el contenido gástrico se homogeneiza rápidamente.

El volumen gástrico de un recién nacido es de apenas 20 a 30 mL en los primeros días. La capacidad del estómago de equilibrar esa temperatura es casi inmediata.

La mucosa gástrica infantil, igual que la del adulto, está diseñada para manejar variaciones térmicas. No hay receptores ni mecanismos que interpreten la leche fría como señal de peligro digestivo.

La digestión es un proceso enzimático y mecánico que depende del pH y la temperatura gástrica, no de la temperatura del alimento que entra.

Las enzimas digestivas como la lipasa y la pepsina actúan óptimamente a 37°C: la temperatura del estómago, no del biberón.

La leche materna y el calor
La leche materna recién extraída contiene factores bioactivos: inmunoglobulinas, lactoferrina, lisozima, células inmunes vivas, factores de crecimiento.

Estudios demuestran que calentar la leche materna a temperaturas superiores a 56-60°C degrada de forma significativa la lactoferrina y reduce la actividad de la lisozima.

La pasteurización Holder, usada en bancos de leche, se realiza a 62.5°C durante 30 minutos precisamente porque a esa temperatura se inactivan patógenos, pero con el costo de reducir parte de la bioactividad.

Así que calentar en exceso la leche materna puede ser contraproducente.

Los mitos, uno por uno
“La leche fría le da cólicos.”
Los cólicos del lactante (síndrome de distres infantil para los actualizados) tienen origen multifactorial: inmadurez neurológica, microbioma intestinal en desarrollo, hipersensibilidad visceral.

Ningún estudio controlado ha vinculado la temperatura de la leche con cólicos. La correlación que los papás observan es coincidencia de horarios.

“El frío le corta la digestión.”
La digestión depende del pH y la temperatura gástrica, no de la temperatura del alimento. El estómago regula esto por sí solo.

“El bebé prefiere tibia porque así sale del pecho, es algo natural.”
Los estudios sobre preferencias de temperatura en lactantes muestran gran variabilidad individual. Muchos bebés aceptan sin problema leche refrigerada. La preferencia, cuando existe, es aprendida, no innata. Puede modificarse gradualmente si la situación lo requiere.

“Si lo agitas bien después del microondas, está bien.”
Esto sí es un riesgo real. El microondas calienta de forma irregular, creando puntos calientes que pueden superar los 70-80°C en zonas localizadas mientras el resto del líquido parece tibio. Eso puede causar quemaduras en la boca y el esófago del bebé. El microondas para calentar biberones no es seguro, sin importar cuánto lo agites.

Fórmula y leche materna: reglas distintas
Para la fórmula en polvo: no hay razón médica para servirla caliente una vez preparada correctamente.

La preparación sí requiere agua a temperatura adecuada —la OMS recomienda mayor de 70°C para inactivar posibles contaminantes como Cronobacter sakazakii.

Pero eso es sobre la preparación, no sobre la temperatura de servicio. Una vez preparada y refrigerada, ofrecerla a temperatura ambiente o fría es completamente seguro.

Para la leche materna extraída: puede ofrecerse fresca sin calentar. Si está refrigerada, puede servirse fría o a temperatura ambiente.

Si se decide calentar, hacerlo en baño María o calentador específico, nunca en microondas, y no superar los 40°C para preservar sus factores bioactivos.

Nunca recalentar leche que ya fue ofrecida al bebé, ni volver a congelar leche descongelada.

La leche a temperatura ambiente, fría o tibia es igualmente segura para el bebé. No hay evidencia de que la leche fría cause cólicos, diarrea, daño digestivo ni ningún otro problema de salud en lactantes sanos.

Si el bebé acepta la leche fría: perfecto. Si prefiere tibia: también.

Si es leche materna: evitar temperaturas altas para no destruir sus componentes bioactivos.

Calentamos la leche porque así lo hicieron nuestras madres, porque ellas lo aprendieron en un contexto donde era necesario para sobrevivir.

Hoy ese contexto ya no existe. El bebé no necesita la leche tibia. Si la prefiere así, dásela.

Está foto es del Paseo Colón hoy en Torreón. Bueno, es la versión caricatura hecha por IA, pero quien se ha dado la vuel...
01/06/2026

Está foto es del Paseo Colón hoy en Torreón. Bueno, es la versión caricatura hecha por IA, pero quien se ha dado la vuelta estos últimos domingos sabe perfectamente que así luce a mediodía: con ese sol que no perdona y que solo los laguneros sabemos disfrutar, como diría el mismísimo Don Juan Gómez Junco de “la bella y preciosa comarca lagunera”.

Dos reflexiones de este domingo:

La primera: El futbol es mucho más que “solo futbol”. Es infancia. Es memoria. Es convivencia. Es calle. Es familia. Es ese idioma raro que puede juntar a desconocidos alrededor de una estampita repetida. El futbol une, convoca y saca a la gente de las pantallas. Eso no tiene precio.

La segunda: esta generación de papás y mamás, tan criticada por muchos, está decidiendo hacerlo diferente. Dejaron a un lado las excusas, se dieron el tiempo, salieron con sus hijos y decidieron estar presentes. Eso es lo que sus hijos van a recordar.

Y eso también se aplaude.

Claro, pichicatos y machistas siempre habrá. Que Dios los bendiga y les multiplique las repetidas.

Ya se siente la fiebre mundialista del deporte más hermoso del universo.

Feliz domingo.

Hubo un tiempo en que rechazar lo desconocido te salvaba la vida.Imagina a un niño de hace 50,000 años. Acaba de aprende...
31/05/2026

Hubo un tiempo en que rechazar lo desconocido te salvaba la vida.

Imagina a un niño de hace 50,000 años. Acaba de aprender a caminar. Por primera vez en su historia personal, puede alejarse de su madre, explorar el mundo, llegar a cosas que antes no alcanzaba.

Y el mundo, créeme, estaba lleno de cosas que podían matarlo.

Bayas de colores. Hongos extraños. Hojas que olían raro.

En ese contexto, el niño que probaba todo sin dudar… no llegaba a la adolescencia.

El que desconfiaba de lo nuevo, el que rechazaba lo que no había visto comer a su tribu, el que se aferraba a lo conocido… ese sí sobrevivía. Y tuvo hijos. Y sus hijos tuvieron hijos.

Hasta llegar a tu pequeño, que hoy tira el brócoli al piso con una convicción absoluta.

Eso que llamas “mañoso para comer” tiene nombre científico: neofobia alimentaria.

Y no es un capricho. Es biología antigua funcionando en un mundo moderno.

Aparece típicamente entre los 18 meses y los 3 años, justo cuando el niño comienza a caminar y a explorar de forma autónoma.

No es coincidencia. Es el mismo instinto de siempre activándose en el momento evolutivamente correcto: cuando el pequeño empieza a moverse solo por el mundo, su cerebro enciende la alarma ante todo lo desconocido.

Incluida la comida.

¿Y cómo aprendían los niños de la tribu qué era seguro comer?

Observando a los adultos.

Rozin lo describió en 1971 como la paradoja del omnívoro: los humanos podemos comer casi cualquier cosa, pero instintivamente desconfiamos de lo nuevo.

La solución evolutiva fue aprender copiando a quienes ya sobrevivieron comiendo eso.

Por eso hoy, si tú rechazas verduras en la mesa, tu hijo registra exactamente esa señal. Los padres neofóbicos crían hijos más neofóbicos. No por genética solamente. Por observación. Por imitación. Por el mismo mecanismo tribal de siempre.

Entonces, ¿qué funciona?

Birch lo documentó en 1982 y sigue siendo la evidencia más sólida que tenemos:

La exposición repetida sin presión.

Un alimento que ya come la familia: el niño suele aceptarlo entre 5 y 10 exposiciones. Un alimento completamente nuevo puede requerir más de 20 encuentros antes de que haya siquiera un mordisco voluntario.

Veinte veces. No dos. No cinco. Veinte.

Y una observación fascinante: cuando se ofreció tofu en tres versiones (salado, dulce y natural) a niños de 3 a 5 años, todos preferían la versión dulce al principio.

Pero con el tiempo, el consumo se igualó entre las tres versiones. El paladar se adapta. La desconfianza cede. La biología antigua se rinde ante la experiencia repetida y segura.

Lo que no funciona:

Obligar. Premiar con postre. Esconder la verdura. Forzar “una mordidita nada más”.

Todas esas estrategias activan exactamente el mecanismo contrario: el niño aprende que ese alimento es una amenaza que hay que negociar, no una experiencia que puede explorar.

La mesa es la tribu moderna.

Tu hijo te observa todo el tiempo. Ve qué comes, cómo reaccionas ante algo nuevo, si tú también le sacas la vuelta a lo que no reconoces.

No necesita presión. Necesita verte comer sin hacer escándalo.

Eso es lo que ha funcionado desde siempre.

Y todavía funciona.

Después de una semana de descanso, donde además de actualizarnos, recargamos y renovamos energías, estamos de regreso para atenderte en el consultorio.

Nos vemos el lunes en horario habitual.

Bonito Sábado.

Tu hijo va a guardería. Esto es lo que la ciencia dice al respecto.Que los niños en guardería se enfermen más no es un m...
27/05/2026

Tu hijo va a guardería. Esto es lo que la ciencia dice al respecto.

Que los niños en guardería se enfermen más no es un mito ni mala suerte. Es un fenómeno tan documentado que tiene nombre: “síndrome de guardería”.

Un artículo recién publicado en Acta Pediátrica de México (2026), firmado por neumólogos pediatras del Hospital Infantil de Especialidades de Chihuahua, lo analiza con profundidad. Aquí te comparto lo más relevante.

En México, el 73.6% de las mujeres económicamente activas tiene hijos y trabaja en promedio 43 horas por semana.

La guardería no es un lujo ni una elección caprichosa: es una necesidad real para millones de familias.

Sin embargo, en los últimos años el número de guarderías subrogadas al IMSS ha disminuido hasta un 30%, lo que ha generado sobresaturación en las que quedan activas.

Y en ese contexto de hacinamiento, las enfermedades infecciosas encuentran terreno fértil.

En México, el promedio es de 24 niños por cuidador.

En países desarrollados, ese promedio es de 14.

Esa diferencia no es menor: entre más niños por espacio, mayor la tasa de contagios

¿Cuánto más se enferman?
Los niños que asisten a guardería pueden presentar entre 6 y 10 infecciones al año, el doble que quienes se quedan en casa. El riesgo aumenta de forma específica y medible:

•Neumonía: 2.3 veces más riesgo
•Otitis media aguda: 2 veces más riesgo (presente en casi la mitad de los niños en guardería)
•Gastroenteritis aguda: 1.7 veces más riesgo (el 85% tendrá al menos un episodio antes del año de vida)
•Conjuntivitis: 2.2 veces más riesgo
•Enfermedades exantemáticas (varicela, pie-mano-boca, roséola): incidencia del 40.7%

Un estudio español con más de 1,100 niños menores de 2 años confirmó que ingresar a guardería antes de los 6 meses incrementa entre 1.5 y 2 veces el riesgo de enfermedades graves como neumonía y bronquiolitis.

Las consultas al pediatra aumentan hasta un 50% en comparación con niños que no asisten.

El uso de antibióticos es del 85% frente al 68% en los que no van a guardería.

Y el ausentismo laboral de las madres es una consecuencia directa, frecuente y poco discutida.

¿Por qué pasa esto?
Tres factores se combinan: el sistema inmune del niño pequeño aún está madurando, los espacios son cerrados y con alta densidad de niños, y la interacción física constante facilita el contagio.

Los meses de invierno son los más críticos por el aumento de infecciones respiratorias.

Los mecanismos de transmisión son varios: contacto físico directo, superficies contaminadas como juguetes y mesas, gotas respiratorias al toser o estornudar, y la vía fecal-oral en el caso de gastroenteritis por rotavirus, norovirus, salmonella y otros patógenos.

La transmisión además es bidireccional: no solo entre niños, sino también hacia el personal de la guardería y hacia los hermanos en casa.

Pero la guardería también tiene beneficios
La asistencia regular y de calidad se asocia con mayor desarrollo cognitivo y del lenguaje, mejor socialización y autorregulación emocional, y puede actuar como factor protector frente a contextos familiares adversos como la depresión materna.

Además, la exposición a mayor diversidad microbiana en estos entornos se ha relacionado con una mejor regulación inmunológica a largo plazo, incluyendo mayor producción de células T reguladoras y citocinas antiinflamatorias.

Y hay un dato particularmente interesante: los niños que se enferman más durante la etapa preescolar en guardería presentan tasas más bajas de infecciones respiratorias y otitis durante la primaria.

El sistema inmune, en cierta forma, aprende.

¿Cuándo sí debe quedarse en casa?
Existen criterios claros y basados en evidencia para la exclusión temporal:

•Fiebre con cambio de comportamiento
•2 o más vómitos en 24 horas
•Diarrea que se sale del pañal
•Úlceras orales con babeo o asociadas a fiebre
•Lesiones en piel que supuran en zona expuesta
•Diagnóstico confirmado de influenza, varicela, faringitis estreptocócica, tos ferina, hepatitis A, sarampión, parotiditis, entre otras.

Cada enfermedad tiene un tiempo específico de exclusión y criterios claros de reincorporación.

Por ejemplo: la varicela requiere exclusión hasta que todas las lesiones formen costra; la influenza, hasta 24 horas sin fiebre sin antipiréticos; la enfermedad pie-mano-boca, entre 3 y 5 días desde el inicio de síntomas.

Y hay muchas condiciones que NO requieren exclusión, algo que los padres y las guarderías con frecuencia ignoran: el resfriado común, la conjuntivitis viral leve, la fiebre aislada sin otros síntomas en mayores de 4 meses, el impétigo una vez iniciado tratamiento, la tiña cubierta, el molusco contagioso, o incluso la infección por VIH, de la que no se ha documentado ningún caso de contagio en guardería.

Enviar al niño al médico únicamente para obtener una nota de regreso no tiene ningún respaldo científico y no mejora la salud del niño ni de sus compañeros.

¿Qué sí funciona para prevenir?
1. Vacunación completa y al día.
Es la medida más poderosa con la que contamos. En México, en 2024, ninguna vacuna del esquema infantil alcanzó el objetivo del 90% de cobertura recomendado por la OMS.

Eso tiene consecuencias reales: recientemente se han reportado brotes de sarampión y tos ferina en el país.

Las vacunas prioritarias en el contexto de guardería incluyen: varicela, SRP (sarampión, rubéola y parotiditis), hepatitis A, DPaT, influenza y COVID-19.

Fuera del esquema nacional, también se recomienda considerar meningococo y neumococo en condiciones específicas.

2. Lavado de manos frecuente.
Entre 6 y 10 veces al día, con agua y jabón, antes de comer, después del baño y tras tocar superficies compartidas.

Es una de las intervenciones con mayor evidencia para reducir infecciones en entornos de cuidado infantil.

3. Ventilación adecuada.
La transmisión aérea es la ruta dominante para las infecciones respiratorias.

Una habitación bien ventilada debe tener entre 2 y 6 cambios de aire por hora.

Cada cambio adicional por hora reduce en un 12% la frecuencia de infecciones respiratorias.

Cuando se combina ventilación mecánica con filtración del aire, la reducción puede llegar entre 40 y 75%.

La exposición prolongada a contaminantes como polvo y hollín dentro de las guarderías incrementa hasta 5 veces el riesgo de bronquiolitis grave.

4. Control de temperatura y humedad.
Mantener la humedad relativa entre 40 y 60% es óptimo para la salud y reduce la viabilidad de la mayoría de los virus.

Los virus se transmiten con mucha mayor eficiencia a 5°C que a 30°C, lo que explica en parte por qué el invierno es la temporada más crítica.

5. Desinfección diaria de superficies y juguetes.
El virus de la influenza sobrevive 24 a 48 horas en superficies duras como metal o plástico.

El SARS-CoV-2 puede sobrevivir hasta 72 horas.

Los enterovirus pueden mantener viabilidad por más de una semana en ciertas condiciones.

6. Distancia y espacio físico.
Estudios muestran que por cada metro cuadrado adicional de espacio por niño, los días de ausencia por enfermedad se reducen en un 10.8%.

El tiempo de permanencia en la guardería también se correlaciona con la incidencia de infecciones.

¿Cuándo preocuparse más allá de lo habitual?
La mayoría de los niños con infecciones recurrentes en guardería son completamente sanos.

Pero hay señales de alerta que merecen una evaluación más profunda: infecciones graves o que no responden al tratamiento habitual, más de 6 a 8 otitis al año, 2 o más neumonías confirmadas, infecciones por microorganismos poco habituales, o antecedentes familiares de inmunodeficiencia.

Según estudios, entre los niños con infecciones recurrentes en guardería: el 50% son niños completamente sanos; el 30% tiene un perfil atópico como asma o alergias; el 10% tiene alguna enfermedad crónica; y el 10% podría tener algún grado de inmunodeficiencia.

La guardería, en este sentido, puede actuar como un entorno que revela vulnerabilidades preexistentes que de otra forma habrían tardado más en detectarse.

Lo que viene: investigaciones futuras
La ciencia no se detiene, y hay líneas de investigación activas que podrían cambiar significativamente el panorama en los próximos años.

Vacuna contra el Virus Sincitial Respiratorio (VSR).
El VSR es la principal causa de bronquiolitis y una causa importante de neumonía en lactantes. Actualmente no existe una vacuna disponible para uso pediátrico general, pero hay varios candidatos en fases avanzadas: una vacuna de ARN mensajero de Moderna en Fase III, una basada en la proteína G del VSR en Fase II, y vacunas de virus vivos atenuados también en Fase II.

Mientras tanto, se recomienda el uso de anticuerpos monoclonales como Palivizumab o Nirsevimab en lactantes de alto riesgo, incluyendo prematuros y aquellos con cardiopatía congénita o displasia broncopulmonar.

Vitamina D.
Existe evidencia de que la vitamina D tiene funciones inmunomoduladoras relevantes.

Sin embargo, su papel en la prevención de infecciones respiratorias en niños sanos de 0 a 5 años aún es controversial: una revisión sistemática reciente no encontró impacto positivo en la reducción de incidencia o gravedad.

En cambio, en niños asmáticos con déficit de vitamina D, la suplementación sí mostró reducir exacerbaciones y visitas a urgencias. La recomendación actual es evaluar los niveles y suplementar solo en caso de déficit comprobado: 400 UI/día en menores de un año y 600 UI/día en mayores.

Lisados bacterianos (OM-85).
Son inmunoestimulantes orales que modulan tanto la inmunidad innata como la adaptativa y aumentan la producción de IgA secretora.

Varios metaanálisis muestran una reducción de infecciones respiratorias de entre 35 y 39% comparado con placebo.

Sin embargo, la alta heterogeneidad entre los estudios impide emitir recomendaciones sólidas por el momento.

No se recomienda su uso rutinario hasta contar con estudios de mayor calidad.

Probióticos
Basados en el eje intestino-pulmón, algunos estudios sugieren que ciertas cepas específicas, particularmente Lactobacillus casei rhamnosus, pueden reducir la tasa de infecciones respiratorias.

Sin embargo, la evidencia actual no es suficiente para recomendar su uso generalizado.

Se necesitan más estudios para definir qué cepa, a qué dosis y en qué perfil de paciente podrían ser útiles.

La guardería es una realidad necesaria para millones de familias mexicanas. No podemos eliminar las infecciones, pero sí reducirlas con vacunas actualizadas, higiene de manos, buena ventilación, criterios claros de cuándo quedarse en casa, y un seguimiento pediátrico atento.

La ciencia ya tiene respuestas concretas. El reto es llevarlas a la práctica cotidiana, tanto en casa como en las propias guarderías.

Si tienes dudas sobre el esquema de vacunación de tu hijo, los criterios de exclusión o cuándo consultar al especialista, tu pediatra es siempre el mejor punto de partida.

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Hospital Ángeles Torreón. Torre Vasconcelos
Torreón
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