09/05/2026
A veces pienso en la mamá que nació hace 4 años y quisiera abrazarla.
Decirle que no estaba fallando.
Que no era mala mamá por sentirse triste.
Que el amor y el agotamiento podían existir al mismo tiempo.
Quisiera decirle que sí:
iba a volver a reír genuinamente,
a sentirse mujer otra vez,
a reconocerse en el espejo,
a dejar de vivir únicamente en modo supervivencia.
Porque cuando nacieron mis hijos,
también nació una versión de mí
que nadie me explicó cómo sostener.
Y aunque por mucho tiempo pensé que me estaba perdiendo,
ahora entiendo que también me estaba reconstruyendo.
Hoy, 4 años después, quisiera estar ahí con ella.
No para decirle que “todo pasa”
o que “disfrute cada momento”.
Quisiera decirle algo más honesto:
Que la maternidad no solo hace nacer hijos.
También hace nacer versiones nuevas de nosotras.
Y a veces ese proceso se siente como una ola gigante revolcándote en la orilla del mar y dejándote sin aliento.
Duele.
Y muchas veces se siente más como perderse que como encontrarse.
Entonces, a ti mamá que acabas de nacer:
No vengo a decirte que todo se vuelve perfecto.
Sé que sientes que desapareciste.
Sé que extrañas quién eras.
Sé que piensas que nunca volverás a sentirte ligera.
Pero créeme cuando te digo:
No te quedarás rota.
Estás atravesando una transformación que nadie supo explicarte.
Y un día,
después de mucha penumbra,
también llegará la luz.
Feliz día a las mamás que hoy sostienen más de lo que muestran.
Y especialmente a las que sienten que todavía no se encuentran.
No están solas.
— Psicóloga Andrea Ramírez Gamboa