26/07/2026
Agradezco Q.’. Y V.’. H.’. Ricardo Mota Farias por las luces, muchos libros e información que me has compartido.
REIKI de su autor José María Jiménez Solana
CAPÍTULO 4
Historia del Reiki
Aunque no existe documenta-
ción escrita, la tradición oral
ha pasado de maestro en maes-
tro de forma piramidal, distorsionándose,
por tanto, y habiendo diferentes versiones sobre el origen del Reiki, aunque todas coinciden en lo básico.
1. MIKAO USUI
El Reiki fue redescubierto alrededor de 1870 por un doctor y sacerdote japonés llamado Mikao Usui, quien, según algunas fuentes, enseñaba en la Universidad cristiana Doshisha, de Kioto (Japón).
Un día, sus alumnos le preguntaron cómo sanaba Jesucristo a los enfermos y
que si Él dijo que «el que crea en Mí realizará las obras que yo hago, y aun las hará más grandes», por qué no existía en el mundo ningún sanador capaz de realizar esas curaciones.
Usui no supo responder y como el código de honor japonés obliga al maestro a responder todas las preguntas de sus dis-
cípulos, empezó una búsqueda que duró diez años y que le llevaría a sentar las bases del Reiki.
Según una versión, Usui viajó a Estados Unidos, donde permaneció siete años en la Universidad de Chicago estudiando teología y las sagradas escrituras que narraban las curaciones de Jesucristo, y aunque no encontró el secreto de los milagros de Jesús, estudiando la historia comparada de las re-
ligiones descubrió indicios de que el primer Buda, Gautama Siddharta (620-543 a.C.) había realizado curaciones similares; también aprendió a leer el sánscrito, que era el antiguo idioma litúrgico de India y Tíbet.
Otra versión mantiene que Usui no estuvo en Estados Unidos y que esta parte de la historia fue añadida posteriormente para
dar más verosimilitud y credibilidad al Reiki desde el punto de vista occidental y así
ser aceptado más fácilmente.
Siguiendo esta pista, Usui viajó a India y Tíbet, donde continuó su búsqueda en los monasterios budistas, estudiando los sutras indios, chinos y tibetanos. Los monjes le decían que el hombre tuvo la facultad de sanar el cuerpo en épocas pasadas, pero que se había perdido porque en los monasterios la curación se había orientado
únicamente hacia la sanación del espíritu, olvidándose en parte del cuerpo físico.
Pero Usui regresó a Japón y siguió investigando tenazmente y visitando monasterios y por fin en uno de ellos creyó haber encontrado la respuesta que buscaba en un manuscrito en el que un discípulo de Buda constataba la existencia de unos símbolos y procedimientos que se remontaban al año 2500 a.C., afirmando que Buda los había utilizado en sus curaciones, similares a las de Jesús, y también se revelaba la forma de transmitir esas facultades a otras personas.
Usui comunicó su hallazgo al abad del monasterio, que era un maestro Zen, y decidieron que debía aislarse en meditación,
ayuno y oración en la montaña sagrada de Kuriyama, a 25 kilómetros de Kioto, durante tres semanas; una vez allí, colocó
veintiuna piedras en el suelo para medir el transcurso de los días quitando una cada
día. Así pasaron los primeros veinte días sin que ocurriera nada significativo hasta que en el amanecer del día veintiuno vio acercarse una especie de esfera luminosa que se dirigía hacia él y, aunque su prime-
ra reacción fue huir, decidió aceptar la realidad tal como se presentara; entonces la luz le penetró por el tercer ojo entre las cejas, se desvaneció y vio envueltos en burbujas de luz los símbolos Reiki, que se le
quedaron grabados de forma indeleble.
Además, con cada símbolo se le informó sobre la forma de utilizarlos para activar la energía universal sanadora. Así tuvo lugar la primera sintonización Reiki, que
fue la de Mikao Usui, al que le fueron revelados de esta forma los métodos de esta técnica ancestral.
Se cuenta que al descender del monte tuvieron lugar las cuatro primeras curaciones Reiki: mientras bajaba se hirió un dedo del pie y al cogérselo con las manos empezó a sentir calor, quedando curado el
dedo; luego entró en una posada y, después del prolongado ayuno, se alimentó con una copiosa y abundante comida que no le sentó mal, curando después en el acto a la hija del posadero, que tenía un gran flemón, colocándole las manos en las mejillas. Al
regresar al monasterio, el abad estaba postrado con un ataque de artritis y también lo curó mediante la imposición de las manos.
En los años posteriores Usui se dedicó a impartir el Reiki a las personas más desfavorecidas entre los mendigos de Kioto y se
produjeron muchas curaciones que les devolvían la integridad física para trabajar y mantener a sus familias. Pero más tarde observó que muchos de ellos volvían a la mendicidad y al preguntarles por qué lo
hacían, le contestaban que les resultaba más difícil volver a trabajar para ganarse la
vida y que por ello preferían mendigar y no tener responsabilidades.
Al analizar las razones de este desinterés en ganarse la vida honradamente, comprendió que solamente había curado el cuerpo físico pero no la parte espiritual, ya que no había sabido enseñarles la gratitud
y el sentido de responsabilidad de su propia existencia, y así Usui se percibió de la
importancia del intercambio de energía y llegó a la conclusión de que todo acto recibido exige una contrapartida del receptor que otorgue valor a lo recibido.