27/05/2026
En ocasiones, como adultos también nos cuesta entender lo que sentimos; por ello, nos frustramos, nos enojamos o nos sentimos abrumados sin saber cómo expresarlo.
Ahora imagina lo que vive un niño o un adolescente, cuando ellos lloran, se irritan o “se porta mal”, muchas veces no es sólo conducta, es una emoción que no sabe cómo nombrar o gestionar.
No es que no quiera hacerlo mejor,
es que aún está aprendiendo cómo hacerlo.
Acompañar sus emociones no es permitir todo,
es enseñarles qué hacer con lo que sienten.
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