14/08/2026
Les había contado que estaba trabajando en algo diferente… pero muy mío. ❤️
Hoy quiero compartirles una pequeña probadita de ese proyecto que durante tanto tiempo estuvo en mi corazón.
Es una historia de amor, de coincidencias, de encuentros inesperados… y también de esos momentos en los que la vida parece decirnos: “todavía hay algo maravilloso esperándote.”
📖 Les comparto el prólogo de mi novela: Entre coincidencias y milagros.
Prólogo
Dicen que el amor llega cuando uno deja de buscarlo.
Durante mucho tiempo pensé que era una de esas frases bonitas que las personas repiten para consolar a un corazón cansado.
No estaba segura de creer en ella.
Lo que sí aprendí con los años es que el destino tiene formas extrañas de mover los hilos de nuestra vida. A veces nos cambia a través del dolor. A veces mediante decisiones que parecen pequeñas, casi insignificantes, pero que terminan abriendo puertas que jamás imaginamos cruzar.
Y algunas veces…
A veces el destino llega disfrazado de una simple aplicación en el teléfono.
Si alguien me hubiera dicho años atrás que el hombre con quien compartiría mi vida aparecería detrás de un signo de interrogación en la versión gratuita de Tinder, probablemente habría soltado una carcajada.
Me habría parecido imposible.
Pero esta historia no comenzó en Tinder.
Esta historia comenzó mucho antes.
Comenzó en el Estado de México, en una etapa de mi vida donde tuve que aceptar una verdad que dolía: amar a alguien no significa perderse a una misma intentando salvarlo.
Comenzó el día en que comprendí que el alcohol había ocupado el lugar que debía pertenecerle a la familia. El día en que tuve que tomar una decisión difícil, no solo por mí, sino por la pequeña niña que dependía de mí.
Mi hija.
La persona que me enseñó que incluso con el corazón roto una madre encuentra fuerzas que no sabía que tenía.
Después de aquella decisión vino una etapa de reconstrucción.
Aprendí a levantarme cuando nadie veía mis lágrimas. Aprendí a seguir adelante aunque hubiera días donde la incertidumbre pesaba demasiado. Aprendí a sonreír por fuera mientras por dentro intentaba descubrir quién era yo después de haber dejado atrás una parte de mi vida.
Entonces llegó una llamada que cambiaría mi camino.
Era mi padre.
—Ven a Veracruz —me dijo—. Aquí puedes empezar de nuevo.
Y acepté.
Con ayuda de mi hermana empaqué mis recuerdos, mis miedos y las pocas cosas materiales que podía llevar conmigo. Dejé atrás la ciudad donde había vivido tantos años y emprendí un viaje hacia un lugar que apenas conocía.
Llegué a Coatepec.
Un pueblo rodeado de montañas, neblina y cafetales donde el aroma de la tierra mojada parecía susurrar que los nuevos comienzos sí eran posibles.
No sabía que aquel lugar se convertiría en el escenario donde mi vida daría un giro inesperado.
Pasaron dos años.
Mi vida tenía una rutina sencilla.
Trabajar.
Cuidar de mi hija.
Regresar a casa.
Y cada sábado volver a los Scouts, ese movimiento que había formado parte de mi identidad y que me recordaba quién era.
Había aprendido a ser independiente.
Había aprendido a ser fuerte.
Pero en los rincones más silenciosos de mi corazón todavía existía un sueño que nunca había desaparecido.
Encontrar un amor verdadero.
No alguien que viniera a rescatarme.
No alguien que llenara mis vacíos.
Sino un compañero.
Una persona con quien caminar de la mano el resto del camino.
Fue una amiga quien, sin imaginarlo, abrió la puerta hacia algo que cambiaría mi destino.
—Así nunca vas a conocer a nadie —me dijo una tarde—. Solo vas de tu casa al trabajo y de los Scouts a tu casa. Descarga Tinder.
La idea me pareció extraña.
Yo nunca había imaginado buscar el amor a través de una pantalla.
Pero antes de crear mi perfil hice algo que pocas personas conocían.
Tomé una hoja de papel.
Y escribí.
No escribí una lista de requisitos.
Escribí una conversación con Dios, con el universo y conmigo misma.
Puse las cualidades que soñaba encontrar en un hombre. Escribí la clase de persona que quería conocer: alguien noble, honesto, inteligente, con sentido del humor parecido al mío, alguien capaz de amar con profundidad.
Pero también escribí algo más importante.
Acepté que nadie sería perfecto.
Que todos tenemos heridas.
Que todos tenemos defectos.
Y que amar también significa elegir aquello que estamos dispuestos a comprender.
Cuando terminé, cerré los ojos y entregué aquella hoja con fe.
Después descargué Tinder.
La versión gratuita.
No tenía dinero para pagar una suscripción.
Mi perfil era sencillo: una mujer, madre, scout de corazón y naturópata de profesión, buscando compartir la vida con alguien especial.
Subí algunas fotografías de los Scouts, otras de mi trabajo y agregué el enlace de mi página de Facebook.
Después esperé.
Pasó un mes.
Nada extraordinario ocurrió.
Hasta que una mañana, mientras miraba la pantalla de mi teléfono, aparecieron cuatro signos de interrogación.
"Tienes cuatro personas interesadas en ti. Elige una gratis o paga para descubrirlas todas."
Sonreí.
Parecía una pequeña prueba del destino.
Respiré profundamente y cerré los ojos.
—Tú sabes exactamente lo que estoy buscando —susurré—. Elige por mí.
Sin pensarlo demasiado, presioné el primer signo de interrogación.
Y entonces apareció él.
No tenía cabello.
Y curiosamente, ese fue el detalle que menos llamó mi atención.
Lo primero que vi fueron sus ojos.
Unos ojos serenos, profundos.
Tenían una mezcla extraña: parecían guardar tristeza, pero al mismo tiempo transmitían una bondad que no podía explicarse con palabras.
En una de sus fotografías estaba practicando yoga.
Sonreí.
"Qué coincidencia", pensé.
No sabía que aquella pequeña coincidencia sería la primera pieza de una historia que parecía escrita mucho antes de que nosotros la viviéramos.
Minutos después llegó un mensaje.
—Hola. ¿Cómo estás?
Tres palabras.
Tres palabras sencillas.
Sin embargo, yo todavía no sabía que aquel saludo sería el inicio de la historia de amor más importante de mi vida.
Si después de leerlo quieres seguir conociendo esta historia, coméntame “YO QUIERO” y te compartiré la información para que puedas seguir leyendo. ❤️