Psicóloga Fabiola Bremont

Psicóloga Fabiola Bremont Dra.H.C. | Psicoterapeuta Psicoanalítica & Escritora ✍🏻
🌎 Sesiones online a todo el mundo | Atención presencial. Estoy aquí para acompañarte en los siguientes.

Servicio Profesional de Atención Psicológica, de forma presencial en la Ciudad de Veracruz y, en línea, a cualquier parte del mundo. Si has llegado hasta aquí es porque necesitas ayuda para ti o para alguien que te importa. Antes de explorar más en este sitio, déjame decirte que has dado uno de los pasos más difíciles. Juntos daremos respuesta a todas esas preguntas que te rondan y trabajaremos di

ferentes herramientas para que puedas recuperar tu salud. Concibo la terapia psicológica como un trabajo en equipo donde paciente y psicoterapeuta somos igual de importantes, siendo fundamental para mí crear un clima basado en la comodidad, comprensión y apoyo sin juicios. No dudes en contactarme. Será un placer responder a tus preguntas y ofrecerte un servicio correspondiente a tus requerimientos personales. Nuestra tarea, como psicólogos, es aportar las herramientas y los recursos a las personas que lo soliciten y se encuentren inmersas en problemas que desde su perspectiva no tienen solución. Son estos recursos los que dan lugar a un panorama nuevo en el que el problema deja de existir o de padecerse. Y este panorama es la motivación que tu necesitas para que se produzca el cambio y puedas seguir adelante...

Elegir orgullosamente y decidir sobre nuestra vida con libertad, tales son las metas últimas que propone nuestro trabajo psicoterapéutico. Las terapias psicológicas están dirigidas a adultos, adolescentes y parejas que atraviesen por alguna dificultad en sus vidas. PIDE CITA YA.

¡No esperes más! Si te encuentras en un mal momento personal, y no tienes ganas o no te sientes con fuerzas de salir de casa, también te ofrecemos ayuda psicológica en línea. Mi único objetivo es AYUDARTE.

🟦 ¿De qué va la primera sesión? La primera sesión dura aproximadamente 45 minutos. Me cuentas más sobre ti y tu historia, así puedo valorar si soy la persona idónea para ayudarte.

🟦 ¿Cómo se hacen las sesiones? Puedes realizar la terapia tanto de manera presencial como online. A efectos prácticos y de eficacia de la misma, no existen diferencias entre hacerlo de una u otra manera. Es una cuestión de preferencias personales. Así que escoge la forma con la que te sientas más cómodo/a.

🟦 ¿La terapia online es igual de eficaz? Sí. Se han realizado numerosas investigaciones al respecto y los resultados son concluyentes: la terapia online es igual de eficaz que la terapia presencial. Es fundamental, eso sí, que realices las sesiones en un espacio seguro para ti y tranquilo y, que dispongas de una buena conexión a internet.

🟦 ¿Cada cuanto tendré que hacer las sesiones? Las sesiones suelen ser semanales o quincenales. Depende de tu historia, la disponibilidad de agenda y, siendo franca, las posibilidades económicas. Lo más habitual es comenzar con una sesión semanal, la cual se va espaciando una vez se van asentando los cambios.

🟦 ¿Cuánto tiempo durará la terapia? Ojalá pudiera darte una respuesta objetiva; sin embargo, cada persona tiene una historia completamente diferente, con unas condiciones y hábitos también diferentes. La duración de la terapia depende de muchos factores, pero habitualmente va desde los pocos meses hasta el año.

🟦 Espaciamos sesiones. La constancia, entender lo que te ocurre y el trabajo que hayamos hecho te irán dando estabilidad para poder afrontar diferentes vivencias que antes te parecía imposible poder hacerlo. Esa estabilidad será nuestro indicador para ver que ya podemos espaciar nuestros encuentros.

🟦 ¿Podré recuperarme? Entender nuestra historia, el origen de determinados comportamientos y/o sentimientos, tomar conciencia de qué es nuestra responsabilidad y qué no, nos puede ayudar a trabajar y a buscar otras alternativas que no supongan un daño para nuestra salud. De esta manera, aunque nos encontremos ante rasgos y/o situaciones que no podamos cambiar, aprenderemos a gestionar nuestra manera de reaccionar de una forma que no repercuta negativamente en nuestra salud mental ni física.

Hay un duelo del que casi nadie habla: despedirte de las vidas que imaginaste para ti. De la relación que pensabas que i...
12/08/2026

Hay un duelo del que casi nadie habla: despedirte de las vidas que imaginaste para ti.

De la relación que pensabas que iba a durar para siempre. Del trabajo que jurabas que ibas a conseguir. De la ciudad donde creías que ibas a vivir. De la versión de ti que existía solo en tus planes.

Y aunque duela aceptarlo, crecer también significa reconciliarte con todo aquello que ya no será.

No porque hayas fracasado, sino porque la vida cambió de dirección.

Mientras sigas comparando tu vida real con la vida que imaginaste, la realidad siempre tendrá algo de fracaso.

El duelo también consiste en dejar de preguntarte cómo habría sido y empezar a descubrir qué puede ser ahora.

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Tuve una paciente hace años:“Tengo una idea en una reunión, la digo bajito, casi pidiendo permiso. Nadie responde. Cinco...
08/08/2026

Tuve una paciente hace años:

“Tengo una idea en una reunión, la digo bajito, casi pidiendo permiso. Nadie responde. Cinco minutos después alguien dice prácticamente lo mismo y todos lo escuchan”.

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La primera lectura podría ser: “No me valoran”. Pero yo siempre iré hacia explorar algo más incómodo:

-¿Cómo aprendiste a ocupar tan poco espacio cuando hablas?

Porque quizá no sólo importa qué dijo, sino cómo aprendió a presentarse frente a los demás.

Tal vez antes de hablar ya suavizó su opinión:

-“No sé si tenga sentido, pero…”
-“A lo mejor estoy equivocada…”
-“Es sólo una idea…”
-“Igual y es una tontería…”

Bajó la voz. Evitó interrumpir. Miró rostros en busca de aprobación y, ante la primera falta de respuesta, se retiró.

Entonces llega otra persona cinco minutos después y dice lo mismo sin pedir disculpas por ocupar espacio.

Y ahí duele.

Pero, ojo. Esto no se trata de “si no te escuchan es porque tú no sabes imponerte”. No. Hay contextos laborales, familiares y sociales donde determinadas personas son sistemáticamente menos escuchadas, independientemente de cómo se expresen.

Lo interesante es preguntarnos qué hacemos nosotros cuando anticipamos que la mirada del otro puede avergonzarnos.

-Aprendemos a hablar sin hacer demasiado ruido.
-A opinar sin parecer demasiado seguras.
-A destacar, pero no demasiado.
-A existir, pero procurando no incomodar.

Hasta que un día sucede exactamente lo que muestra la imagen:

Nos preguntamos por qué nadie nos escucha sin darnos cuenta de cuánto tiempo llevamos entrenándonos para pasar desapercibidas.

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El perfeccionismo no siempre es tu mejor versión. A veces es tu juez interno: el que nunca aplaude y sólo corrige.Y cuan...
08/08/2026

El perfeccionismo no siempre es tu mejor versión.
A veces es tu juez interno: el que nunca aplaude y sólo corrige.

Y cuando ocurre así, no necesariamente es tu versión más exigente la que manda. Puede ser tu versión más asustada.

La que aprendió que equivocarse podía significar quedar expuesta, ser criticada, hacer el ridículo o convertirse en tema de conversación.

A simple vista, parece disciplina.
Pero debajo puede haber miedo.

Miedo a que tu valor dependa de hacerlo todo bien.
Miedo a no ser aceptada.
Miedo a que los demás encuentren algo que señalar.

Y lo interesante es que ese miedo no siempre se siente como miedo. A veces se siente como: “simplemente me gusta hacer bien las cosas”.

▪️Por eso no sólo te arreglas: te revisas en el espejo como si fueras a una entrevista, aunque sólo vayas a “tomar un café rápido”.

▪️Por eso lees tres veces un correo antes de enviarlo… y después lo revisas en otro dispositivo, “por si acaso”.

▪️Por eso preparas tu intervención en una junta como si fuera un pitch ante inversionistas, aunque solamente te hayan pedido una opinión rápida.

Poco a poco, la mente aprende una regla:
Si todo está impecable —mi presentación, mi trabajo, mi casa, mi cuerpo— habrá menos posibilidades de que alguien encuentre algo por lo cual juzgarme.

Y ahí aparece una diferencia importante.

▫️Querer hacer las cosas bien no es necesariamente perfeccionismo.
▫️Tener estándares altos, cuidar los detalles o ser disciplinada tampoco es un problema en sí mismo.

El problema aparece cuando el error deja de sentirse como un error y empieza a sentirse como una amenaza a nuestro valor.

Cuando ya no pensamos: -“Me equivoqué”
Sino: -“Quedé mal”, “¿qué van a pensar de mí?”, “van a darse cuenta”, “debí hacerlo perfecto”. Y nos torturamos.

En esos casos, muchas veces el perfeccionismo no nace de una ambición sana, sino del miedo camuflado.

Es un “no me veas fallar” disfrazado de “quiero dar lo mejor de mí”.

Y, cuando detrás, existe una historia repetida de ridiculización, vergüenza o exposición, el perfeccionismo puede convertirse en una especie de uniforme blindado.

Si no cometo errores, nadie puede exhibirme.
Si anticipo todo, nadie puede sorprenderme.
Si soy impecable, nadie tendrá nada que decir.

Funciona.
Ese es precisamente el problema.

Porque puede protegernos del ridículo, pero el precio puede ser enorme: espontaneidad, creatividad, descanso, disfrute y una cantidad absurda de energía invertida en prevenir errores que probablemente nadie más habría notado.

Y aquí aparece una paradoja:
Cuanto más intentamos protegernos del juicio siendo impecables, más terminamos organizando nuestra vida alrededor de la mirada de los demás.

Quizá la libertad no consista en dejar de equivocarnos, sino en poder equivocarnos sin sentir que cada error pone en duda quiénes somos.

Y si esto resuena contigo, quizá valga la pena preguntarte:

🕳️️ ¿En qué aspectos de mi vida exijo perfección para evitar la vergüenza más que por verdadero disfrute?
🕳️ ¿Cuánto tiempo, dinero y energía invierto en prevenir errores que nadie más notaría?
🕳️ ¿Qué haría diferente si supiera que nadie va a utilizar mis fallas para exponerme?

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Cuando necesitas tus lentes para encontrar tus lentes… y de pronto entiendes muchas cosas sobre tus relaciones 🚩👓--💙🩵 Sa...
08/08/2026

Cuando necesitas tus lentes para encontrar tus lentes… y de pronto entiendes muchas cosas sobre tus relaciones 🚩👓

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Cuando una relación duele, desde fuera parece lógico preguntarse por qué alguien no se va. Si ya no eres feliz, si llora...
06/08/2026

Cuando una relación duele, desde fuera parece lógico preguntarse por qué alguien no se va.

Si ya no eres feliz, si lloras más de lo que disfrutas, si llevas meses intentando reparar lo mismo, ¿por qué quedarse?

Pero cuando escuchas lo que hay detrás, descubres que muchas veces no se están aferrando únicamente a una persona. Se están aferrando a todo lo que esa persona representa.

- A la rutina.
- Al mensaje de buenos días.
- A tener a quién contarle algo al terminar el día.
- A los planes del fin de semana.
- A saber que hay alguien ahí.

Y entonces terminar una relación no significa solamente perder a la pareja. Significa imaginar una vida en la que, de pronto, todos esos espacios quedan vacíos.

Ahí aparece el miedo.
“¿Y qué voy a hacer sola?”

Y me parece importante detenernos justamente en esa palabra: 'Sola'.

Porque 'estar sola' y 'sentirse sola' no son exactamente lo mismo.

He visto pacientes profundamente solas dentro de una relación. Mujeres acompañadas que llevan meses sin sentirse escuchadas, elegidas, deseadas o cuidadas. Duermen junto a alguien y, sin embargo, emocionalmente llevan mucho tiempo viviendo solas.

Pero esa soledad resulta menos evidente porque todavía existe una pareja.

Hay un nombre en el teléfono.
Hay alguien sentado enfrente.
Hay una relación que puede mostrarse al mundo.

Y quizá por eso algunas relaciones se vuelven tan difíciles de soltar: no necesariamente porque todavía nos hagan bien, sino porque funcionan como una defensa frente al miedo de encontrarnos con nosotros mismos.

Entonces empezamos a negociar.

- “Quizá cambie”.
- “Tal vez estoy exagerando”.
- “Todas las parejas tienen problemas”.
- “Voy a intentarlo una vez más”.

Y claro que algunas relaciones pueden repararse. No todo conflicto significa que haya que terminar.

Pero hay una diferencia enorme entre elegir permanecer porque todavía existe algo que ambos quieren construir y, permanecer, porque la alternativa nos aterra.

Ahí, el trabajo terapéutico se vuelve interesante.

Porque quizá antes de preguntarnos “¿cómo hago para dejarlo?”, necesitamos preguntarnos: “¿Qué imagino que encontraré cuando me quede sola que me asusta tanto?”

A veces aparece el silencio; otras veces, la sensación de no ser suficiente; el miedo a que nadie vuelva a elegirnos; la idea de que todos avanzarán mientras nosotras nos quedamos atrás y, otras veces, aparece algo todavía más profundo: una persona que ha construido durante tantos años su identidad alrededor de sus vínculos que ya no sabe muy bien quién es cuando no está siendo novia de alguien.

Por eso el desapego no consiste simplemente en aprender a vivir sin una persona. También implica aprender a volver a vivir con una misma.

Y entonces miro esta imagen y la frase cambia completamente de sentido: -“Al final, la casa era yo” 💙🩵

No significa “no necesito a nadie” (eso sería llevar la idea al extremo contrario. Necesitamos vínculos, afecto, compañía y pertenencia.

Significa descubrir que una pareja puede acompañarte, amarte y construir contigo, pero no debería convertirse en el único lugar donde puedes sentirte a salvo.

Porque quizá una de las experiencias más importantes de la adultez sea descubrir que estar sola no significa haber sido abandonada.
A veces significa que estás regresando a casa 🏡

Y que, después de mucho tiempo buscando dónde quedarte, empiezas a reconocer algo que siempre estuvo ahí:
La casa también eras tú.

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🕰️ Un vínculo no termina cuando dos personas dejan de hablar.Puede pasar semanas, meses o incluso años sin contacto y, a...
05/08/2026

🕰️ Un vínculo no termina cuando dos personas dejan de hablar.

Puede pasar semanas, meses o incluso años sin contacto y, aun así, el otro seguir ocupando un lugar importante en nuestra vida psíquica.

🕊️El verdadero cierre ocurre después.

Ocurre cuando esa persona deja de tener un lugar significativo en nuestro presente. Cuando deja de ser alguien con quien seguimos dialogando internamente y pasa a convertirse en un recuerdo.

Ya no existe en tiempo real.
Existe en la memoria.

Y esa diferencia es enorme, porque el duelo no consiste en olvidar.
Consiste en registrar que el otro dejó de formar parte de nuestra realidad cotidiana y empezó a formar parte de nuestra historia.

Ahí, para mí, empieza el verdadero cierre.

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Hay palabras cuya belleza está a la altura de su significado. Para mí,  es una de ellas.Proviene del griego kátharsis y ...
05/08/2026

Hay palabras cuya belleza está a la altura de su significado. Para mí, es una de ellas.

Proviene del griego kátharsis y suele traducirse como "purificación". Sin embargo, esa traducción apenas insinúa la profundidad del concepto.

La palabra adquirió un lugar central cuando Aristóteles escribió La Poética, una obra en la que intentó responder una pregunta fascinante: ¿por qué una tragedia es capaz de conmovernos tanto?

Aristóteles propuso que la tragedia despertaba emociones intensas —como el temor y la compasión— y que, al atravesarlas, el espectador experimentaba una catarsis.

Siglos después, seguimos utilizando esa palabra cuando hablamos de ciertos procesos terapéuticos. No porque la terapia consista en "desahogarse", sino porque, igual que en la tragedia, algo cambia cuando logramos atravesar una experiencia emocional y darle un nuevo significado.

La tragedia no existía para hacernos sufrir, sino para permitirnos atravesar ese sufrimiento de una manera segura.

Mientras contemplamos la historia de otro, también entramos en contacto con nuestros propios miedos, nuestras culpas, nuestra fragilidad.

Y algo ocurre.
No salimos felices.
Salimos diferentes.

Como si aquello que no habíamos podido nombrar encontrara, por fin, una forma de expresarse.

Por eso siempre me ha parecido curioso el uso cotidiano de la palabra.

Hoy decimos: "Necesitaba hacer catarsis" cuando alguien llora, habla durante horas o se desahoga.

Y, aunque hay algo de cierto en esa idea, la catarsis no consiste únicamente en sacar lo que llevamos dentro.

Si así fuera, bastaría con llorar para quedar transformados.
Y sabemos que no funciona de esa manera.

Hay personas que cuentan la misma historia durante años y el dolor permanece intacto.

Quizá porque la catarsis no ocurre cuando simplemente hablamos.
Ocurre cuando aquello que vivimos adquiere un significado distinto.

Ahí es donde, para mí, la palabra recupera toda su belleza.
Porque no habla sólo de liberar.
Habla de transformar.

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Este domingo inicié Mandíbula, de Mónica Ojeda.Se lee con enorme facilidad. No es una novela que exija.La trama es basta...
04/08/2026

Este domingo inicié Mandíbula, de Mónica Ojeda.

Se lee con enorme facilidad.
No es una novela que exija.

La trama es bastante sencilla: una maestra, un colegio privado, un grupo de adolescentes… y sus ejercicios funambulistas.

Y bueno…
Aquí viene el spoiler 🔺

Hay una mezcla muy evidente entre violencia, deseo y contacto corporal. Las chicas exploran deseos que todavía no pueden nombrar directamente. Así que el cuerpo habla por ellas.

Habla mediante el dolor, el riesgo y la dominación.

Son niñas educadas para sentarse correctamente. Para rezar. Para sonreír con recato, mantenerse limpias y no decir malas palabras.
En público encarnan el ideal de una feminidad ordenada.

Pero, dentro de un edificio abandonado, producen su reverso: cuerpos sucios, húmedos, agresivos, deseantes y peligrosos.

Y entonces aparece una frase:
—Quiero que me guardes en tus mandíbulas.

Entre Annelise y Fernanda existe un vínculo.

Pero es un vínculo que todavía no puede nombrarse como tal, así que aparece traducido al lenguaje que ambas han construido: estrangulamiento, mordida, asfixia, herida y devoración.

No se dicen: “Te deseo”.
Se dicen:
“Quiero que me guardes en tus mandíbulas”.

Esa frase es central porque reúne dos deseos aparentemente contradictorios:
• ser protegida dentro del cuerpo de la otra;
• ser atrapada, consumida y desaparecer dentro de ella.

La mandíbula del cocodrilo es amenaza, pero también refugio.
Y el dato de que los cocodrilos guardan a sus crías en la boca refuerza la ambivalencia: la misma boca capaz de despedazar puede proteger.

Para Annelise, amar parece significar precisamente eso: entregarse a alguien que podría destruirla y confiar en que no lo haga…

O incluso desear que lo haga.

La escena del estrangulamiento está narrada deliberadamente como una escena íntima.

Duermen enlazadas. Unen las narices. Annelise se lo pide “con ternura”. Fernanda acaricia su cuello y observa su placer.

No es únicamente un reto peligroso.

Es una práctica erótica clandestina mediante la cual exploran deseo, poder, entrega y confianza, sin tener que reconocerse como amantes.

Pero hay una diferencia importante entre las dos.

Annelise parece experimentar el dolor y el riesgo como parte constitutiva de su deseo. Fernanda acepta complacerla, aunque no siente exactamente lo mismo.

Ella disfruta de la cercanía, de ser la elegida y, quizá, también del poder. Pero todavía conserva cierta distancia frente a la intensidad de Annelise.

Esa asimetría puede volverse peligrosa:
una empuja continuamente el límite
y la otra cede para no perder el lugar excepcional que ocupa.

Los hematomas fotografiados y publicados añaden otra capa.

Una experiencia privada y secreta se convierte en una imagen consumible: colores, estética y likes.

-La herida se exhibe, pero su significado se oculta.
-Los demás ven un moretón.
-Ellas saben que es la marca de su intimidad.
-Después lo cubren con el “maquillaje de mamá”: toman una herramienta del mundo materno y normativo para borrar las señales del deseo que ese mismo mundo no podría tolerar.

Y entonces la novela conecta, explícitamente, sexualidad, maternidad y canibalismo.

▪️“El amor empieza con una mordida y un dejarse morder”.

El amor queda definido como una relación en la que alguien se alimenta de otro… y el otro consiente en ser alimento.

La lactancia es el ejemplo originario: el bebé muerde, succiona, extrae del cuerpo materno y sobrevive gracias a él.

La madre nutre.
Pero también puede sentirse agotada, herida o devorada por ese amor.

Ojeda convierte esa dependencia inicial en horror: el bebé termina comiéndose a la madre porque, llevado al extremo, el amor fusional no reconoce que existen dos personas separadas.

Por eso la frase final es todavía más fuerte:
“Todos hemos mordido a nuestras madres. Todos hemos comido de nuestras madres”.

No habla solamente en sentido literal de la lactancia.
Habla de que el primer amor de todos es corporal, voraz y posesivo.

Antes de aprender a querer a alguien como alguien separado, lo necesitamos como si fuera parte de nosotros.

Annelise traslada esa lógica materno-infantil a Fernanda.

No quiere simplemente estar con ella.
Quiere regresar a su interior.
Ser guardada por ella.
Desaparecer dentro de su cuerpo.

▪️El sueño del cocodrilo penetrándola “como un hijo que retorna al charco de su origen” mezcla nacimiento, sexualidad y muerte.

No hay fronteras limpias.

Entrar en otro cuerpo puede significar ser concebida, ser deseada, ser protegida…
o ser aniquilada.

Miss Clara…
Ella merece otro post.

En estas páginas se consolida una idea muy oscura de la novela:
el monstruo no es lo opuesto al amor.

Puede nacer de un amor que no tolera distancia, diferencia ni separación.

Annelise no parece querer que Fernanda la ame desde afuera.
Quiere vivir dentro de ella.

Y para entrar completamente en alguien…
primero hay que romperle la piel.

Hay personas que visitan tu pasado más que tú.No necesariamente porque quieran lastimarte. A veces porque esa es la vers...
31/07/2026

Hay personas que visitan tu pasado más que tú.

No necesariamente porque quieran lastimarte.
A veces porque esa es la versión de ti que mejor conocen.

Quizá siguen viéndote como la persona insegura que necesitaba aprobación.

▪️O como quien siempre complacía a todos.
▪️Quizá continúan tratándote como el adolescente impulsivo que reaccionaba con enojo.
▪️O como la pareja controladora que desconfiaba de todo.
▪️Como la hija que nunca decía lo que pensaba.
▪️Como el hombre que evitaba cualquier responsabilidad.
▪️Como la mujer que siempre terminaba rescatando a los demás.

Todos construimos una representación de quienes nos rodean.
El problema aparece cuando esa representación deja de actualizarse.

Hay personas que cambian profundamente y, aun así, siguen siendo leídas desde una versión antigua de sí mismas; y también hay quienes creen haber cambiado, pero todavía actúan desde los mismos patrones de siempre.

La diferencia no está en lo que uno afirma sobre sí mismo.
Está en la distancia entre la persona que fuiste y la que eres capaz de sostener hoy.

Por eso la imagen me parece tan interesante.

No habla solamente del pasado, habla de la identidad.
De esa tensión entre cómo te ves, cómo te recuerdas y cómo los demás continúan viéndote.

Porque todos tenemos una historia.
Pero ninguno debería quedar condenado a ser únicamente la peor —o la mejor— versión de sí mismo.

La pregunta incisiva sería:

¿Las personas que te rodean conocen quién eres hoy... o siguen relacionándose con alguien que ya no existe?

Y, más importante aún, ¿tú ya conoces quién eres hoy o todavía te defines por alguien que fuiste hace años?

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Si esta imagen la trajera un paciente al consultorio, probablemente no hablaríamos primero de sus sueños, hablaríamos de...
31/07/2026

Si esta imagen la trajera un paciente al consultorio, probablemente no hablaríamos primero de sus sueños, hablaríamos de por qué permanece acostado mirándolos pasar.

Hay personas que convierten el pensamiento en sustituto de la acción.

•Analizan durante meses.
•Planean durante años.
•Esperan "el momento correcto".

Mientras tanto, imaginar la vida que quieren duele menos que exponerse a la posibilidad de no conseguirla. Este deseo permanece seguro mientras no se pone a prueba.

La frase de la imagen dice: "Tus sueños están en una jaula, la llave son tus acciones". Pero yo haría una pequeña corrección.

Muchas veces la llave no son las acciones, la llave es aquello que impide actuar.

Porque una vez que identificaste qué miedo protege tu inmovilidad, la acción deja de sentirse como una obligación y empieza a convertirse en una consecuencia natural.

La mayoría de las personas no necesitan más motivación, necesitan comprender qué están defendiendo cada vez que postergan la vida que dicen querer.

La pregunta sería:

¿Qué parte de tu vida seguiría exactamente igual si mañana dejaras de tener miedo?

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