04/08/2026
Este domingo inicié Mandíbula, de Mónica Ojeda.
Se lee con enorme facilidad.
No es una novela que exija.
La trama es bastante sencilla: una maestra, un colegio privado, un grupo de adolescentes… y sus ejercicios funambulistas.
Y bueno…
Aquí viene el spoiler 🔺
Hay una mezcla muy evidente entre violencia, deseo y contacto corporal. Las chicas exploran deseos que todavía no pueden nombrar directamente. Así que el cuerpo habla por ellas.
Habla mediante el dolor, el riesgo y la dominación.
Son niñas educadas para sentarse correctamente. Para rezar. Para sonreír con recato, mantenerse limpias y no decir malas palabras.
En público encarnan el ideal de una feminidad ordenada.
Pero, dentro de un edificio abandonado, producen su reverso: cuerpos sucios, húmedos, agresivos, deseantes y peligrosos.
Y entonces aparece una frase:
—Quiero que me guardes en tus mandíbulas.
Entre Annelise y Fernanda existe un vínculo.
Pero es un vínculo que todavía no puede nombrarse como tal, así que aparece traducido al lenguaje que ambas han construido: estrangulamiento, mordida, asfixia, herida y devoración.
No se dicen: “Te deseo”.
Se dicen:
“Quiero que me guardes en tus mandíbulas”.
Esa frase es central porque reúne dos deseos aparentemente contradictorios:
• ser protegida dentro del cuerpo de la otra;
• ser atrapada, consumida y desaparecer dentro de ella.
La mandíbula del cocodrilo es amenaza, pero también refugio.
Y el dato de que los cocodrilos guardan a sus crías en la boca refuerza la ambivalencia: la misma boca capaz de despedazar puede proteger.
Para Annelise, amar parece significar precisamente eso: entregarse a alguien que podría destruirla y confiar en que no lo haga…
O incluso desear que lo haga.
La escena del estrangulamiento está narrada deliberadamente como una escena íntima.
Duermen enlazadas. Unen las narices. Annelise se lo pide “con ternura”. Fernanda acaricia su cuello y observa su placer.
No es únicamente un reto peligroso.
Es una práctica erótica clandestina mediante la cual exploran deseo, poder, entrega y confianza, sin tener que reconocerse como amantes.
Pero hay una diferencia importante entre las dos.
Annelise parece experimentar el dolor y el riesgo como parte constitutiva de su deseo. Fernanda acepta complacerla, aunque no siente exactamente lo mismo.
Ella disfruta de la cercanía, de ser la elegida y, quizá, también del poder. Pero todavía conserva cierta distancia frente a la intensidad de Annelise.
Esa asimetría puede volverse peligrosa:
una empuja continuamente el límite
y la otra cede para no perder el lugar excepcional que ocupa.
Los hematomas fotografiados y publicados añaden otra capa.
Una experiencia privada y secreta se convierte en una imagen consumible: colores, estética y likes.
-La herida se exhibe, pero su significado se oculta.
-Los demás ven un moretón.
-Ellas saben que es la marca de su intimidad.
-Después lo cubren con el “maquillaje de mamá”: toman una herramienta del mundo materno y normativo para borrar las señales del deseo que ese mismo mundo no podría tolerar.
Y entonces la novela conecta, explícitamente, sexualidad, maternidad y canibalismo.
▪️“El amor empieza con una mordida y un dejarse morder”.
El amor queda definido como una relación en la que alguien se alimenta de otro… y el otro consiente en ser alimento.
La lactancia es el ejemplo originario: el bebé muerde, succiona, extrae del cuerpo materno y sobrevive gracias a él.
La madre nutre.
Pero también puede sentirse agotada, herida o devorada por ese amor.
Ojeda convierte esa dependencia inicial en horror: el bebé termina comiéndose a la madre porque, llevado al extremo, el amor fusional no reconoce que existen dos personas separadas.
Por eso la frase final es todavía más fuerte:
“Todos hemos mordido a nuestras madres. Todos hemos comido de nuestras madres”.
No habla solamente en sentido literal de la lactancia.
Habla de que el primer amor de todos es corporal, voraz y posesivo.
Antes de aprender a querer a alguien como alguien separado, lo necesitamos como si fuera parte de nosotros.
Annelise traslada esa lógica materno-infantil a Fernanda.
No quiere simplemente estar con ella.
Quiere regresar a su interior.
Ser guardada por ella.
Desaparecer dentro de su cuerpo.
▪️El sueño del cocodrilo penetrándola “como un hijo que retorna al charco de su origen” mezcla nacimiento, sexualidad y muerte.
No hay fronteras limpias.
Entrar en otro cuerpo puede significar ser concebida, ser deseada, ser protegida…
o ser aniquilada.
Miss Clara…
Ella merece otro post.
En estas páginas se consolida una idea muy oscura de la novela:
el monstruo no es lo opuesto al amor.
Puede nacer de un amor que no tolera distancia, diferencia ni separación.
Annelise no parece querer que Fernanda la ame desde afuera.
Quiere vivir dentro de ella.
Y para entrar completamente en alguien…
primero hay que romperle la piel.