10/02/2026
Ya nada parece igual desde que saliste por esa puerta.
Y lo agradezco.
Después de tanto llanto, tristeza y golpes al ego, la calma se ha instalado dentro del corazón medio engrapada, medio cayendo por momentos.
Y es que tantos años juntos vida mía, han significado retratos sobre los muebles, viajes impresos en la memoria, jarrones llenos de flores, detalles bajo las sábanas y mirar al mundo desde tus mismos ojos.
Pero al mismo tiempo, hicieron cambiara el ánimo de moverse y salir de este espacio de confort, en donde no se llegaba a algún lado. En dónde la rutina se había instalado congelando los momentos entre nosotros, haciendo helados los días juntos.
Nuestra historia pasó de amorosa, a tórrida y rutinaria.
Nada nuevo en ella, salvo la sorpresa de un tercero en discordia.
No tenía caso seguir así, mejor dar media vuelta y continuar cada quien por su camino.
Debo decir que las heridas al principio dolían y sangraban un poco, pero ahora han cicatrizado y reflejan que se puede seguir sin lastimarse, que la vida siempre regala nuevos mañanas y que con la madurez ganada a través de este proceso, puedo voltear hacia atrás ya sin que duela, agradeciéndote sinceramente el formar parte de mi vida.
Hoy las flores las pone otro, la llave de la puerta se guarda en otro bolsillo y hay nuevas fotos en cada portarretrato.
Mirarnos a los ojos ya no duele, nos unen la herencia que en cada cicatriz dejamos. Podemos charlar de mutuos recuerdos, reírnos y aceptar que se puede seguir siendo amigos.
Aceptar que la vida sigue con o sin nosotros juntos. Que se respira, se actúa y se sigue adelante sin ocuparte en mis días.
La rueda de la fortuna se ha detenido, me toca estar arriba; me permito sin ti, ser feliz conmigo.
Hoy la vida, es solo mía...
Marta Tanatóloga